Nacimiento de Claret

NACIMIENTO DE CLARET

 

¿Por qué hacer memoria del día del nacimiento de nuestro Fundador?

A Dios es preciso darle gracias siempre. Por todo. Pero la fecha del nacimiento de una persona es ocasión importante de agradecimiento a aquel que, habiendo pensado en cada ser humano desde la eternidad, asignándole una misión dentro de su plan divino de salvación, lo llama a la existencia en un momento determinado y le comunica la vida.

Si la persona es o ha sido, además, eximia por su virtud, o por su ciencia, o por su arte, o por cualquier otro aspecto que la hace merecedora del aprecio y reconocimiento ajenos, mayor razón para que la efeméride de su nacimiento sea recordada y celebrada como conviene.

El nacimiento de san Antonio María Claret es, por lo mismo, también motivo de acción de gracias a Dios. Le damos gracias por su vida, por su santidad, por su carisma misionero, por la fundación de nuestro Instituto y por tantas otras gracias que, con su venida a este mundo, nos otorgó el Señor a cuantos hemos heredado su espíritu.

La liturgia celebra el dies natalis

            La liturgia no suele celebrar el nacimiento terreno de los santos. Sí que celebra, por descontado, el de Jesucristo, el Señor, y el de María, su Madre. Se celebran, en efecto, las supuestas fechas de la encarnación del Señor (25 de marzo), la de su nacimiento (25 de diciembre) y las de su muerte y glorificación (pasión, resurrección y ascensión); de María se celebran, de forma paralela, su inmaculada concepción (8 de diciembre), su nacimiento (8 de septiembre) y su paso a la gloria o asunción (15 de agosto).

Pero de los santos no se celebra la fecha de su nacimiento, como norma general, salvo en el caso de san Juan Bautista, del que se celebra su martirio (29 de agosto) y también su nacimiento (24 de junio). Se celebra, en cambio, el día de su muerte, al que se llama dies natalis, esto es, día de su nacimiento para el cielo.

De nuestro Fundador celebramos en la Iglesia el día de su muerte, el 24 de octubre, y hoy nosotros en el ámbito congregacional hacemos memoria, asimismo, de su nacimiento para este mundo.

Las señas de identidad de Antonio Claret

Los datos de identificación marcan la existencia de una persona. Podemos decir que el P. Claret fue un hombre nacido para evangelizar como reza el lema del Bicentenario celebrado en la Congregación en los años 2007-2008. Recordemos los datos fundamentales e identitarios de nuestro Fundador: su nombre, su fecha de nacimiento, el lugar en el que nació y su familia.

Con respecto a su nombre dice el Santo: «Mi nombre es Antonio María Adjutorio Juan Claret y Clará», dice el santo (Aut 5). Él mismo da la razón de esos nombres con que fuera bautizado, vinculados a referencias estrictamente familiares. El de María fue añadido posteriormente, con ocasión de su consagración episcopal, por devoción a la Virgen pues Ella «es mi Madre, mi Patrona, mi Maestra y mi todo después de Jesús» (cf. Aut 5).

Antonio Claret nació el día 23 de diciembre de 1807. Y fue bautizado el día de Navidad, 25 de diciembre, en la parroquia de santa María de Sallent.

            Nació en Sallent, pequeño pueblo de la provincia de Barcelona, bañado por las aguas saltarinas del río Llobregat. En aquel entonces, Sallent contaba con numerosas industrias de tejidos de tipo familiar. A Claret, a veces, se le ha llamado el tejedor de Sallent, porque de hecho trabajó en la pequeña fábrica de hilados y tejidos de su padre y porque después, en su juventud, deseoso de adelantar en los conocimientos de la fabricación, encaminó hacia esa profesión sus pasos, como estudiante, y sus proyectos con notable éxito.

            Su padre se llamaba Juan Claret, de oficio tejedor; su madre, Josefa Clará, proveniente de una familia de labradores. Antonio fue el quinto vástago de una numerosa prole formada por seis hombres y cinco mujeres.

De su familia y de su pueblo guardó siempre un buen recuerdo. No en vano quiso evocar en su escudo arzobispal a su patria chica y a sus progenitores: «El puente, río, cascada y casas indican Sallent mi patria, mi padre es de esta parte del río y mi madre de la otra, y esto simbolizan el sol, Claret y la luna, Clará» (2, p. 413).

