Mariano González

Hermano Mariano González, cmf

 

El hermano Mariano González nació en Monte Escobedo, estado de Zacatecas, México, el día 25 de julio del año 1988.

Recibió una educación esmeradísima, que culminó en su vocación religiosa a nuestro Instituto.

En 1908 entró como postulante para Hermano Coadjutor en la casa de San Hipólito (México).

En mayo de 1909 salió embarcado para España con el fin de hacer allí el Noviciado: iba en compañía de otros tres jóvenes, y los dirigía el Rmo. Padre Martín Alsina, que había visitado la floreciente cuasi-provincia de México.

El día 7 de septiembre de 1909 recibió el hábito religioso, comenzando así el año de Noviciado.

Terminado felizmente éste el día 8 de septiembre de 1910, profesó en la misma ciudad de Jerez de los Caballeros, España, donde había hecho su año de probación.

Ocupó algunos destinos en las casas de la Provincia Bética, España, hasta que fue reclamado por el M. R. P. Cepeda para que pasara a la cuasi-provincia de México, para la cual se embarcó con la ilusión de trabajar mucho por la gloria de Dios.

El día 22 de agosto de 1914 fue pasado por las armas en Toluca, cayendo víctima de su amor a los Padres de la comunidad, cuyo paradero, solicitado por los carrancistas, no quiso descubrir.

El Hermano González era muy completo en su género, pudiendo pasar como modelo de los Hermanos Coadjutores de la Congregación, pues se había habilitado para casi todos los oficios desempeñados por los Hermanos.

En las casas por las cuales pasara dejó buen nombre, estando todos muy contentos de los servicios que les había prestado.

Pero lo que más sobresale en la figura simpática del Hermano González es el religioso y el mártir.

Como religioso fue modelo de observancia, así de los santos votos como de las Santas Constituciones, que procuraba cumplir con todo el cuidado posible, según había prometido el día de su profesión.

Era obediente, adictísimo a los superiores, hacia los cuales experimentaba un respeto grande, basado en motivos sobrenaturales.

Fomentaba su vida espiritual con una piedad exquisita, con visitas frecuentes al Santísimo, con una devoción filial a la Santísima Virgen.

La historia de su martirio destaca al miembro de la Congregación que ama a su Madre hasta el sacrificio: que prefiere perder la vida antes que cometer la deslealtad de ser traidor.

Habían entrado en Toluca las fuerzas carrancistas, al mando del general Murguía. Los Padres, que sabían perfectamente qué significaba ello, hubieron de esconderse, quedando en una casa vecina a nuestro colegio el Hermano González, en cuya calidad de mexicano fiaban los superiores para que los bienes de la Congregación en el famoso colegio hispano-americano no sufrieran mengua.

Un día, saltando por la azotea, quiso poner a salvo una máquina de escribir, y habiendo sido cogido, fue llevado a la Prefectura, ya herido: allí procuraron inútilmente averiguar el paradero de los Padres a quienes estaban buscando los revolucionarios para darles muerte.

Como no pudieron sacar declaración alguna, fue pasado por las armas en compañía de un desertor y de un ladrón. El cuerpo fue expuesto a las burlas del público con un gran letrero: por ladrón de bienes nacionales.

Enterrado, los nuestros cuidaron años después de trasladar los restos del querido Hermano a la iglesia de la Veracruz, por tanto tiempo a nuestro cargo.

Los nuestros creyeron siempre que el Hermano González había caído mártir de la revolución y mártir de su amor y respeto a los sacerdotes.

(Véase el librito Un Mártir de la Revolución Mejicana. Biografía del Hermano Mariano González, escrito por el M. R. P. Félix Alejandro Cepeda, y publicado por la Editorial del Corazón de María en 1915).

 

José Berengueras

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