JOAQUÍN BESTUÉ

JOAQUIN BESTUE Y TORRES

Nació en Palo (Huesca) el 12 de Julio de 1872. Palo es el nombre de un pueblecito de esos que desdeñan los mapas geográficos. Civilmente pertenece a la provincia de Huesca, por tierras de Boltaña en la región de Sobrarbe. Eclesiásticamente forma parte de la diócesis de Barbastro. En este ignorado lugar vino al mundo el 12 de Julio de 1872, el que sería, corriendo los años, uno más de los ilustres hijos de aquellas montañas de que tan honrada se siente nuestra Congregación de Hijos del Inm. Corazón de María. Sus padres se llamaron Joaquín y Vicenta y formaban un matrimonio muy cristiano y que si no disfrutaba de riquezas, pues vivían del trabajo de sus manos como menestrales, eran generosos y des prendidos para dar al Señor el tesoro de sus hijos, que era su mejor tesoro. Dos de ellos, hiciéronse religiosos y fueron nuestro P. Joaquín Bestué y su hermana Vicenta, que abrazó la vida religiosa entre las religiosas Terciarias Carmelitas Descalzas, con el nombre de Vicenta de Jesús. Frisaba Joaquín en los 10 años, cuando, sintiendo la llamada de Dios, ingresó en nuestro colegio de Barbastro, en el que hizo los estudios de latinidad y complementarios, de conformidad con los programas de aquellos tiempos. Seguidamente, no teniendo la edad necesaria para comenzar el noviciado fue enviado al colegio de Vich: allí hizo el estudio de la filosofía; y cuando en 1888 pudo la Congregación disponer del edificio de la antigua universidad de Cervera, fue el P. J. Bestué uno de los primeros que pisaron aquellos benditos claustros, en que se han formado en la ciencia y en la virtud tantos centenares de nuestros misioneros, hasta el año fatal de 1936 en que hubo que abandonarlo.

Había terminado el estudio de la filosofía y cumplido sus 16 años cuando ese año de 1888 comenzó su noviciado en Cervera. El 16 de Agosto del año siguiente veía coronados sus anhelos de ser Hijo del Inmaculado Corazón de María, emitiendo su profesión, primera y perpetua en aquel tiempo. Allí mismo en Cervera, continuó sus estudios, cursando los de teología dogmática (1889-1892) y, cumplidos estos, pasó al colegio de Santo Domingo de la Calzada, en donde había de cursar la teología moral y el derecho canónico, poniendo fin a su carrera en 1894. Tenía 22 años al terminar los estudios y aunque había recibido la tonsura y las órdenes menores en Cervera en 1890 y el subdiaconado en Santo Domingo de la Calzada en 1893, hubo de aguardar al año 1895 para recibir el diaconado y el presbiterado. Le confirió la tonsura y las órdenes menores en Cervera, el entonces obispo de Urgell y príncipe de los Valles de Andorra y más tarde Cardenal, Mons. Salvador Casañas (28-IX-1890) ; el subdiaconado en Sto Domingo el obispo de Pamplona Mons. Antonio Ruiz Cabal (30-VII-1893); el diaconado, también en Sto Domingo, Mons. Mariano Supervía, obispo auxiliar de S. Emcia. el Cardenal Francisco Benavides, arzobispo de Zaragoza (13-I-1895); y finalmente el presbiterado lo recibió en Vitoria de manos de Mons. Ramón Fernández de Piérola y López de Luzuriaga, prelado de aquella diócesis, y en el oratorio del palacio episcopal.

Acabada su carrera siguió en Santo Domingo y cuando en 1897 se aceptó la fundación de S. Felice di Ciano fue destinado a la misma, permaneciendo en Italia hasta el año siguiente, en que levantada la casa, volvió de nuevo a España, con todos sus compañeros, entre los cuales se contaban el P. Nicolás García y el P. Anselmo Santesteban, que con el tiempo habían de ser Superior General el primero y Consultor General el segundo.

