JOSÉ MARÍA PRECIADO

 

JOSÉ MARIA PRECIADO

  1. EL HOMBRE

Los años de estudiante

El Obispo Preciado nació en Cadreita, pueblo de la ribera de Navarra, el 22 de septiembre de 1886. Entró en el Postulantado de Alag6n a la edad de trece años; en 1903 fue al Noviciado de Vich, en donde hizo su profesión religiosa, el 15 de agosto de 1904; pasó inmediatamente a la Universidad de Cervera, en la que cursó los estudios mayores. Los apuntes espirituales más antiguos del estudiante Preciado datan en 1906. Desde esta fecha se va modelando su carácter y personalidad con marcada tendencia al apostolado. Son frecuentes sus propósitos y anhelos de ser apóstol, de quitar todo impedimento para el apostolado, de imitar a los grandes apóstoles y disponerse, con la práctica de las virtudes, para ejercer un apostolado fecundo y eficaz en favor de las almas.

Era el P. Preciado en lo físico, bajo de estatura; pronto la obesidad le dio una especie de gravedad y aplomo que decía bien con el resto de su carácter, de rostro agraciado; tenía voz fuerte, vibrante y un tanto atiplada; de carácter más bien linfático y moderado en todo su proceder; de una bondad que casi llegaba al extremo y que le hizo conservar la sonrisa en medio de sus numerosos padecimientos. 

  1. EL RELIGIOSO

Próximo ya a la ordenación sacerdotal reitera un antiguo propósito: no dejarse llevar por la corriente, ni por el respeto humano, por lo que digan o hagan los otros, sí por lo que debo hacer. Se propone igualmente referir todas las cosas a la Divina Madre, principalmente al comienzo de las obras, preguntándome cómo quiere la Madre que yo haga esto.

Pasados los años de la carrera en la siembra silenciosa de los colegios se llegó el tiempo de la ordenación sacerdotal que recibió el 23 de junio de 1912 en nuestro seminario de Alagón de manos del Ilustrísimo Padre Armengol Coll, Vicario apostólico de Fernando P60. Asistieron sus buenos padres y parientes, el párroco de su pueblo natal y sus primos el P. Javier Preciado y Fray Tomás Preciado.

Pasados los primeros días de sacerdocio en compañía de sus familiares, se trasladó al colegio de Aranda de Duero donde cursó el año de preparación bajo la guía del docto y eminente asceta P. Antonio Naval de cuyas enseñanzas quedan recios vestigios en los apuntes del neo-sacerdote.

Al fin del año de preparación, llegó la hora de los destinos, cayendo en suerte al P. Preciado al ser destinado a la república de Méjico, lugar de ensueño, cosa entonces deseada por muchos y en donde tenía la Congregación un porvenir brillante.

Poco tiempo estuvo el P. Preciado en Méjico, apenas para tomarle el gusto: como se dice en Méjico apenas le dieron atole con el dedo, que es, para los que no entiendan la forma de hablar en Méjico, como si le hubieran dado a gustar un vino generoso con cuentagotas.

Misionero en Estados Unidos. Desde su llegada a Los Angeles, el P. Preciado se dedicó, además de sus trabajos de Asistente de la parroquia, a estudiar el inglés. Muy pocas veces sale su nombre en la relación de los trabajos parroquiales y eso que están muy detallados. Su actuación fue satisfactoria y del agrado de los superiores. De ésta su residencia en Los Angeles hay que restar dos años en que estuvo, uno cerca de San Luis, Missouri, en un colegio de Hermanos Maristas, en compañía de dos Padres más, estudiando el inglés y el otro en la Universidad de Santa María en San Antonio, Texas, dando clases de español al tiempo que se perfeccionaba en el idioma de Shakespeare, del que logró notable dominio.

Reintegrado a la vida de comunidad pasó una temporada, no muy larga, en la casa de Yuma, Arizona. Ya el 25 de septiembre de 1920 llegó destinado a La Plaza, donde desempeñó el cargo de Director de la Sociedad del Altar hasta su nombramiento de Superior de la importante casa de San Gabriel, unas nueve millas al Este de Los Angeles.

Superior de San Gabriel. Copiamos de las crónicas de San Gabriel: “15 de agosto de 1921. Terminado el capítulo Provincial se notifica los cambios de personal en las casas de la Provincia. La Comunidad de San Gabriel quedó constituida en forma siguiente: Superior P. José María Preciado. Consultor primero P. Félix Zumarraga, consultor segundo y ministro P. Félix Beperet, guía del museo y Sacristán Hermano Uriz, sastre Hermano Ballonga y cocinero’ y portero II, Lizzarranga”.

Este período de su primer Superiorato fue de grande actividad, pues se edificó la casa nueva y se trasladó la vieja, con las molestias y trastornos que acompañan esa clase de operaciones.

Superior en San Antonio. El 6 de agosto fue destinado a San Antonio como Superior de la catedral de San Fernando el P. José María Preciado, quien llevó como especial proyecto la construcción de la escuela Parroquial, pues sabido es que en este país la parroquia no se considera completa mientras no tenga escuela parroquial.

En febrero de 1924 el P. Preciado se trasladó como Superior a la casa del Corazón de María que dista, caminando a pie, un cuarto de hora de la catedral. Fue esa casa la primera que tuvo la Congegación en Estados Unidos.

