FUROR POR LA MÚSICA

Claret restaurador de la música en El Monasterio de El Escorial

“El contemporáneo de Claret, D. José Benito Marugán, aseguró en un escrito, que, en 1865, entre los estudiantes, y aún entre los profesores de El Escorial, había furor por la música[1].

El año 1861 el P. Claret publicaba en la Imprenta Aguado de Madrid un libro titulado “Arte de Canto Eclesiástico, para uso de los seminarios”. Se trataba de una más de las múltiples iniciativas que el P. Claret, entonces presidente del Monasterio de El Escorial desde 1859, echaba a andar por propia iniciativa.

            Las primeras noticias que tenemos de su interés por la música se remontan a su época de misionero por Cataluña. Solía reunir a los fieles en la Iglesia o en la plaza y les enseñaba bellas tonadas de sabor campestre, sazonadas de unción religiosa[2].

Y refiriéndonos a su época de arzobispo de Cuba sabemos que tuvo que intervenir sobre el tema de la dignidad del canto litúrgico en la catedral de Santiago debido al abandono en que se encontraba la liturgia en general. Y lo hizo con dos disposiciones que fueron suficientes. En primer lugar, haciendo desaparecer el antiguo repertorio musical y consiguiendo obras nuevas, más conformes con el espíritu de la Liturgia. Y en segundo lugar obligando a todos los cantores, beneficiados y Canónigos de la Catedral a asistir a los ensayos de música. Además, dice en la Autobiografía, “se arregló una Capilla muy bien montada y muy bien dotada; hacía venir de la Península buenos músicos y organistas y se hacían unas funciones lucidísimas[3]. Podemos verificarlo a tenor de la carta de D. Santiago Masarnau, D. Hilarión Eslava y D. Román Gimeno dando cuenta de las oposiciones solicitadas por el P. Claret para Maestro de Capilla y Primer Organista de la catedral de Santiago de Cuba, para los que fueron elegidos respectivamente el P. Antonio Bardalonga y D. Luis Metón[4]. También escribió para el seminario un librito que tituló: “Modificaciones de los Estatutos del Seminario Tridentino de Cuba”[5] en el que ordenaba tres clases semanales de música con texto de Vila. A esto añadió una disposición en la que se señalaba una misa cantada todos los sábados, y por la noche la Salve y Letanías, cantadas también; Vísperas en las fiestas de dos cruces y una misa de difuntos cada mes, ya para sufragio, ya para que se ejercitasen en el canto los seminaristas[6]. El P. Claret publicó también una colección de letras destinadas al canto del pueblo, anteponiendo unas cuantas advertencias: “Los cánticos, sencillos, llenos de doctrina y cantados con un tono fácil y piadoso, son a la verdad un medio muy poderoso de instrucción y edificación… El tono de los cánticos debe ser sencillo a fin de ser más piadoso y popular. Se deben repetir los mismos cánticos a fin de que queden impresos en la memoria y no se olviden jamás ni la letra ni el tono. Se ha de procurar que todos canten y a la vez, sin anticiparse ni atrasarse[7].

El Sr. Carbonero y Sol en el periódico La Cruz escribió a principios de 1857 un artículo en que ensalzaba los progresos del catolicismo en Cuba, gracias a su arzobispo. Y comentaba, entre otras cosas: “A la conclusión de cada templo lo dotaba de ricos y preciosos ornamentos, de preciosos vasos sagrados y para que el culto se haga con la extensión debida, ha colocado en cada uno órganos mandados llevar de Europa, siendo cuarenta el número de los colocados hasta la fecha, estando otros en vías de construcción”.