Poco después de su vuelta a España recibió el nuevo destino para la casa de Zafra, que entonces pertenecía a la provincia de Castilla (10-VII-1898) y allí siguió en el ejercicio de los sagrados ministerios hasta el año 1903, en que pasó a la casa de Almendralejo, también como predicador. En 1904 quiso su Provincial, el M. R.P. Isaac Burgos, encomendarle el superiorato de la casa de Jerez de los Caballeros; pero el P. Bestué tuvo dificultades para aceptar el cargo y a petición suya se le mandó a Portugal, unido entonces a la provincia de Castilla, para donde salía el día 5 de Febrero de aquel año 1904, con destino a la casa de Aldeia da Ponte y nombrado superior de la misma. Estando en Aldeia, concibió el proyecto de una fundación en Lisboa y, obtenido del P. Alsina el permiso para ocuparse de ello, dio los primeros pasos en orden a la fundación en aquella capital, que fueron coronados con feliz éxito, y de la que fue nombrado primer superior en 1905. En Lisboa trabajó mucho y bien hasta el año 1907 en que renunciaba al cargo de superior para pasar al Brasil, con destino a la casa de Campinas de la que había recibido el nombramiento de superior. Era en Agosto de 1907 y un año después (16-VII-1908) el Capítulo de los Superiores de la Cuasi Provincia del Brasil le elegía su primer Superior Cuasi-provincial, y el Rmo. P. M. Alsina, presidente del Capítulo, reconocía como buena su elección. Tenía el P. Bestué 36 años, y, en la plenitud de sus energías, se dio a trabajar por el bien de aquella su C. Provincia, que al quedar separada de la Argentina, a la que anteriormente había estado unida, sólo contaba con cuatro comunidades, veintisiete sacerdotes y diez hermanos coadjutores, y carecía de novicios, de estudiantes y de postulantes. No podían nutrirse muchas ilusiones de brillante porvenir disponiendo de tan pocos elementos para la conquista de las inmensas regiones del Brasil y dadas las dificultades que se encontraban por aquellos años, sobre todo para vencer las grandes distancias; pero ni al P. Bestué, ni a sus compañeros les faltó el ánimo para enfrentarse con los peligros y luchar a brazo partido para vencerlos.

De un diario encontrado entro los papeles del P. Bestué y que comienza el día mismo de la elección y termina el 31 de Enero de 1912, en el que se hace relación de los hechos principales de ese periodo, para presentarla al Capítulo General de 1912, se ve la mucha actividad desplegada para el desarrollo de aquella Cuasi Provincia. Comenzaron luego los viajes de exploración y visita de las casas, los ofrecimientos de nuevas fundaciones y la apertura de nuevas casas. Al mes de la elección ya fue una expedición de dos Padres a abrir la casa de Bahía (14-VIII-1908); en el mes de Septiembre se compraban los terrenos para la fundación de Méyer (15-IX-1908); y días después se embarcaba el P. en Río Janeiro, para ir a ver la casa de Porto Alegre, en barco incómodo para un viaje largo como aquel. A mitad de camino el P. cayó enfermo y antes de llegar a Porto Alegre hubo de parar en una casa de la Compañía de Jesús en un estado de depresión psíquica que hizo temer que perdiera el juicio; pero aunque lentamente fue recobrando la salud sin que el estado depresivo influyera notablemente durante aquel tiempo en el buen gobierno de la Cuasi Provincia brasileña. Parece que fue la ocasión la enfermedad llamada beriberi contraída en aquellos viajes, como me contó el H. Bladimiro Dueñas, que por entonces residía en el Brasil. A propósito de la enfermedad escribía el P, G. Palomera al Rmo. P. M. Alsina: « si el P. Provincial estuviese bueno no podríamos desear cosa meJor, pero como a mi ver no está bueno. ni creo que se ponga bueno cual conviene en poco tiempo, … creo… qup su cabeza no sirve para gobernar, salvo meliori, por causa de la enfermedad… ». Un mes después de esta carta del P. Palomera, escribía el mismo P, Bestué al Rmo. P. M. Alsina: « Sobre mi salud, ya le expliqué en anteriores cómo va. Ningún médico reconoce en mí enfermedad determinada; ni aun examinándome con los rayos X hallaron nada. Sólo encuentran que la alimentación es insuficiente y que debo reposar por lo menos nueve horas de descanso nocturno. Lo de las alucinaciones sólo aconteció en días de extremada debilidad (en un año tres veces) sin privarme por eso de los quehaceres ordinarios y estudios pendientes aunque fuesen pesados; y es todo sufrimiento interior o moral. Actualmente como cada dos o tres horas y me levanto a segunda hora y todos me dicen que he aumentado en carnes y fuerza. Quien sabe si Dios ha permitido que experimentase el cuidado que los superiores debemos tener de los enfermos, y cuánto ellos padecen sin que se note por los demás. Si este régimen hubiese seguido antes, nada hubiera ocurrido de Io que pasó, a juzgar por lo presente. Lo único que siento el mal ejemplo que se da a los demás. Bendito sea Dios. Es lo que me ocurre decir a V. Rma sobre lo que pregunta acerca de la salud ». (1).

