Introducción al Año Claretiano

Nos ha tocado vivir un tiempo en el que conviven dos fenómenos que parecen contradictorios: por una parte, una creciente indiferencia ante el fenómeno religioso (especialmente en algunas regiones del mundo) y, por otra, un despertar espiritual que reviste formas muy diversas: descubrimiento de la inteligencia espiritual, revalorización de las espiritualidades indígenas, búsqueda de silencio y nuevas formas de meditación, aprecio del compromiso solidario, etc. La Iglesia se ve influida por ambos fenómenos mientras afronta una crisis de credibilidad sin precedentes en las últimas décadas. También nosotros, tentados a veces por el hastío y la inconstancia, seguimos buscando hoy lo que nos ha atraído desde el comienzo mismo de nuestra vida de fe. Como el salmista, confesamos que nuestra alma “está sedienta de Dios, del Dios vivo” (Sal 42,3). En el camino con los hombres y mujeres de nuestras iglesias particulares, hemos caído en la cuenta de que, sin raíces, sin espiritualidad, nuestra vida misionera se seca y no resulta creíble. ¿Cómo proponer en este contexto tan plural un camino que, bebiendo en el pozo de nuestra tradición claretiana, nos ayude a vivir una espiritualidad centrada en el seguimiento de Cristo, abierta a los nuevos impulsos del Espíritu Santo en este tiempo?

En las últimas décadas, la Congregación nos ha propuesto algunos itinerarios de crecimiento espiritual que siguen siendo aprovechables. Destacan, sobre todo, el proyecto Palabra-Misión (1993-2000), nacido como respuesta a la declaración capitular Servidores de la Palabra (1991), y La Fragua en la vida cotidiana (2011- 2014), fruto de la declaración capitular Hombres que arden en caridad (2009). En ambos casos se ponía el acento en la importancia de los procesos más que  en las acciones puntuales. Aunque resulta muy difícil evaluar su eficacia, ambos proyectos ayudaron a la Congregación a “cualificar nuestra vida misionera como servidores de la Palabra” (proyecto Palabra-Misión) y a “revivir la experiencia del Fuego y crecer en ardor misionero” (proyecto La Fragua en la vida cotidiana). Ahora, siguiendo las orientaciones del XXV Capítulo General, la Congregación nos invita a emprender un nuevo camino “que ayude a todos los claretianos, personal y comunitariamente, a conocer y vivir con profundidad y pasión nuestro bello patrimonio espiritual” (MS 74.1). La Prefectura General de Espiritualidad ha asumido la tarea de diseñar este itinerario formativo y espiritual, cuyo fruto ofrecemos a la Congregación con la esperanza de que sea un instrumento oportuno y eficaz para seguir creciendo en fidelidad al don de la vocación misionera.

El Año Claretiano que ahora presentamos pone el acento en el conocimiento y vivencia de nuestro bello patrimonio espiritual. Cuando la declaración capitular califica de bello este patrimonio nos está invitando a dejarnos sorprender y atraer por él. La belleza es una vía privilegiada de acceso al misterio de Dios. El Señor nos ha regalado un bello camino de encuentro con Él a través de la mediación histórica de san Antonio María Claret y de la Congregación. Cuanto más lo admiremos, conozcamos y hagamos nuestro, mejor serviremos al pueblo de Dios y con más facilidad encontraremos nuevas motivaciones para mejorar nuestra vida personal y comunitaria. Nuestra identidad carismática no consiste en una fórmula cerrada que debemos preservar, sino en una experiencia de vida que debemos acoger y recrear. Esta experiencia nos pone en relación con quienes, a lo largo de nuestra historia, han encarnado el carisma recibido.