            Pero vayamos a su época de presidente del Monasterio de El Escorial. Se afirma con frecuencia que la capilla del Monasterio se mantuvo en decadencia desde la marcha de los jerónimos en 1837 hasta la llegada de los agustinos en 1885, “pero lo cierto es que sufrió una intensa revitalización desde 1859, con la presidencia del padre Claret de la Corporación de Capellanes que se hace cargo del Monasterio aquel año”[8]. El mismo Claret escribe “La primera vez que yo fui allá (El Escorial) sólo hallé dos monjes, el P. Jerónimo Pagés y el P. Francisco Manzano, y tres muchachos que los ayudaban a cantar las misas y a rezar las horas menores”.[9] Sigue diciendo Leticia Sánchez de Andrés: “El interés de Claret por la música, su actividad en favor de la renovación del canto litúrgico y de la participación de los fieles en la liturgia cantada, su divulgación y fomento de la práctica coral entre las clases populares, con una clara intencionalidad moralista, y su labor para introducir el estudio y la práctica del canto llano en los seminarios es bien conocida[10] y forma parte de un movimiento de reforma de la música religiosa y de promoción de las asociaciones corales muy característico de la segunda mitad del siglo XIX[11].

En aquella época los Capellanes eran escasos y no estaban educados en el arte del canto y la música. No bastaban para las solemnidades del culto, por lo que se hacían ayudar por los seminaristas y el coro de tiples[12]. No obstante, los capellanes que no eran catedráticos tenían la obligación de asistir a conferencias de Canto, entre otras[13]. Tanto la música vocal como la instrumental eran parte del plan formativo del Seminario de El Escorial. Hasta entonces se usaba un método tradicional de canto que resultaba muy difícil para poder abarcar un repertorio amplio. Eso llevaba en los seminarios a que apenas se cantase. Esto le empujó a Claret a escribir un libro que respondiera a esta necesidad. Con el P. Rementería[14] para la parte musical, y teniendo en cuenta el Archivo de Música de El Escorial[15], compuso en 1861, como ya dijimos al principio, el librito “Arte de Canto Eclesiástico para Uso de Seminarios”, al que seguiría en 1863 una segunda edición con el título “Arte de Canto Eclesiástico y Cantoral para Uso de los Seminarios”[16]. Esta obra consta de dos partes. La primera, con cuatro secciones, que trata del origen del canto, del método nuevo, de la música eclesiástica, de los signos musicales y del conocimiento de los tonos. La segunda parte se centra en el control que abarca el oficio divino, la Misa, las procesiones, la Semana Santa y los entierros. De este libro, que costaba 14 reales, se regalaron diez ejemplares a cada seminario de España.[17] En el nuevo método sólo se utilizaba la clave de Fa en cuarta línea y no se usaba el transporte musical, ni aparecían las alteraciones musicales en la armadura de la clave, sino a lo largo de la composición, y solo aparecían tres figuras. A pesar de ello todos los seminaristas con este método podían cantar los 218 libros de coro antiguos del Monasterio sin aprender el método tradicional. A ello ayudaba el que cantaban con frecuencia la misa y el oficio divino[18]. Decía Claret: “Este método ha gustado muchísimo… Los muchachos lo aprenden tan fácilmente, que a no haberlo oído, me parecería increíble; ahora he estado en El Escorial a dar el retiro espiritual y he oído que los muchachos que entraron por octubre ya cantan admirablemente, con dos lecciones semanales que les dan[19]. Este librito lo concibió Claret como un tercer volumen de El Colegial Instruido[20]. Tanto en la Introducción de este librito como en el apartado sobre “Canto Eclesiástico” del libro “Miscelánea Interesante”, podemos captar el interés y las orientaciones prácticas de Claret en el tema musical[21].