Sobre la actuación del P, Bestué durante su gobierno, a pesar del poco halagüeño estado de su salud, podemos decir que con la elección del P. para Cuasi Provincial amaneció para el Brasil el gran día de esplendor que gracias a Dios continúa bajo la dirección de sus sucesores. .. se puso a trabajar con todo empeño… para robustecer lo ya existente y dilatar prudentemente el campo de acción de nuestros misioneros en aquellas dilatadas regiones. Siendo pocos los elementos de los que disponía por entonces la Cuasi Residencia del Brasil, no era posible aceptar muchas fundaciones de las que se ofrecían sin cesar, pero así y todo se hicieron algunas que han sido de grande importancia en la historia de aquella Provincia, como; Bahía, Belo Horizonte, Livramento y Río de Janeiro. Todo ello fue para él ocasión de grande actividad de viajes larguísimos, carteo epistolar frecuente, grandes preocupaciones y pérdida de la salud, contrayendo la peligrosa enfermedad del beriberi, que le dejó grandemente abatido y desanimado. Creyéndose por ende incapaz de cumplir su cargo como el creía que debía ser cumplido, ya en 1910 a los dos años de su elección para el cargo, presentó su renuncia al Gobierno General. No le fue admitida, y el Rmo. P. Alsina le confortaba y animaba a seguir haciendo la voluntad de Dios y a permanecer en su puesto hasta el próximo Capítulo General de 1912, en el que se cumplía el plazo de experimento concedido por la Santa Sede en la erección de la Cuasi Provincia.

Asistió al Capítulo General de año 1912, celebrado en Vich, como Superior Cuasi Provincial del Brasil; pero acabado este Capítulo en vez de volver a su Cuasi Provincia, continuó en España, por voluntad del Rmo. P. General, para reponerse completamente en su salud, y ya no volvió al Brasil; pues mes y medio más tarde fue nombrado Superior de la casa de Madrid (12-VII-1912).

Al mes de su elección para Superior de Madrid, proponía al Rmo. P. Alsina ciertas mejoras en la casa; el mes siguiente era la vez de las revistas, Ilustración del Clero e Iris de Paz de cuya deficiente administración se preocupaba; algunos meses más tarde, y por razones de economía, insinuaba al Rmo. P. General la idea de que la editorial estuviese instalada cerca de la residencia de la comunidad, y mejor todavía, que tuviese casa propia en nuestros solares. Pocos días después, una carta del P. Mata, Scrio Gral, le comunicaba la resolución del Gobierno Gral de que se edificase un ala «por todo lo ancho de la calle de Mendizábal, con planta baja, que servirá para la editorial, y con piso incomunicado con ella, que servirá para oficinas de la casa». Era esto en el mes de Marzo de 1913. En Abril proponía al P. Mata la instalación en nuestra iglesia de la Adoración Nocturna y le mandaba un plano para que ello no fuese molesto para la marcha independiente de la Comunidad. De esa proposición nació la Asociación de la Vela Eucarística en nuestra iglesia, con Exposición mayor diaria desde las 9 hasta el anochecer, con turnos continuos de adoración de parte de los socios. Para satisfacer el deseo de los bienhechores proponía también al P. Mata el admitir enterramientos en la cripta de nuestra iglesia de Madrid, y procuró la apertura de la residencia de la calle Colegiata, 11, para acudir con más eficacia comodidad al servicio de la catedral. A estas actividades internas juntaba la de los ministerios sagrados de confesionario y predicaci6n, entre tanto que la casa ampliada se disponía para morada del Gobierno General, cuyo traslado de Aranda a Madrid tuvo lugar el mes Octubre de 1913. En el primer Consejo celebrado en Madrid por Gobierno General se creó la Comisi6n permanente de Estudios, que presidia el M. R.P. Francisco Naval, y de la que el P. J. Bestué fue nombrado Vicepresidente. Sigui6 en Madrid algunos años todavía trabajando sin descanso, hasta que fue destinado a Roma como Superior de la comunidad de via Giulia.

Superior de Roma. — De Madrid fue enviado a Roma en 1919, como Superior de nuestra casa de via Ciulia, en la que residía nuestra Procurador General, y que era por entonces un pequeño centro de estudios eclesiásticos superiores para los pocos jóvenes de nuestra Congregación enviados a la ciudad para la obtención de grados académicos en la Universidades Romanas. Avezado ya al gobierno y a la administración desde muchos años antes, por sus empleos en España, Portugal y Brasil, fue siempre un elemento de primer orden en todos los asuntos que se fueron presentado sucesivamente a su llegada tanto en la comunidad como en la fundación y desarrollo de la Provincia Italiana, en todos los cuales hubo de tomar parte en alguna manera.

Llegaba a Roma el 14 de Enero de 1919 y en Roma siguió viviendo los 40 años que aún le quedaban de vida, sin que ni una sola vez repasase las fronteras de Italia. A poco de llegar se presentó a exámenes para conseguir las facultades ministeriales de confesar, que obtuvo regularmente a sus 47 años, y que habían de ser su ejercicio cotidiano durante los años 40 de su estancia en la ciudad eterna.

