ESTAMPAS CATEQUÍSTICAS DE CLARET

En diciembre de 1848 el P. Claret publicaba finalmente su Catecismo Explicado, en el que incluía 46 láminas representando los principales misterios de la fe cristiana.

          El Concilio de Trento había enseñado que “por medio de las historias de los misterios de nuestra Redención, expresadas con pinturas u otros medios figurativos, se instruye y confirma el pueblo en la verdad de los artículos de la fe” (sesión XXV). No es de extrañar que un hombre que no veía fronteras a la hora de llevar a cabo su misión apostólica se lanzara a una nueva aventura como el Catecismo Explicado.

          Era la primera vez que se intentaba llevar a cabo una empresa catequética de esa envergadura. Es cierto que existían ya láminas catequísticas, pero se referían a cuadros de Historia Sagrada propiamente dichos, con representaciones históricas ya del Antiguo ya del Nuevo Testamento. La obra de Claret era original desde muchos puntos de vista, pero principalmente por haber empleado el sistema simbólico en sus láminas. Esto daba más amplitud y más posibilidades a la explicación catequética. Crear este tipo de láminas representaba una mayor dificultad para el creador, al tener que introducir figuras simbólicas para aclarar los contenidos de los símbolos.

          Posteriormente hubo otras realizaciones en las que se unificaron las representaciones históricas con las simbólicas, con lo cual se completaban mejor las posibilidades de ambas corrientes. Esto se llevó a cabo principalmente en Francia. Por ejemplo, con “Catecismo en imágenes” del abate E. Furrieres, del que poseemos una copia en español de 1909 y otra en portugués de 1910. Antes lo habían intentado otros, por ejemplo, en “Le Catechisme en images” del abate Coussinier de 1862 o el de Montpeller de 1873, si bien el primero mantenía escenas históricas exclusivamente y el segundo se perdía en infinidad de símbolos.

          Pongamos un ejemplo en imagen para aclarar lo que el P. Claret intentaba llevar a cabo con sus dibujos tan novedosos. Se trata de la lámina del Sacramento del Bautismo:                                                   

          Mientras que en los dibujos anteriores a Claret, como los del abate Coussinier, se representaba el bautismo con el hecho histórico del bautismo del Eunuco de la Reina de los etíopes por el diácono Felipe sin ningún otro símbolo y en el de Montpeller se representaban más de 14 símbolos en un solo grabado, en las láminas del P. Claret (ver estampa) aparecen los símbolos fundamentales que se refieren a la naturaleza y los efectos del bautismo, como son la presencia de la Trinidad que es la que preside el sacramento, el detalle del costado de Cristo que lava y regenera el alma, la gracia que procede de la paloma, el trono prometido a los hijos de Dios, el demonio que huye avergonzado, etc. En las del abate Furrieres (ver estampa) se da un equilibrio entre las dos corrientes, representando fundamentalmente el hecho histórico del bautismo del Señor y añadiendo las representaciones simbólicas que son la base del proyecto claretiano.

          Podemos decir, por tanto, que Claret aportó una novedad en el estilo de representación de las verdades de la fe, fundamento de un buen catecismo. En la introducción de su catecismo explicita sus intenciones al componer este catecismo con imágenes. Oigámosle directamente refiriéndose a los padres: “A ejemplo, pues, de este caudillo del pueblo de Dios (se refiere a Josué dando sentido al monumento levantado junto al Jordán), pongo yo estas láminas con su explicación, aunque sucinta, para que cuando vuestros hijos os pregunten ¿qué significan estas figuras? Les respondáis explicándoles por medio de ellas la Religión cristiana”.

          Podríamos acabar aquí este breve recordatorio de una iniciativa más de Claret, pero no sería justo olvidarnos de los desvelos que lleva consigo iniciar un camino nuevo, también en la tarea evangelizadora. El año 1847 había venido Claret trabajando en dos Catecismos que publicaba aquel año: Catecismo Menor y el Compendio o Breve explicación de la doctrina cristiana. Pero al mismo tiempo ya estaba componiendo el que sería su mejor obra, el Catecismo Explicado. Terminada su campaña misionera por Tarragona se había centrado en la composición de este catecismo que llevaría incluido no sólo el texto, del cual eran de su caudal sólo las preguntas ya que el diálogo era del Dr. Francisco Matheu y Smandia, sino la explicación por medio de estampas. El 11 de marzo de 1847 en carta al obispo Caixal le hablaba ya de parte de dichas estampas, que finalmente había pensado grabar en Barcelona. A finales de mayo ya había terminado todos los grabados. Y aquí comienzan las dificultades con los grabadores que con sus numerosas pegas retrasaban la publicación del Catecismo. Oigámosle en su carta a Caixal del 28 de mayo, traducida del catalán: “He visto lo que me dice…del grabador respecto de las estampas: ´Peritis in arte credendum’, pero creo que hay que hacer la distinción de cuando hablan como peritos desinteresados o cuando lo hacen como artistas apasionados… Yo hablaba de lo que entendía; porque aunque sea ignorante, permítame que sin alabanza y sin faltar a la humildad le diga que cuando, de seglar vivía en Barcelona y, entre otras cosas me dedicaba al dibujo, fui tres veces premiado por la Junta de la Lonja, y aunque de entonces acá casi no me he ejercitado en ello, pero creo que conozco como debe ir una cosa, si corresponde estampa, cómo han de estar las sombras, etc., etc.”.

          A partir de entonces se multiplican las cartas en las que se van perfilando los detalles. A veces da la sensación de que Claret pierde la paciencia con el retraso, como en la carta del 13 de septiembre a Caixal (en catalán): “Lo que sento es la gansaria del S. Gravador per lo Catecisme, que se sembla la Obre de la Seu, ¡tan que lo esperan!”. La obra continuó aún muchos meses y su publicación supuso el estreno de su recién fundada Librería Religiosa.

          Merece la pena, ya por medio de imágenes, indicar aquí que en las ediciones posteriores los grabadores intentaron modificar los grabados, sobre todo para darles mayor calidad, pero manteniendo el espíritu de cada una de las interpretaciones simbólicas dadas por Claret a sus Estampas Catequísticas, que más adelante se vendieron sueltas e independientes del Catecismo Explicado. Pongo dos ejemplos de la evolución de la lámina del Padre Nuestro:

          Y para terminar cito las palabras de alguien a quien no se le puede atribuir apasionamiento de hijo, las del P. Juan María Solá SJ, en la revista Razón y Fe de 1906: “El lauro de los catequistas españoles corresponde de justicia en esa época (siglo XIX) a dos hombres, cuyo recuerdo no morirá: Mazo y Claret… Dos novedades ofrecen su Compendio de la doctrina cristiana explicado y adaptado a la capacidad de los niños”: la tendencia a la unidad y el sistema intuitivo de estampas e ilustraciones. Las ediciones se multiplicaban prodigiosamente, y el bien que hizo esta doctrina es incomparable. Aunque no logró la uniformidad apetecida, su nombre merece que se escriba entre los primeros en la Historia del Catecismo Universal”.
          Por cierto, no sería mala idea que surgiera alguna iniciativa en orden a editar estas estampas en tamaño amplio para preservar una de las mejores herencias catequísticas y artísticas de Claret.

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