Refiriéndose a esta obra y al gusto del P. Claret por el canto llano y la música religiosa, dice el ilustre D. José Fernández Montaña, secretario de cámara y gobierno del arzobispado de Toledo, “a imitación de San Gregorio Magno, de San León, de San Isidoro de Sevilla, de Alcuino y de otros doctores y varones señalados de la Iglesia, fue el excelentísimo señor arzobispo Claret sumamente amigo de la música religiosa y del canto firme o eclesiástico, cuyo arte recomendaba con mucho afán a todo sacerdote y especialmente a los seminaristas de El Escorial[22]. Claret animó a los obispos a implantar en los seminarios este libro, y lo hizo con estas palabras: “Sólo deseo que los Señores Obispos lo manden enseñar y no escuchen al maestro de canto, que con sus rutinas y holgazanerías impida a los seminaristas el canto que tienen obligación de saber[23]. Este mismo sacerdote se extendía en el Proceso de la Causa de Beatificación el año 1888: “El V.P. Claret ardía en celo por la gloria de Dios, y ese fuego santo que tenía encendido en el pecho le convertía en amante de la música sagrada; y siendo como elemento muy principal del culto santo, la procuraba grave y digna para el templo, la casa de Dios. En las temporadas largas que pasaba en el Monasterio de El Escorial con mucha frecuencia estimulaba al director (el mismo P. Montaña) del canto eclesiástico que ensayase debidamente a los seminaristas y cantores para que el coro estuviese siempre muy unido en las voces y con armonía y severidad, resultando de todo ello decoro y esplendor en el culto”. 

Otra de las iniciativas de Claret fue la creación de los “seises o coro de tiples”, con los que se cultivaba la música religiosa vocal e instrumental, siendo lo fundamental de su educación pero no lo único, de tal modo que el latín también era una de sus asignaturas para saber interpretar bien los textos cantados. Este coro estaba formado por niños de ocho a diez años con ciertas condiciones. Habitaban los aposentos de niños de coro y tenían preferencia en las becas de gracia, ya que la pensión costaba 5 reales por día[24]. A los más pobres se les daba 30 reales. Una vez cumplida la edad diez u once años podían pasar a seminaristas si querían y se les consideraba idóneos[25]. Normalmente los tiples cantaban diariamente en la misa de cinco menos cuarto de la mañana y los seminaristas en la de siete. Y se cantaban todas las horas del oficio[26]. Los domingos tenían los seminaristas la clase de canto antes de vísperas. D. Cosme José de Benito en el prólogo al archivo musical llegó a señalar 30 tiples.

Coro de Seises

Una iniciativa más de Claret en lo que se refiere al tema musical fue la de la restauración de órganos[27]: “He mandado componer un órgano nuevo con nueve registros para la capilla del Colegio. He mandado componer un órgano llamado de prima, y además otros tres pequeños y portables… En el colegio se han comprado cinco pianos y un armonium para estudiar[28]. Además de los órganos nos consta que se compraron arpas, papel de música y cantorales[29].

Para llevar a cabo toda esta verdadera revolución en la música del Monasterio el P. Claret se rodeó, como era su costumbre en todas sus actividades, de las personas más competentes que tenía a mano. Los directores de Coro y los Maestros de Canto Llano cobraban 1.500 reales cada uno y los Estudiantes Maestros de canto llano 1.000. Éstos eran dos, uno enseñaba a los principiantes y otro a los adelantados. Se colocaban uno en una parte y el otro en la otra del coro. Vigilaban la asistencia de los estudiantes y si Sacerdotes y estudiantes cantaban bien[30]. He aquí algunos nombres: D. Cosme José de Benito[31] y el P. Fernández Montaña[32] como maestros de música; Juan Suárez Dóriga[33] como especialista en el canto de las “Cantigas de Santa María”; José Antillac, como gran sochantre y muy entendido en el canto llano; José Sorribes[34], como organista y pianista, que tocaba además el violín y el violoncelo; y D. José Benito Marugán como organista[35]. Con ellos consiguió una etapa de relativo esplendor para la música y de éxitos y reconocimiento, especialmente gracias a D. Cosme José de Benito.