Como Superior fue esclavo de sus deberes, como siempre y en todo, procurando la fiel observancia de las Reglas y Disposiciones con su ejemplo en primer lugar y con la prudencia en poner los medios oportunos para conseguirla suavemente. Era bondadoso con los súbditos y para todos tuvo la misma medida, sin aceptación de personas, ni preferencias de ningún género y siempre sincero y leal. No entendía de dobleces de ánimo y creía que todos eran como él sinceros y leales; y tal vez fue esto causa de que por informes engañosos, creídos verdaderos, tomase alguna vez resoluciones que ciertamente habría evitado, de conocer a tiempo la falsía del informe.

La vida del P. Bestué desde 1919 a su llegada como Superior de la casa de Roma, se contiene en los siguientes términos:

  1. – Es nombrado Director Espiritual del Seminario Jurídico del Apolinar y confesor ordinario de algunas comunidades de religiosas. En esta ocasión el P. Bestué puso al Cardenal Pompili, Vicario de Roma, la dificultad para serlo, por nuestra Regla que lo prohíbe; pero el Cardenal llevó la cuestión al Papa, que le dispensó de la Regla.
  2. – Se celebró el Capítulo General de Vich, al que no asistió; pero tuvo en él algún voto para Consultor General. En diciembre expiraba el trienio de su Superiorato y en el nuevo gobierno local quedó como Ministro.
  3. – El Gobierno General le encargó la dirección de todo Io referente a la preparación de la Exposición Misionera Vaticana relativamente a los objetos de la Congregación.
  4. – Creada la Vice-Provincia Italiana, el P. Bestué fue nombrado Consultor II Vice-Provincial.
  5. – Fue nombrado Presidente del Comité Administrativo del Templo votivo de Roma y Tesorero de la Junta Central Administrativa del mismo.

Este mismo año la joven Vice-Provincia Italiana recibió la donación de Villa Mentuccia en Antrodoco (Aquila) y tocó al P. ponerla en condición de poder servir para colocar en ella el primer semillero del personal de la Vice-Provincia, abriendo el primer Postulantado de la misma.

  1. – Se cumplió el primer trienio de la Vice-Provincia Italiana y se renovaron los cargos y el P. Bestué fue reelegido ll Consultor Vice-Provincial. Hubo necesidad de abrir el primer noviciado de la Vice-Provincia y se alquiló el desocupado Seminario Diocesano de Albano Laziale y tocó de nuevo al P. Bestué el bregar para ponerlo en condiciones para que sirviese a su destino de Noviciado y al mismo tiempo de Postulantado, con la separación conveniente. Fue el primer Maestro de Novicios, aunque sólo temporalmente. A fines de este año era Prefecto del incipiente Colegio Internacional en vía Giulia.
  2. – La Vice-Provincia adquirió el colegio del Divin Salvatore de Frascati y de nuevo el P. Bestué hubo de poner a servicio de la Vice-Provincia su experiencia de fundador y de aposentador para que el colegio pudiese recibir a los Postulantes y Novicios de Albano, como se verificó a fines del año. En Diciembre y hacia el fin del mes volvió de nuevo a Roma.
  3. – Siguió en Roma, como Consultor II Vive-provincial, Secretario y Prefecto del grupo de Srs. Estudiantes del Colegio.
  4. – Después de dos trienios de experiencia la Vice-Provincia Italiana fue elevada a la categoría de Provincia y el P. Bestué fue elegido su primer Superior Provincial.
  5. – El Rmo. P. Nicolás García le nombró Visitador Delegado de la casa de Roma, en el Villino Claret, que era casa Generalicia y residencia del Procurador General por entonces.
  6. – Corno Provincial de Italia asistió al Capítulo General de Roma, celebrado en la casa de vía Giulia y en las votaciones Capitulares para cargos Generales tuvo muchos votos para Procurador General y algunos para Ministro General.
  7. – Concluido el sexenio de su Provincialato, quedó como Consultor I del nuevo Gobierno Provincial; pero pasando provisoriamente a la casa de via Giulia, para encargarse de la Prefectura del Colegio. Duró en el cargo de Prefecto y al mismo tiempo de Consultor local de via Giulia, hasta que vuelto el M. R.P. Ezequiel Villarroya de la Visita Generalicia de la Provincia de Chile, se encargó de la Prefectura de Colegio y pudo el P. Bestué volver a la curia provincial en el Villino Claret.
  8. – Se celebró el Capítulo General de Albano Laziale para dar un sucesor al Rmo. P. Maroto y el P. Bestué asistió a él como delegado de la Provincia Italiana.
  9. – Fue nombrado Socio del Procurador General, que lo era el M. R.P. Juan Postíus.
  10. – Celebró en el Villino Claret sus bodas de oro de Profesión religiosa y al cargo de Consultor I Provincial se le añadió el de Superior local.
  11. – Terminado el segundo sexenio de la Provincia hubo renovación de los cargos Provinciales y el P. fue nombrado de nuevo Consultor I Provincial.
  12. – Celebró el 8 de Junio sus bodas de oro sacerdotales y, el día 16 del mismo mes, el nuevo Gobierno Provincial le confirmó en el cargo de Superior del Villino Claret. Tenía el P. 71 años y fue un período molesto para él por la enfermedad de las cataratas, que le impedían muchas de sus actividades.
  13. – Cesó en el cargo de Superior local, continuando en el de Consultor Provincial.
  14. – Hubo nuevo cambio del Gobierno Provincial; pero el P. continuó con el cargo de Consultor Provincial del nuevo Gobierno, aunque ya tenía 76 años.

