Juan Pladebella

JUAN PLADEBELLA

De este sacerdote que acompañó al P. Claret a Cuba como misionero apenas sabemos más de lo que escribe en Autobiografía, nro.597.

En resumen: presbítero de la diócesis de Gerona; gran teólogo; profesor de Moral en el seminario de Cuba; virtuoso y aplicado; murió pronto del vómito.

De su enfermedad y muerte nos da algunas circunstancias el Epistolario de Currius, compatricio por ser nacido en Riudaura pueblo inmediata a La Piña, cuna de Mn. Pladebella, ambos en las proximidades de Olot.

De su vida anterior hemos encontrado dos hitos de su carrera parroquial. En el libro de Bautismos de la parroquia de La Cellera se encuentran partidas firmadas por Mn. Pladebella Pbro.Vicario, desde Setiembre de 1844 a 7 de Agosto de 1846: partidas firmadas y redactadas.

En la vecina parroquia de Amer (ambas tienen por titular Santa María) Mn. Pladebella da testimonio de bautismos desde Agosto de 1847 a Julio de 1848.

Estos datos no corresponden con lo que dice Currius en su Miscelánea: A los primeros de Diciembre de 1846 recibí el oficio de nombramiento de Coadjutor del Cura párroco de Sta. María de Amer a cuya Villa llegué el 7 de dicho mes estando en ella de Vicario el Rdo. D. Juan Pladebella mi compatricio. En esta Villa permanecí hasta los 8 Setiembre de 1847″. De esto se desprendería que Mn. Pladebella pasa de la Cellera a Amer y coincide en el ministerio con Currius. De los libros bautismales deduciríamos en cambio que es Pladeveya quien sucede a Currius en el cargo de Vicario.

Dice el P. Fernández en Hist. Doc. El 3to.P. Claret,I,p.574 :”D. Luis Pladebella, de la diócesis de Gerona, insigne teólogo y profesor en el seminario acompañó también la P. Claret a Cuba para enseñar’.’…

Es error evidente llamarle “Luis” en vez de Juan. Creo que exagera al llamarle “teólogo insigne” y no tiene fundamento para hacer­ le profesor del seminario de Gerona. Hemos visto que siguió Pladebella la carrera parroquial, y no la de los estudios teológicos; y en el caso de que entre 1848 y 1850 hubieran entrado en el claustro de Catedráticos del Seminario habría comenzado y no habría pasado de profesor de latín, dada la costumbre existente de que el profe­ sor no era especialista sino que ascendía los diversos grados de asignaturas mediante escalafón de antigüedad. El calificativo que le da el P. Claret de “gran teólogo” debe reducirse a que tenía capacidad y maneras de gran teólogo, sin significar que fuera un profesor insigne ni gran maestro de Teología.

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