Si el tema del canto fue satisfactorio no parece que fuera lo mismo en lo que se refiere al dominio de los instrumentos. Quizá porque el P. Claret daba la primacía al instrumento de la voz humana: “No hay duda de que es el Canto un lenguaje peculiar y digno del hombre, idioma especial que le conviene; él toma las vueltas, altos bajos y expresiones de la pasión, afectos y sentimientos de quien canta. … El tono que sale de un instrumento inanimado puede divertir y embelesar por algunos instantes el oído, pero el tono que forma la voz humana no puede estar jamás desamparado de sentido y significación. Dos ventajas producen el canto, del mayor interés, capaces una y otra de ponernos a la vista el mérito de la voz humana: es la primera de poder hablar con Dios, y la segunda la de añadir a la dulzura del canto la utilidad de la significación”[36]. D. José Benito Marugán comenta: “Como los estudiantes en el seminario en horas de divertimento y recreo aprendiesen a tocar alguno o varios instrumentos de música, una vez, a los principios, D. Cosme José de Benito, que era maestro de música y organista, con el fin de dar una grata sorpresa al V. P. Claret haciéndole ver por vía de hecho los progresos que en el uso de los instrumentos habían hecho los seminaristas, hizo tocar la orquesta del seminario para recibir al Excmo. Sr. Presidente del Escorial. Con este objeto les compuso un Vals que apellidó el “Bosquecillo”, aludiendo a la parte de la posesión que lleva ese nombre”.[37]. En general la música instrumental se empleaba para las fiestas cívicas, académicas y recreativas[38].

En esta misma época comunicaba al P. Xifré sus intenciones de publicar los cantos de misión pensando precisamente en sus Misioneros: “Estoy en relaciones con el S. Juan Villella Pbro. y Maestro de Canto del Seminario de Solsona, a fin de poner en solfa las letrillas que se cantan en las misiones. Hoy me dice que los versos son los que están en “El Ancora de Salvación” del P. Mach, y en la “Norma de Vida Cristiana” de idem. Aquí va su carta. Quisiera que fuesen a gusto de V. pues que yo más lo hago para nuestros Misioneros que por otro[39]. Con el tiempo publicó el librito: “Cánticos espirituales para cantar en las Misiones”[40].

No olvidamos que también en su iglesia de Montserrat en Madrid, de la cual era el Rector, promovió el canto. Y nos consta que hizo colocar en ella un gran órgano[41].

En sus “Constitutiones Iuventutis”[42], en su “Miscelánea Interesante”, en el Capítulo General de los Misioneros de 1864, etc. se encuentran repetidas ideas como ésta: “Tendrán todos los días media hora de canto coral, de lo que no se eximirá a nadie. Una vez esto aprendido se tendrán ejercicios de canto figurado y de música instrumental según las disposiciones de los alumnos”[43]. En lo que se refiere a la polifonía sabemos que el P. Claret daba preferencia a la música de la Escuela Española de siglo XVI[44].

No podemos olvidar la gran iniciativa religioso-cultural que fue la Academia de San Miguel. A la hora de ubicar la jerarquía de la Música, lo hace, junto con la Escultura y la Pintura, en la segunda Jerarquía[45]. Y comentaba: “La música: aquel culto de ciertos temperamentos hacia los tonos y la armonía en general; aquella especie de intuición divina encarnada en todos los corazones profundamente sensibles, y como sensibles, tiernos, dulces y cariñosos. Por tanto los músicos y cantores sabios y piadosos podrán tener lugar en esta jerarquía, absteniéndose de composiciones, cánticos y tocatas impías o inmorales, ocupándose únicamente en las de buen gusto, piedad y religión[46].

Con la revolución de septiembre de 1868 acabó esta gloriosa etapa. La del Monasterio de El Escorial sustituyendo a la Corporación de Capellanes la orden de los Escolapios. Suprimida la Corporación, también desapareció la numerosa Capilla de música y la Escolanía. De las demás iniciativas, algunas se perdieron, otras quedan en la tradición religiosa del siglo XIX y otras se fueron transformando en nuevos modos de promoción de la música sagrada de manos de los Misioneros Claretianos. Baste recordar la “Escuela Superior de Música Sagrada” y sus revistas “Tesoro Sacro Musical” y “Melodías”. Por no hablar de personalidades de relieve en el panorama de la música sagrada española, algunos de la categoría del P. Luis Iruarrízaga.

Comenzamos hablando del “furor de la música”. Hoy quizá se ha perdido algo de aquel furor, pero todavía quedan rescoldos capaces de reavivarse, porque la música está hecha para hablar con Dios, y sin ella reinaría el silencio, el peor enemigo de los “servidores de la Palabra” al estilo de Claret.