La casa natal de Antonio Claret, ámbito educativo de sus primeros años

«La familia –afirma la Exhortación Apostólica Familiaris Consortio, de Juan Pablo II– constituye el lugar natural y el instrumento más eficaz de humanización y de personalización de la sociedad: colabora de manera original y profunda en la construcción del mundo, haciendo posible una vida propiamente humana, en particular custodiando y transmitiendo las virtudes y los valores».

            Al celebrar el nacimiento de nuestro Fundador resulta imprescindible hacer alusión al hogar; esto es, a la casa en la que se produjo su alumbramiento y al entorno familiar en el que se crió. Bastarán unas rápidas pinceladas, suficientes para valorar lo que significa un ámbito verdaderamente educativo, transmisor de auténticos valores y forjador de las mejores virtudes humanas y cristianas.

El peregrino claretiano que llega a Sallent (Barcelona – España) puede visitar la casa en la que nació san Antonio María Claret: un edificio de dos plantas, situado en la calle Cos, n. 4. En la parte alta se alojaba la familia, y en la parte baja, hoy día convertida en noble recinto para el culto, estaba el taller familiar, con siete telares.

En la parte alta de la casa está la habitación en la que nació Antonio. El recinto conserva algunos elementos originales y otros nuevos, habiendo sido transformado en oratorio apto para el recogimiento y la plegaria. Una cuna, colocada en el centro del oratorio invita al silencio y a la reflexión sobre Antonio Claret.

Unos dibujos con su leyenda correspondiente, —inspirada en la Autobiografía del santo—, evocan la atmósfera en que transcurrió su niñez. Aquel mismo lugar sin duda fue testigo de las vivencias del santo a sus cinco años de edad, cuando acostado y despierto, le sobrevenían pensamientos sobre la eternidad de penas reservadas para los pecadores. Le impresionaba sobremanera aquel siempre, siempre, siempre, alusivo a la duración sin fin de la condenación eterna, probablemente escuchado en sus tiernos años a algún predicador, u oído leer de algún piadoso libro. Este pensamiento y su natural compasivo lo preparaban ya desde la infancia para entregarse sin tregua en el futuro a la salvación de las almas.

El clima del hogar en el que transcurrieron los años de su infancia y adolescencia fue muy religioso. De sus padres nos ofrece la siguiente instantánea: eran «honrados y temerosos de Dios y muy devotos del Santísimo Sacramento del Altar y de María Santísima» (Aut 3). En aquel hogar se practicaban con fidelidad las devociones tradicionales de la vida cristiana, se frecuentaban los sacramentos, se hacía lectura de libros piadosos, se conversaba en la sobremesa con deleite y edificación antes de acostarse… En ese ambiente, no es extraño que arraigaran en Antonio las buenas costumbres y surgiera pronto en él la inclinación a la piedad.

Antonio recibió de Dios un buen carácter y fue ejemplar en el cumplimiento de sus deberes como hijo y, después, en su aplicación e interés como escolar. En su Autobiografía, valora el trabajo complementario de formación entre el maestro y sus padres.

Al conmemorar en este día la fecha de su nacimiento, es decir, su cumpleaños, nos felicitamos por ser herederos de su espíritu. Damos muchas gracias a Dios por el don de su vida para bien de toda la Iglesia. Y hacemos nuestra la plegaria que él mismo escribió con ánimo humilde y agradecido al recordar aquellos años primeros:

«¡Oh Dios mío! ¡Qué bueno habéis sido para mí…! Yo no he conocido hasta muy tarde las muchas y grandes gracias que en mí habíais depositado. Yo he sido un siervo inútil, que no he negociado como debía con el talento que me habíais entregado. Pero, Señor, os doy palabra que trabajaré, habed conmigo un poquito de paciencia; no me retiréis el talento; ya negociaré con él; dadme vuestra santísima gracia y vuestro divino amor, y os doy palabra que trabajaré» (Aut 35).

BIBLIOGRAFÍA

  1. ABELLA, J. Del recuerdo al compromiso. Carta Circular con motivo del Bicentenario del nacimiento de san Antonio María Claret, Roma 2007.
  2. AGUILAR, M. Vida admirable del P. Claret, 2 tt., Madrid 1894.
  3. FERNÁNDEZ, C. El Beato P. Antonio María Claret, I, Madrid 1941.
  4. LOZANO, J. M. Una vida al servicio del evangelio. Antonio María Claret, Barcelona 1985.

 

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