Como nos recordaba el P. General en su presentación, citando al papa Francisco, “la juventud de un instituto está en ir a las raíces, escuchando a los ancianos… no hay crecimiento sin raíces y no hay florecimiento sin brotes nuevos”. La Congregación es un organismo vivo en constante evolución. Su geografía humana ha cambiado mucho en las últimas décadas. Estamos disminuyendo en Europa  y América, continentes de larga tradición claretiana, y estamos creciendo con pujanza en África y Asia. No siempre ha sido fácil conocer, asimilar y enriquecer este patrimonio en los diversos contextos. El Año Claretiano quiere ser un instrumento de uso diario que acompañe a todos los claretianos del mundo, a lo largo de todos los días del año, en esta aventura de conocer mejor nuestras raíces para revitalizar nuestra vida.

El proyecto se presenta en tres formatos complementarios: un libro, una página web y una aplicación para dispositivos móviles.

El libro ofrece para cada día del año dos páginas (par e impar) que forman una unidad. Estas dos páginas están divididas en varias secciones que se mantienen fijas a lo largo de todo el año.

En las páginas pares se presentan:

  • Algunas fechas significativas de la vida de Claret tomadas de los diversos itinerarios que se han ido reconstruyendo en los últimos años. Constituyen una forma dinámica de familiarizarnos, día a día, con la vida del Fundador y una invitación a leer algunas de las biografías que se han publicado sobre él.
  • Un retazo de la historia de la Congregación, articulada en 17 períodos que se han considerado En las páginas que siguen a esta introducción se presentan de manera concisa estos períodos para que el lector tenga una visión de conjunto.
  • La biografía de un personaje (claretiano o no) que tuvo un papel significativo en la vida de Claret o de la Congregación.

La necesaria concisión impide desarrollos extensos que, en algunos casos, se encuentran en la página web. De este modo, ambos instrumentos se complementan. Los nombres de personajes que aparecen en negrita indican que sobre ellos hay una reseña biográfica en alguno de los días del año, que − siempre que ha sido posible – se ha hecho coincidir con la fecha de su muerte. El día concreto puede encontrarse fácilmente consultando el índice onomástico que se encuentra al final del libro.

En las páginas impares se ofrece la oportunidad de leer y aplicar a la propia vida las dos fuentes principales de nuestra espiritualidad:

  • De enero a junio, la Autobiografía del Fundador; de julio a diciembre, las Constituciones y algunos extractos de las declaraciones capitulares recientes.
  • Los textos seleccionados se acompañan con algunas preguntas o ejercicios que ayuden a iluminar la propia vida en una sección titulada Para la reflexión personal.
  • La propuesta se remata con una frase inspiradora tomada de nuestras fuentes claretianas o de otras fuentes cristianas y seculares.

La página web, además de contener todos los materiales del libro, ofrece ampliaciones, archivos de vídeo y audio, propuestas de retiro para cada mes, así como otros subsidios para la oración personal y comunitaria y para la celebración de las fiestas claretianas. Facilita también compartir reflexiones, comentarios y propuestas. Está vinculada a algunas redes sociales para facilitar la rapidez de comunicación y, sobre todo, la participación de los claretianos.

La aplicación para dispositivos móviles pone a disposición de los usuarios un menú reducido que permite acceder a los contenidos principales del proyecto cuando no se dispone del libro o de la página web. Es útil, sobre todo, para el misionero que tiene que viajar con frecuencia y no siempre puede llevar consigo el libro.

La elaboración del Año Claretiano ha sido trabajosa. El hecho de tener que manejar muchos datos y sintetizarlos en textos breves y precisos ha llevado más tiempo del previsto. El lector sabrá excusar los posibles errores, desenfoques u omisiones. Es obvio, por ejemplo, que en la galería de 366 personajes no están todos los claretianos que deberían estar, pero creemos que los que aparecen − singularmente nuestros hermanos mártires − representan la rica variedad de la Congregación a lo largo de sus más de 160 años de historia. El predominio de claretianos (todos ellos fallecidos) de origen europeo o americano se debe a que en su primer centenario la Congregación se desarrolló casi exclusivamente en Europa y América.