Commentarium pro Religiosis. — A fines de 1919 y después de una larga gestación de varios años, el Rmo. P. Martín Alsina decidió que con el año 1920 se comenzara a publicar la revista Commentarium pro Religiosis, ideada de mucho tiempo atrás por el ahora Emmo. P. A. Larraona. Fue nombrado primer Director-Administrador el P. J. Bestué, cosa extraña en verdad, pues a pesar de su nota de Meritissimus en Derecho como discípulo del P. Manuel Pardinilla, en el colegio de Santo Domingo de la Calzada en 1894, no estaba en 1920, después de 26 años y de la codificación del Derecho Canónico, para desempeñar el oficio de Director técnico. Sin embargo fue su dirección de fundamental importancia para poner en marcha la revista; pues tenía el P. Bestué la gran ventaja de la experiencia en los menesteres de administración de revistas, con su tanto de práctica adquirida en el Brasil en la redacción del Ave Maria, y en Madrid en la del Iris de Paz e Ilustración del Clero. Sobre él cayó el peso de la propaganda, expedición, cobros, reclamaciones, impresión, archivo, registración, etc., gracias a su callada actividad se pudo poner en marcha la máquina de la administración, que mejorada más y más cada día, según lo fueron permitiendo las circunstancias, dura hasta nuestros días.

Templo Votivo. —— Otro campo en el que el P. trabajó con entusiasmo fue el del Templo Votivo al Inmaculado Corazón de María en Roma. Como en el Commentarium pro Religiosis, le tocó el hueso más duro del trabajo, oculto y entre bastidores, de propaganda, administración, registro de entradas y salidas, correspondencia, movimiento de bancos, cobros, pagos y todo ese teje maneje tan importante y molesto en sí, como saben cuantos lo han experimentado. Siendo él Superior de Roma, se nos hizo el ofrecimiento de la obra (1922) siendo Provincial de Italia, se abrió al culto la cripta (1934) en la que hizo de penitenciario hasta poco antes de su muerte (1959) y en todo ese tiempo contribuyó con sus actividades y sufrimientos a que la obra pudiera llegar al estado en que ahora se encuentra.

Superior Provincial. – Cuando el Gobierno General creyó que la Vice-Provincia Italiana, después de seis años de vida, podía ser elevada a la categoría de Provincia, fue el P. J. Bestué el destinado a ser su primer Superior Provincial. Tenía el P. la madurez de la persona a los 58 años y la experiencia del gobierno de la Vice-Provincia del Brasil, de la misma Italiana, de la que fue Consultor todo el sexenio de la vida de la misma (1924-1930), y de muchas comunidades, como Roma, Madrid, Aldeia, Lisboa, Campinas, a lo que juntaba la experimentada y constante observancia regular que podía servir de modelo a sus subordinados, y mucha ecuanimidad.

En el momento de la erección contaba la Provincia con 7 comunidades: Roma, Trieste, Ladíspoli, Tricárico, Cajazzo, Antrodoco y Frascati y aunque el personal era poco en sí y menos considerando las aspiraciones que brotaban pujantes en los ánimos de todos sus componentes en orden a hacer de Italia una gran Provincia de la Congregación, gozaba sin embargo de los elementos esenciales necesarios para su rápido desenvolvimiento; pues, gracias a los desvelos de los anteriores gobiernos Viceprovinciales, funcionaban satisfactoriamente los semilleros de dos Postulantados y del Noviciado, que ya habían dado sus primeros frutos.

Aunque los graves problemas de la vida de la nueva Provincia eran muchos y preocupantes, el P. Bestué se cuidó sobre todo del grande problema de la formación espiritual, como base esencial para fundar sólidamente la Provincia. A seguida de su creación vio la luz el Bolettino Provinciale y por su medio fue publicando sus Circulares de exhortación al fomento de la vida interior, oración, mortificación, piedad eucarística y mariana, actividad ministerial, observancia, obediencia, amor a la Congregación y a sus tradiciones, etc. A las exhortaciones de carácter común en Circulares y ejercicios espirituales o pláticas a las Comunidades añadía la corrección personal de quien la necesitaba, fuera Superior o súbdito y con claridad y precisión, aunque siempre con amor. El P. Bestué espiritualmente era un espíritu algo alcantarino y corregía cosas que tal vez no eran tan urgentes, ni de importancia, pero no por eso dejaba de hacerlo, aun sabiendo que no es manera de hacerse amigos y sí de perder simpatías; pues como no era ambicioso de cargos, no miraba a ganarse voluntades y a multiplicar partidarios que le ayudasen a conseguirlos ni a conservarlos.

