JOSÉ MARÍA QUEREJETA

JOSÉ MARÍA QUEREXETA

Nací en Urrestrilla, pequeña aldea perteneciente al Ayuntamiento de Azpeitia. el día 10 de Diciembre de 1921. Ingresé en el Postulantado de Valmaseda en Septiembre de 1932, aunque originariamente había quedado en entrar en el Seminario Menor de los Franciscanos en Aránzazu, donde fui con mi aitatxo. Me examinaron y dicen que me vieron un poco espabilado y me aceptaron inmediatamente, pero mientras tanto, mi vocación cambió de rumbo, seguramente por la voluntad de Dios, debido a las súplicas insistentes del P. Gervasio Iruarízaga, entonces superior de Tolosa dirigidas a mi tío benedictino de Lazcano, don Beremundo pidiéndole que me llevara a los Claretianos de Valmaseda, por la escasez que éstos tenían de vocaciones vascas.

Seminario

La guerra civil me cogió en el Postulantado de Valmaseda, en donde continuamos la vida normal de un seminario que nunca fue perturbada por las bandas socialistas por estar por entonces la provincia de Vizcaya bajo el mando del Partido Nacionalista Vasco.

Ingresé después en el Noviciado de Salvatierra el año 1937 y profesé por primera vez, o hice mi primera profesión el año 1938 en la fiesta de Santa Teresita de Jesús. Este año de noviciado bajo la guía de aquel gran hombre santo, maestro de novicios Toribio Pérez, fue un año crucial de mi vida espiritual, que marcó después la pauta durante toda la vida misionera. Los estudios filosóficos los cursé en Beire hasta el verano de 1941. Si el hambre que pasamos, porque estábamos en plena guerra mundial, era soportable, los fríos eran intolerables, en aquella sala de estudio sin estufa y con ventanas azotadas por el cierzo, estudiando o mejor fritando de frío durante horas y horas a varios grados bajo cero.

Sacerdote

El Teologado lo pasé en Santo Domingo de la Calzada hasta junio de 1946 en que fui ordenado sacerdote, meses más tarde que el resto de mis ya que al pedir la ordenación del diaconado, como se decía entonces, fui colgado por no contar con la aprobación de las autoridades oficiales del Teologado.

Vocación misionera

El P. Querejeta, después de su ordenación sacerdotal, fue destinado por algún tiempo al Filosofado de Beire como Profesor y Auxiliar del Prefecto, pero muy pronto, sintiendo una vocación especial del Señor para trabajar en las Misiones, se ofreció al Rvmo. P. General para la Misión de China, para donde partió en avión el 14 de febrero de 1948, cuando ya la ola comunista amenazaba con invadir toda China. El P. Querejeta formaba parte de una numerosa expedición de 8 Padres y 3 Hermanos que con el Rvmo. P. Fogued volaron por aquellos días a reforzar nuestra Misión de Tunki. Pero ya a poco de llegar, ante la amenaza de la avanzada comunista, fue preciso pensar en poner en salvo parte del personal. El P. Prefecto Apostólico y el P. Visitador, de común acuerdo, dieron orden de que salieran los recién llegados, quedando sólo los veteranos; y el 27 de abril de 1949 abandonaba la Misión aquella famosa expedición que hubo de sufrir una odisea de aventuras y desventuras antes de llegar a Shanghai. El P. Querejeta, que debiera haber partido con ellos, no pudo unirse a la expedición por hallarse alejado del Centro de la Misión, en uno de los distritos apartados de la misma. En consecuencia, hubo de sufrir dos años largos de cautiverio en poder de los rojos. con toda la serie de torturas físicas y morales que dejan suponer y que, en parte, se pueden ver descritas en “Annales” de aquellos años; hasta que, en octubre de 1951, pudo salir sano y salvo vía Hong-Kong, trasladándose de allí a la recién fundada Misión de Filipinas.