Agradecemos la tarea realizada por los miembros y colaboradores del Centro de Espiritualidad Claretiana (CESC) de Vic y del Centro Fragua de Los Negrales por su competencia y dedicación. Mención especial merecen los claretianos Vicente Sanz Tobes (que ha elaborado las reseñas biográficas de los personajes, así como buena parte de la historia de la Congregación), Louie Guades III (que ha maquetado el libro y ha diseñado la página web) y Maximino Cerezo Barredo (que ha diseñado los logos de cada sección). Los dos primeros forman parte de la comunidad de la Curia General y colaboran en sus actividades.

Un proyecto de estas características ayuda a mantener encendida la llama de nuestra espiritualidad, pero no nos dispensa de un esfuerzo continuo de ampliación y profundización. Como se deduce de su naturaleza y finalidad, el lector no puede esperar encontrar en él una biografía crítica del Fundador, una historia completa de la Congregación o un tratado sistemático de espiritualidad claretiana. El Año Claretiano tiene una finalidad más modesta, pero urgente: ayudar a la Congregación del siglo XXI, más intercultural que nunca, a beber en el mismo pozo carismático para cualificar nuestro testimonio misionero en las diversas regiones del mundo. El proyecto pretende despertar la curiosidad, suscitar interés, acrecentar el amor, cultivar la gratitud e incentivar la creatividad misionera. Es hermosa la estampa de una comunidad mundial que peregrina meditando los mismos contenidos de nuestra común tradición y enriqueciéndolos con la variedad de sus culturas, lenguas y experiencias apostólicas. La traducción progresiva a las lenguas más usadas en la Congregación facilitará su difusión y uso habitual.

Lo ideal sería que los claretianos nos sirviéramos de este instrumento todos los días del año, desde el 1 de enero hasta el 31 de diciembre. Por  tratarse    de un año tipo, el Año Claretiano se puede repetir cuantas veces se desee. Las actualizaciones anuales se irán ofreciendo en la página web. Es recomendable que, además de este libro, dispongamos también de un cuaderno personal para realizar por escrito algunos de los ejercicios que se proponen en la sección Para la reflexión personal.

El libro Año Claretiano encuentra un complemento ideal en el libro Claret contigo, editado por el CESC de Vic, que nos propone un texto de Claret y una breve meditación inspirada en él para cada día del año. De esta manera, se enriquece el conocimiento de nuestro Fundador. Ambos libros sirven también para la animación de las comunidades. Algunas secciones, por ejemplo, se pueden leer durante la oración comunitaria. Pueden servir asimismo para otros momentos de formación permanente o de reunión de la comunidad. La animación por parte de los gobiernos de los Organismos y de los superiores locales será imprescindible para lograr que toda la Congregación avance gozosa “en el camino del Señor y proclame con su vida y misión la supremacía de Dios, siguiendo el itinerario de vida espiritual de nuestro Fundador” (cf. MS 74).

Encomendamos el fruto de este proyecto a nuestra madre María, en cuyo Corazón inmaculado nos forjamos como misioneros al estilo de san Antonio María Claret. La “revolución de la ternura”  que Ella representa nos ayudará   a combatir la “dureza  de corazón” (sclerocardía) que a veces nos hace duros    y paraliza la vida misionera. Nuestro Fundador, en los propósitos de 1870, escritos cinco meses antes de su muerte, decía: “Tengo que ser como una vela que arde, gasta la cera y luce hasta que muere”. También nosotros, movidos por el Espíritu de Jesús, queremos esforzarnos por llegar a la plena madurez de Cristo para comunicar con mayor eficacia a los demás la gracia del Evangelio (cf. CC 51).

 

Roma, 19 de marzo de 2019
Solemnidad de san José, Patrono de la Congregación

 

Gonzalo Fernández Sanz, CMF
Prefecto General de Espiritualidad

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