Durante su gobierno la Provincia fue resolviendo sus más graves problemas de fundación. Ya en 1930 se podía establecer en Albano (Seminario) el curso regular interno de Filosofía, en 1935 en Frascati el curso regular de Teología, con siete alumnos. Este mismo año 1935 tuvo el consuelo de ver subir a ofrecer el sacrificio del altar el primer sacerdote de la joven Provincia y celebrar el primer Capítulo Provincial Ordinario.

El escaso personal de la Provincia fue aumentado con el venido de España, se ofrecieron muchas fundaciones y se aceptaron algunas, se cerraron algunas casas sin vida y se abrieron algunas otras de mayores esperanzas y la Casa Provincial, después del Capítulo General de Roma (1934), pasó de via Giulia al Villino Claret, porque el Rmo. P. Maroto puso en via Ciulia la Sede de la Curia General de la Congregación.

En 1933 la Provincia consiguió la personalidad jurídica de parte del Estado Italiano y en 1934 abierta la cripta del Templo Votivo, se encargó de todo lo referente al culto de la misma y a los ministerios sagrados.

Al fin del sexenio, si no en estado perfecto, la Provincia podía tentar ya cosas mayores, preparada para su perfecta actividad y consolidación interna y externa.

Confesor. – Entre los trabajos ministeriales es el del confesionario el más modesto y molesto, pero el más eficaz y santificador y como el complemento de los otros ministerios sagrados. El P., que, como se ha dicho, hubo de predicar en español, italiano y portugués, ejercitó también el confesionario en esas lenguas ya desde joven; pero en ninguna parte como en Italia y en Roma; en donde si bien usó principalmente el italiano, tuvo que emplear no poco el español y aun el portugués; pues fue confesor de nuestras iglesias por Italia y de muchas comunidades de lengua española y de colegios italianos y portugueses.

Se presentó, como se dijo, a exámenes para confesar a poco de su llegada a Roma y, obtenida regularmente esta licencia, siguió ejercitándola constantemente hasta pocos meses antes de su muerte durante los 40 años de su estancia en Roma. Fue confesor del Pontificio Colegio Portugués, del Colegio Jurídico del Apolinar, del colegio del Mascherone, y de muchas comunidades de religiosas italianas y españolas y sud-americanas y esto ya como confesor ordinario ya como extraordinario y por muchísimos años en algunas de tales comunidades.

Virtudes. — Se estiman mucho los talentos y gracias naturales, el  buen entendimiento, los muchos conocimientos científicos, la gallar-  da presencia, la buena gracia y facundia en el expresar los propios conceptos y otras cosas parecidas de esas que saltan al exterior y llaman la atención; pero con frecuencia se tienen poco en cuenta, aun  entre religiosos, aquellas otras que se esconden como la violeta entre  la yerba, y que son de no menor valor y eficacia que las otras, cuando  se desenvuelven en su propio campo. ¿Quién aprecia, si no es por utilidad que de ello le puede venir, la constancia en el trabajo humilde, sacrificado, modesto, difícil, que no se ve, ni aparece al público, que no hace ruido, ni llama la atención? Y, sin embargo, es  éste un valor frecuentemente mucho más eficaz y de mayor utilidad,  para el bien común sobre todo, y aun para el particular de quien lo ejecuta, en el orden del espíritu por lo menos, y por lo mismo sin  comparación más estimable que el brillo puramente externo de quien  a sus cualidades naturales o adquiridas no une el precio más estimable de las virtudes vividas con suma constancia hasta el fin, que son  las que viven los santos, los héroes de verdad, los que con ellas iluminan el cielo de la Iglesia Católica. Tal fue el P. Bestué, porque si fue religioso distinguido por las varias actividades en los campos en que sucesivamente le fue colocando la obediencia, lo fue en mucho mayor grado en el terreno de las virtudes que exige la vida de comunidad. Tuvo siempre muy presente en la memoria aquella promesa que todos hacemos en nuestra Profesión de observar las santas Constituciones con todo el cuidado posible y es de creer que cada día renovaría, como también se nos recomienda en las mismas, el propósito de progreso espiritual. Sería fácil llenar muchas páginas trasladando al papel la relación de los ejemplos que de ellas nos dejó, pero sin llegar a ello en este lugar, no podemos menos de notar su humildad y modestia, su caridad, su amor a la Congregación, su paciencia, y obediencia, su actividad incansable, su fervor, su mortificación, el espíritu de pobreza, su fervor y recogimiento habituales, etc. Fue en verdad un modelo de Hijos del Inm. Corazón de María, de esos que de cuando en cuando por el resplandor de sus virtudes brillan como estrellas de primera magnitud en el cielo de nuestra Congregación.