Su destino principal en Filipinas ha sido la casa de Manila, de la que ha sido el protagonista desde su fundación, y donde desempeñaba última. mente el cargo de Superior, gozando de la amistad y de la confianza del Sr. Cardenal y del Nuncio Mons. Siino, recientemente fallecido.

Su consagración episcopal

En el Sur de Filipinas, cerca de Zamboanga, hay una isla de unos dos mil kilómetros cuadrados, cuya población alcanza ya los doscientos mil habitantes de los cuales un cincuenta por ciento son católicos y los demás mahometanos en su mayoría; estos últimos pertenecientes a unas tribus más o menos atrasadas: Tausub, Joloanos, Samals, Yakans. . . a esta isla se la conoce por el nombre de Basilan.

La Santa Sede consideró oportuno encomendar dicha Isla a nuestra congregación, que ya trabajaba allí. Esta noticia llegó el día veintinueve de octubre de mil novecientos sesenta y tres. Desde entonces quedó creada la Prelatura Nullius de Isabela, Isla de Basilan; desmembrándola de la Archidiócesis de Zamboanga pero quedando sufragánea de la misma; al mismo tiempo fue nombrado como primer Pastor, el Rvmo. P. José M. Querejeta;” C. M. F. con el título de Obispo de Eresso, que había quedado vacante por la muerte de Monseñor Vizcarra, y Prelado Ordinario de Isabela.

Aunque con el título de Prelatura Nullíus, la nueva circunscripción eclesiástica es una verdadera Misión. Prende toda la isla de Basilan, con algunas islitas adyacentes, con una extensión de 3.340 kilómetros cuadrados y unos 150.000 habitantes. La diócesis comprende por ahora sólo cuatro Parroquias: Isabela, que es la capital en lo civil y en lo eclesiástico; Lamitan que es la segunda ciudad de la Santa Clara y Maluso.

El nuevo Obispo será un Obispo Misionero y tendrá que improvisarlo todo, comenzando por la iglesia catedral, pues la única iglesia que había en la capital de su diócesis quedó reducida a cenizas por un furioso incendio que destruyó además buena parte de la población.

La Prelatura se creó el año 1964. Realmente fueron años dificiles, empezamos con 7 misioneros claretianos, el Vicario General era mi único íntimo, que ya está retirado ya, el P. Juan José Aguirre. No teníamos nada, sin ninguna organización de pastoral ni cristiana en nuestras comunidades cristianas. Sin conventos, sin casas para los misioneros, sin Iglesias, la misma Iglesia, por ejemplo de Isabela que iba a ser la Catedral, había sido incendiada, se había quemado hacía dos años, al quemarse la mitad de la población de Isabela, desapareció la Iglesia y el Convento. De manera que al entrar yo allí triunfalmente como Obispo, con mi mitra, qué vergüenza de mitra, en la Catedral, me encontré, con un chamizo de chatarra, de lo que había sobrado de la Iglesia anterior.

Al llegar a los 65 años, presenté mi renuncia como Obispo de Basilan. ¿Por qué? Las razones que di a la Santa Sede, fueron unas, las auténticas y reales eran otras. La razón que le di a la Santa Sede, era una razón verdadera, era que estaba mal de salud, porque había sido operado de corazón y mi corazón no podía aguantar ya más. Pero había otra razón que se va extendiendo más entre muchos Obispos en la Iglesia, y es que yo creía, como creen otros muchos, que no debemos esperar a los 75 años, porque hemos de aceptar los que hemos pasado ya la barrera de los 70, que después de los 65 ó 68, el hombre empieza ya en su declive en la vida. Le guste o no le guste, en sus facultades mentales, etc…

Al retirarme, había pensado retirarme para dedicar los últimos años de mi vida, sencillamente a preparar la otra morada, la del cielo. Escogí un lugar maravilloso en aquellas tierras que conseguimos arrebatarle al Senador Amonino para dárselas a los que trabajaban la tierra, una hectárea, una casa sencilla de madera de coco, en donde no hay electricidad, pero hay luz, luz de las estrellas, en esas noches tropicales de luna llena que son de una magia y un misterio arrebatadores.

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