Vicente Sanz, CMF


[1] Leyva, P.M.: “Historia Documentada de la Escuela Superior de Música Sagrada de los Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María”. Trabajo de investigación, 2002. Biblioteca Real Conservatorio de Música de Madrid.

[2] Iruarrízaga, L.: “El Venerable P. Claret, Apóstol de la música religiosa”, Tesoro Sacro Musical, febrero 1926, pg. 83.

[3] Claret, A.M.: “Autobiografía” nº 552. Ver Bonilla, C.: “El Beato P. Claret y el Canto Litúrgico”, Revista Inmaculado Corazón de María 1934, pp. 121-122.

[4] Claret, A.M.: “Epistolario Pasivo” volumen I, pp. 288-291.

[5] Barcelona 1854.

[6] Ver Postíus, J.: “El P. Claret y el Canto Eclesiástico”. Iris de Paz, 1928, pg. 945.

[7] Claret, A.M.: “Colección de Opúsculos”, Tomo IV, Barcelona 1860. pg. 123.

[8] Sánchez de Andrés, L.: “Cosme José de Benito, maestro de la Real Capilla de El Escorial”, El Escorial. Pg. 1251.

[9] Claret, A.M.: “Miscelánea Interesante”, Madrid 1865, pg. 116.

[10] Martínez, R.: “Claret y Clará, Antonio María”, en Diccionario de la música española e hispanoamericana”, Madrid 1999-2002, vol. III, pp. 729-730.

[11] Sánchez de Andrés, L.: “Cosme José de Benito, maestro de la Real Capilla de El Escorial”, El Escorial. Pg. 1151. Ver: Nagore, M.: “La revolución coral”, Madrid 2001. Y de la misma autora: “Tradición y renovación movimiento de reforma de la música religiosa anterior al Motu Proprio”, en Revista de Musicología, XXVII (1), (2004) 211-235.

[12] Fernández, C.: “El Padre Claret restaurador de las empresas filipinas escurialenses”, en Monasterio de San Lorenzo de El Escorial. San Lorenzo de El Escorial 1964, p. 541.

[13] Beato II pp. 121-124. Podemos ver cómo valoraba la calidad del canto en el coro. Ver Currius, “Epistolario” (mecanografiado), Vol. III, folio 1058.

[14] Fray Salvador María de Rementería, Maestro de Canto del Seminario de Solsona. Ver nota 9 del “Epistolario” volumen II, pg. 738. En el Capítulo II del “Arte de Canto”  indica como inspiradores del libro también a D. Jaime Vila, D. Miguel Masramón y D. Benito Andreu.

[15] Ver Martínez, L.: “El Venerable Claret, restaurador. El Escorial”, Tesoro Sacro Musical, abril 1925, pg. 99.

[16] Algún escritor catalán afirma que parece que este libro es del P. Guzmán, monje de Montserrat, aunque lleva el nombre del P. Claret. Ver Bonilla C.: o.p. Ver también Noguer, J.: “El Beato P. Claret y el Canto Religioso Popular”, Tesoro Sacro Musical, marzo 1934, pg. 21.

[17] Gutiérrez F.: “El P. Claret en el periódico La Esperanza”, pg. 307. También a sus misioneros: ver Carta a Xifré en el “Epistolario Claretiano” volumen II, pg. 725.

[18] Espinosa, José Miguel: “El Seminario de El Escorial en tiempos de San Antonio María Claret”. pp. 151-153.

[19] “Epistolario Claretiano” volumen II, pg. 748.

[20] Carta a la Madre Antonia París en “Epistolario Claretiano” volumen II, pg. 453.

[21] Claret, A.M.: “Miscelánea Interesante”, Barcelona 1865, pg. 169. Ver lo mismo en “Apuntes para el Régimen de la Diócesis”, Madrid 1865, pg. 251.

[22] Carta del 8 de septiembre de 1880. Ver Clotet, J.: “Vida edificante de San Antonio María Claret”, pg. 681.

[23] Cfr. Viela, J.A.: “El Bto. Claret Apóstol de la Música Sagrada en el siglo XIX”, Tesoro Sacro Musical, agosto 1934, pp. 83-87.