La piedad, que es útil para todo, en expresión de S. Pablo, fue una de las notas distintivas del P. Bestué. Era una piedad eucarística y mariana, como corresponde a un Hijo del Corazón de María y discípulo del sagrario viviente S. Antonio María Claret. Su piedad mariana tuvo ya su principio en el pueblo natal y a la sombra del santuario local dedicado a Nuestra Señora de Bruis. Su piedad eucarística se desarrolló en la Congregación, desde su primera Comunión que hizo, ya postulante, en Barbastro, hasta su muerte. Superior de Madrid, quiso establecer en nuestra iglesia la Adoración Nocturna y procuró, en las obras que hubo de realizar para el traslado del Gobierno General a dicha ciudad, que hubiese una tribuna de la casa a la iglesia, para facilitar las visitas al Ssmo. Sacramento. En Roma sobre todo era cosa manifiesta la frecuencia y devoción con que hacía sus visitas y asistía a los actos de piedad comunes, y celebrada la Santa Misa y daba gracias después de celebrar o servía la Misa a algún otro Padre.

Fue grande su rectitud de intención en cuanto emprendía, mirando más a la gloria de Dios que al medro o comodidad personal. Escribiendo al P. José Mata desde Lisboa en 1907 sobre nuestros ministerios en aquella gran ciudad, le decía: «Nuestra acción tendrá que ser humilde, oculta y laboriosa, pero siempre se hará algo por la gloria de Dios y del Inmaculado Corazón de María

Siendo Viceprovincial del Brasil escribía en 1909 al P. Antonio Naval: «Les hablo siempre de espíritu interior, del ejercicio de la mortificación, de la oración

Puso singular cuidado en la práctica de la caridad fraterna, de obra, cumpliendo exactamente sus cargos, aun cuando eran molestos, pues no cabe duda que es en esto donde más y mejor se practica esta virtud, y ayudando además a los otros en cuanto podía. Se echaba más de ver sin embargo la práctica de esta virtud en el cuidado con que procuraba evitar los muchos defectos que contra la misma se pueden cometer sobre todo en el uso de la lengua, cuando la natural ligereza o la malicia en ocasiones, no tienen el contrapeso de la reflexión y del buen juicio, para saber disimular defectos ajenos o echarlos a buena parte.

Tuvo ciertamente en su larga vida y en el desempeño de los cargos que hubo de cumplir, ocasiones mil de experimentar, ver y saber cosas de esas que a veces son por desgracia la comidilla de los corrillos; pero no era el P. Bestué para traer a cuento tales cosas, si podían ser en desdoro de alguno, ni para descargar acaso las amarguras del ánimo, abriendo las compuertas del corazón para desaguarlo, haciendo el recuento de algún mal rato pasado y represado.

Brillaba su humildad en el cuidado exquisito que ponía en no hablar de sí mismo y en dejar libre el paso a quienes, tal vez presuntuosamente, querían irle delante, aun cuando les tocaba irle de-  trás. Las notas de sobresaliente con que le calificaron en Santo Do-  mingo de la Calzada sus profesores de Moral y Derecho, los PP. José Busquet y Manuel Pardinilla, en sus dos últimos años de la carrera, al par de sus compañeros de clase, PP, Nicolás García, Eduardo Gómez, Julián Munárriz, etc. son argumento claro de la capacidad intelectual del P. Bestué; pero esto que, como suele suceder muchas veces, habría sido en otros ocasión de envanecerse, no fue en él motivo de vanidad, ni de engreimiento, ni de querer figurar, por lo que algunos superficiales observadores, de esos que tal vez confunden el  peso con el volumen de las cosas y personas, le creyeron menos ca-  paz en ocasiones. Esta opinión poco favorable de algunos hacia su persona, no se ocultaba a su natural perspicacia; pero no fue ello bastante a fomentar en su alma resentimiento alguno, ni ocasión de querer hacer valer su persona poniendo de manifiesto, como habría podido hacerlo, mucho de lo que ampliamente le favorecía, por sus actividades en los diversos campos que había cultivado plausiblemente en las varias naciones en que le tocó ejercitar sus cargos y ministerios sagrados. Procuraba en todo pasar desapercibido y no ser ni oído ni visto, como suele decirse, y no molestar a nadie, ni hacer ruido, ni llamar la atención para nada. ¡Aun al encender o apagar las luces eléctricas lo hacía de manera que no se sintiese el ruido de los interruptores!

