FRANCISCO OZAMIS

FRANCISCO OZAMIS

Guernica, la villa célebre y venerada en todo el señorío de Vizcaya, vio nacer a nuestro Padre el día 2 de abril de 1874, siendo sus padres Domingo Ozámis y Fidela Corta, los cuales supieron dar a sus hijos educación a la española. Descollaba entre ellos por su docilidad el niño Francisco, que luego sintió en su corazón impulsos que no eran del mundo, sentimientos que lo distanciaban de sus compañeros, ideas, en una palabra, de entrar a formar parte de nuestra amada Congregación, que muy cerca de Guernica había colocado un plantel de futuros misioneros.

En 1884 habían llegado a la villa de Valmageda los primeros misioneros de nuestra Congregación, y, viendo el terreno bien preparado para la recolección de vocaciones en aquellas provincias, hechas algunas pocas modificaciones en la casa, dos años después comenzaron a admitir niños, formando de este modo el cuarto postulantado, de tanto provecho para nuestro Instituto.

Entre los primeros niños que fueron a cobijarse a la sombra bendita del estandarte del Corazón de María en Valmaseda, debemos contar a nuestro biografiado. Allí comenzó, bajo la dirección espiritual del maestro P. Pablo Franqués, el aprendizaje de misionero el que con el andar de los años tanta gloria había de dar a la Congregación en el Brasil. Terminado el estudio del latín, pasó a cursar retórica en el postulantado de Alagón, y en agosto de 1889 seguía con su curso a Cervera, para practicar su año de probación, teniendo por maestro de novicios al inolvidable P. Antonio Sánchez, que tan admirablemente sabía moldearlos en el troquel de nuestras santas Reglas. Finalmente, emitió sus votos perpetuos e hizo juramento de fidelidad el día 15 de agosto de 1890 en manos del P. José Xifré, de santa recordación.

Recibió la orden sagrada del presbiterado el 14 de agosto de 1898. Su primer destino fue nuestra casa de Valmaseda, en donde se hacía gario un predicador que se habilítase para hablar en vascuense. Pero otros muy distintos eran log designios de Dios. De las misiones del Brasil, fundadas en 1895, pedían operarios para la creación de otros Centros desde donde pudiesen irradiar su acción misionera, y el superior provincial, muy reverendo P. Isaac Burgos, puso los ojos en nuestro biografiado, que no presentó la menor dificultad, a pesar de trastornar todos sus trabajos, hechos en castellano.

Y al Brasil llegaba el 24 de junio de 1900 en compañía del mismo Padre Provincial. Con los bríos de un joven de veinticinco abriles, se entregó al estudio de la lengua portuguesa, bastante más difícil de lo que generalmente se cree en España, y llegó a señorearse de ella de tal modo, que sus escritos no aparecen resabiados de hispanismos, ni en la pronunciación notaban los naturales el dejo de extranjero que a los demás nos denuncia.

Con dos meses de permanencia en el Brasil, fue destinado a la nueva fundación de Pouso Alegre, en donde todo estaba por hacer para la Congregación, pues sólo contaba con la buena voluntad del Prelado.

Desde Campinas atendía a ruegos de muchas diócesis del Brasil, que reclamaban sus servicios de predicación, ora en novenarios con conferencias científico-religiosas, ora en bien elaborados panegíricos, ya en estudiados ejercicios al clero y órdenes religiosas, ya en discursos en congresos varios, donde era reclamada su colaboración como hombre de ciencia.

Cesó en gran parte tanta actividad al ser trasladado a Bello Horizonte. Aquí, como siempre, se reveló hombre de carácter, religioso humilde y observante, que obraba por miras superiores, por ser divinas. Dedicóse con más ahínco a la prensa y a la enseñanza, ya que por excepcionales circunstancias escaseaban las peticiones de predicación en dicha casa.

Pasado este sexenio, fue nombrado superior de nuestra casa de Río de Janeiro y párroco de ‘la feligresía que allí tenemos a nuestro cargo.

Santamente ocupado se hallaba nuestro P. Ozamis en las múltiples obligaciones de sus cargos, cuando fue llamado por la Nunciatura para hacerse cargo de otra misión más importante.

Efectivamente, la Santa Sede propuso a nuestros Superiores mayores que fuese admitida una misión en los vastos territorios del Brasil que por falta de clero no han sido roturadas para el catolicismo, mientras se van infestando por las sectas protestantes. Admitida la propuesta, la Nunciatura nos marcó una grande extensión de terreno en el estado o provincia de Goyas, constituyendo la sede en San José de Tocantins. Dadas las estrechas relaciones de nuestro biografiado con la Nunciatura, no es extraño que, al tratar de nombrar el respectivo prelado, pusiese ella los ojos, para indicarlo al Gobierno General y a la Santa Sede, en el P. Ozamis. Y así fue.

El día 4 de mayo de 1927 partían de San Pablo los individuos que habían de completar las primeras comunidades de la Prelatura. Todos ellos llevan largos años en el Brasil y han trabajado con celo verdaderamente apostólico por la salvación de las almas: son los PP. Teófilo Cuinda, Superior; Enrique Monné, José Martí y el Hno. Francisco Jiménez.

El Excelentísimo P. Francisco Ozámis, con celo incansable empezó desde su llegada a recorrer los poblados para atender con toda solicitud pastoral a sus necesidades espirituales y aun materiales. En pocos meses salió tres veces de visita pastoral a las diversas haciendas y poblaciones de la parroquia de San José, acompañado de su buen párroco.

A los pocos días de haber tomado posesión el Ilustrísimo P. Ozamis de la Prelatura de San José de Tocantins, el 24 de agosto de 1926, se le comunicaba de parte de la Congregación consistorial su elección para administrador de la Prelatura de Bananal. Al propio tiempo que de Tocantins..

Para conocer de vista a sus diocesanos, comenzó a recorrer todas sus parroquias, sus capillas y aún sus ranchos. No consideró bastante que sus bríos habían mermado con la edad, ni imaginó la molestia y el cansancio que resulta de viajar días y días mal comido, peor dormido y, en general, muy mal acomodado. En dos meses recorrió doscientas cuarenta leguas en el ejercicio de su nuevo ministerio. Ello es que en la penúltima capilla por él visitada le dio un vahído, del cual se recobró pronto; pero le hizo ver que sus fuerzas iban decayendo. Para tratar, pues, de su salud y de negocios de la misión, volvió a San Pablo el 14 de octubre de 1927.

Sometióse a repetidos exámenes de médicos especialistas del Río de Janeiro y de San Paulo; pero los vahídos continuaban siempre.

El día 30 de marzo, al salir del confesionario, le dio un síncope, que le dejó sin sentido durante hora y media. Siguiendo la opinión de algunos médicos, que daban como causa de estos vahídos alguna lesión cerebral, se sometió a la delicadísima operación de la trepanación, cuyas consecuencias fueron fatales: desde este día no pudo dar un paso por sus pies, y hasta a intervalos perdía la noción de las cosas y personas a él familiares. Así vivió sufriendo, hasta que el día 26 de noviembre de 1929 entregó su espíritu en las manos del Creador, confortado con los auxilios de la Religión y rodeado de sus hermanos de Congregación.

JULIAN CANTUER, C. M. F.

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