[24] Gutiérrez, F.: “El P. Claret en el periódico La Esperanza”, pg. 376. Ver Espinosa, pg. 71.

[25] Ver Tisnés, R.M.: “Dionisio González de Mendoza. Un palentino ignorado”, Roma 1985, pg. 245-246.  Currius, P.: “Epistolario” (mecanografiado), folio 1055.

[26] Gutiérrez, F.: “El P. Claret en el periódico La Esperanza” pg 332. Panadés, M.M.: “El Venerable Padre Claret en El Escorial”, Iris de Paz, 1930, pp. 85-87.

[27] Ver Tisnés, R.M.: o.c. pg. 245.

[28] Claret, A.M.: “Miscelánea Interesante”, Barcelona 1865, pg. 117.

[29] Ver Currius, P.: “Epistolario”, Volumen III.

[30] Ver Claret, “Manuscritos” XII.

[31] Cosme José de Benito, seglar, fue Maestro de la Real Capilla de El Escorial desde 1859 hasta 1885. Fue también profesor honorario de la Escuela Nacional de Música y Declamación. Intimo amigo de Barbieri gozó de una sólida formación musical con grandes maestros.

[32] José Fernández Montaña (1844-1936) nacido en Santa María de Miudes (Oviedo). Realizó sus estudios eclesiásticos en el Seminario de El Escorial. Fue Secretario de Cámara y Gobierno del arzobispo de Toledo y Canónigo. En Madrid fue Deán de la catedral y Confesor de la Reina. Murió mártir en la Guerra Civil española. Ver Iris de Paz, 1929, pp. 689-690.

[33] Juan Suárez Dóriga nació en Cangas de Tineo (Oviedo). Entró en El Escorial en 1859 donde realizó sus estudios de seminarista.

[34] José Sorribes y Ruiz del Castillo era natural de Balaguer (diócesis de Urgel), como el anterior. En el curso 1860/61 estudió 4º de Teología en El Escorial. Desde el 1 de octubre fue profesor del Colegio. Ordenado presbítero en 1863 fue nombrado Capellán de El Escorial ese año. Permaneció allí hasta 1869. En 1905 era Beneficiado de la iglesia de los Santos Justo y Pastor de Barcelona.

[35] José Benito Marugán nació en Aragoneses, Segovia. Terminado el primer año de filosofía ingresó en el Seminario de El Escorial. Ver Panadés, M.M.: o.c., Iris de Paz 1929, pg. 48.

[36] Claret, A.M.: “Arte de Canto…”, Capítulo I.

[37] No comentamos aquí el resultado del experimento que fue bastante frustrante. Panadés, M. M.: o.c., Iris de Paz 1930.

[38] Hubo también un grupo de obreros catalanes de El Escorial que al terminar su trabajo se dedicaban al aprendizaje de música e instrumentos, llegando a formar un orfeón de 30-40 voces. Ver Panadés, M.M.: o.c. Iris de Paz 1930, pg. 129.

[39] “Epistolario Claretiano” volumen II, pg. 747.

[40] Barcelona 1857.

[41] Ver Pujadas, T.L.: “El Beato Antonio M. Claret, restaurador del Canto Sagrado”, Tesoro Sacro Musical Pg. 31.

[42] Obra del Ven. Bartolomé Holzhauser atribuida a Claret. Madrid 1864.

[43] Musicófilo CMF: “Celo de San Antonio Mª Claret por la Música Sagrada”, Tesoro Sacro Musical, mayo-junio 1950, pp. 49-50.

[44] Ver Pujadas, T.L.: o.c. mayo 1946, pp. 28-32. Ver también “Osservatore Romano”, 8 enero 1939.

[45] En “Manuscritos” XII encontramos los siguientes nombres de profesores de música pertenecientes a la Academia: D. Agapito Sancho de Burgos; D. José Mª González de Madrid; D. Ildefonso Jimeno de Madrid; D. Mariano Gómez de Madrid.

[46] Claret, A.M.: “Reglamento de la Academia de San Miguel”, Barcelona 1859.

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