Se echó de ver su humildad principalmente en el poco aprecio que hacía de los cargos, que a tantos vuelven la cabeza, especialmente en la juventud. Uno de los primeros cargos de gobierno que tuvo fue el de Consultor local de la casa de Almendralejo, del que presentó la renuncia a su P. Provincial, quien no quiso aceptarla, por lo cual acudió al Rmo. P. Serrat para que se la aceptase. Poco después fue nombrado Superior de la casa de Jerez y tampoco aceptó, y prefirió ir a la más humilde de Aldeia da Ponte en Portugal; pero también renunció algún tiempo después a este superiorato como renunció luego al de Lisboa por dos veces y más tarde al cargo de Viceprovincial del Brasil. En esta ocasión fue por motivos de salud; pero en las otras dichas alegaba generalmente su limitada capacidad para llevar adelante las obras, su mala fortuna, como él la llamaba, en los negocios y su ineptitud para ellos, según su modo de ver y de juzgarse a sí mismo.

Tuvo grande amor a la pobreza religiosa y se notaba su espíritu de pobreza especialmente en aprovechar las cosas de su uso todo lo posible. Le había tocado vivir en tiempos y casas en que esta virtud reinaba soberana y obligaba a cosas que a muchos actualmente parecían increíbles. Evitaba gastos inútiles y miraba siempre a la economía y procuraba el ahorro en cuanto era dable. Muchos borradores de apuntes personales ocasionales para conservar algún recuerdo de interés, en los últimos tiempos sobre todo, los hacía en papel de sobres o de fajas de correos.

Con todo y ser de carácter naturalmente vivo, que por lo mismo es inclinado a la rapidez en el obrar sin trabas y sin esperas no previstas al comenzar el trabajo, o a dejar cosas comenzadas cuando se ofrece alguna dificultad para la ejecución rápida imaginaria, y fácil en manifestar el descontento del ánimo en las esperas forzosas y en prorrumpir en quejas en los momentos de dolor, el P. Bestué, por el contrario era paciente y constante en la ejecución de los trabajos más molestos, sin manifestar nerviosismo o prisas por acabarlos de cualquier modo.

Sin embargo donde más se manifestó la paciencia del P. fue en las enfermedades, con que el Señor quiso probarle en los últimos lustros de su vida y en las pruebas de su espíritu. Padeció muchos años la enfermedad de las cataratas y esto le ocasionó grandísimas molestias; pues le impedía ocuparse, le obligaba a reconcentrarse con peligro de caer en un estado de depresión moral, fue motivo de caídas y roturas de huesos, de tropiezos y heridas peligrosas, que le tuvieron postrado mucho tiempo, con las molestias consiguientes que se pueden adivinar. A ello se añadió más tarde la pérdida de los dientes, que no quiso remediar, porque le parecía que no valía la pena hacer un gasto, que estimaba muy notable para el poco tiempo que pensaba había de vivir, y por otra parte creyendo en su humildad que no lo ganaba, estando como estaba reducido ya a una actividad mínima, por los achaques de los muchos años, si bien pasaba sus horas en el confesionario, mientras pudo tenerse en pie y corría por su cuenta la molesta ocupación del recuento de las limosnas de los cepillos y de las colectas del Templo Votivo.

Con paciencia benedictina se entretenía sobre todo en los últimos años (1953-1959), en ese quehacer, ocupando en ello, antes de que los viejos billetes de banco fuesen sustituidos por monedas metálicas, una buena parte de la semana. Era en efecto muy molesto, cuando las monedas aun las pequeñas eran de papel, haber de contar esos pequeños billetes arrugados y sebosos, que se habían de estirar, remendar, distribuir en paquetes contados, para que el banco los cambiase en otros mayores.

Se distinguió siempre por su laboriosidad. El P. Bestué no conocía el ocio, y como dicen las Reglas, estaba siempre ocupado en trabajos intelectuales o manuales. Aun en los recreos en casa, sobre todo   A partir del anterior fascículo quedó en tiempos de calores, se le veía ocupado útilmente engarzando rosarios, para lo que tenía grande maestría, y en los recreos, aun en el de la noche, llevó a cabo la catalogación de la biblioteca de via Giulia, siendo Superior de la casa.

Fácil cosa sería continuar entretejiendo espirituales ramilletes, con los ejemplos del P. en otros campos a los que ni siquiera he aludido. Dejémoslo para el que con tiempo haga su biografía, que ciertamente podría ser instrumento de santificación para muchos. Material hay en los archivos para poderla componer.

Con la muerte del P. Bestué perdió la Congregación y la Provincia Italiana un gran Misionero. Se le tenía por los que mejor le conocían por un santo. Que el Señor envíe a la Congregación muchos otros semejantes que la mantengan permanentemente en la observan primitiva que el P. tan fielmente practicó.

JESUS LOPEZ ALIJARDE, C.M.F.

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