III. EL OBISPO

Ecce Sacerdos Magnus. A principios del año 1934 fue el P. Preciado a Roma en compañía de otros Padres de la Provincia Estadinense a la beatificación del Padre Claret, muy ajeno de pensar que volvería nombrado ya Obispo de Tejea y Vicario del Darién, Panamá.

Una vez consagrado no pensó el Excmo. P. Preciado sino en trasladarse cuanto antes a su Vicariato. Después de algunas visitas de rigor, ordenó sus cosas y se dispuso a embarcarse en San Pedro, California satisfecho también su deseo de visitar las Comunidades e iglesias en que había ejercido su ministerio.

Mons. Preciado nunca disfrutó de buena salud en el Vicariato y acaso se deba a eso la lentitud de sus movimientos en el progreso de su misión. La obra material de Mons. Preciado no fue lo mejor de él. Era sólo la manifestación de su celo apostólico en pro de las almas a él encomendadas. Emprendió su primera excursión al archipiélago de San Blas cuando aún no llevaba un mes de instalado en Colón. Varias veces estuvo a punto de naufragar. La malaria lo atacó sin compasión. En Nombre de Dios y en La Palma llegó a perder el conocimiento a causa de la fiebre. Yendo de visita pastoral a San Miguel de la Borda, al bajar por una loma, resbaló y cayó. . . este percance le ocasionó muchas molestias por espacio de quince años y, en fin de cuentas, fue la causa de su muerte”

Puestos ya en estos planes de las construcciones digamos algo de las que se llevaron a cabo durante su régimen. Volvemos a copiar de la oración fúnebre: “Ahora contemplemos sus obras aquí en el Vicariato. Esta Catedral, la más hermosa de la república, no era más que un esqueleto cuando él llegó. No existían más que las paredes. Ahora tenemos este precioso altar mayor, esta bellísima imagen de la Inmaculada, esas vidrieras espléndidas, ese soberbio órgano, esos altares laterales de mármol.

Otro de los colaboradores de Monseñor Preciado escribe sobre el asunto: “Más de treinta (30) capillas, más la Catedral de Colón y la Iglesia del Carmen en la misma ciudad, levantada con su respaldo casi total económico, serán siempre un grandioso himno en su honor y una colosal sinfonía de cemento que resuenen en loa de su celo a su corazón: iCómo soñaba con su catedral! Los guías de turismo la ponen como la más grandiosa de Centro América”.

Casi no se podría decir cuál era la preferencia de su corazón. Todas las regiones del Vicariato gozaron de su generosidad: lo mismo los indios Kunas que los chocoes: así los cholos del Lago Catán como los negros de la costa atlántica: de igual manera los darienitas de la selva que los isleños del archipiélago de San Miguel de las Perlas. , . a todos miraba y a todos atendía con generosidad. CorazÓn noble, bullía en santa euforia cuando sentía la gratitud a sus desvelos apostólicos, cuando, los pueblos agradecidos le rendían homenaje filial, tanto en las visitas pastorales como en los grupos representativos delegados a pedir o agradecer a Su Excelencia en su residencia o en cartas particulares. Sólo Dios sabe cuánta plata haya gastado en la edificación de Iglesias y casas curales durante su pontificado. Yo estimo que sobrepasa el medio millón de dólares lo invertido en las distintas obras realizadas durante su actuación. ¿De dónde lo sacaba? Mucho le venía de la Extensión Society de Chicago. Todos saben lo buen amigo que era del Sr. Cardenal Strich y del Secretario General Monseñor O’Brien que de Dios gocen. Tanto como de la Extensión, lograba de sus muchísimos amigos a quienes pedía y pedía. . .  Había que ver las numerosísimas cartas que recibía, Y eso sí, a todas daba contestación, y sus amigos le agradecían mandándole dinero que sabían era la mejor paga a la amistad del buen amigo obispo que siempre los recibía cordial, sonriente y que’ con ellos no sabía de amarguras sino de delicadezas y francas confidencias. Donde hubiera entrado una vez el Obispo Preciado ya no salía: todos se lo apropiaban. Es que se hacía todo para todos y así ganaba a todos, cumpliéndose lo del apóstol de las gentes”.

Hecha y aceptada la renuncia de su oficio pastoral, se retiró el Obispo Preciado a vivir con los Misioneros de Estados Unidos en la casa de Los Angeles, conocida con el nombre de La Placita. Dejados el cargo y los honores, no renunció al trabajo en favor de sus queridas Misiones. De cuando en cuando iba a Chicago a recibir tratamientos en la clínica que allí tienen los Alexian Brotherg, de donde volvía como remozado pero la acción del tiempo iba minando su robusta naturaleza, atacada profundamente desde aquella caída o grave percance que sufrió en sus Misiones y justamente en los primeros meses. De ahí empezaron sus grandes padecimientos. En Madrid fue operado con éxito en la pierna, pero le quedó una cojera para el resto de su vida. Los dos últimos años fueron un continuo ir y venir a los hospitales. Para compañía suya hizo venir de España a un Sacerdote sobrino suyo y además, le atendieron con la frecuencia posible expertos doctores y diligentes enfermeras que ya no pudieron detener el desmoronamiento de su robusta naturaleza,

El 13 de julio a eso de las 6: 30 de la tarde dijo que quería morir. Un médico interno le puso una inyección para amortiguarle el dolor y durmió hasta las 9. Al despertar se le notó inquieto y agitado, sudaba profusamente, ya no hablaba bien ni daba señales de entender lo que se le decía. Así continuó hasta las 11 de la noche en que entregó su alma al Señor.

FIDEL ZAPATERO, C. M. F.

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