JESÚS SERRANO

JESÚS SERRANO

Monseñor Serrano nació el 25 de mayo de 1902 en la ciudad navarra de Corella, España. Ingresó en el seminario claretiano de Barbastro el 1 de septiembre de 1913, a la edad de 11 años. Profesó en la Congregación de Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María el 15 de Agosto de 1918. Cursó las facultades de filosofía y teología en la antigua Universidad de Cervera. Fue ordenado sacerdote el 29 de mayo de 12926 y llegó a Panamá el 216 de marzo de 1928 para iniciar, de inmediato, sus correrías apostólicas por las costas atlánticas de Colón hasta que se lo impidieron las fiebres malarias.

Fue nombrado Párroco de la Iglesia de Cristo Rey, recién inaugurada en la ciudad Capital, el 15 de julio de 1936, cargo que ejerció durante tres períodos (nueve años) en los cuales completó el adorno de la Iglesia y construyó el salón parroquial. El nuevo Párroco puso especial interés en la fundación y desarrollo de la Acción Católica parroquial, una de las instituciones más prestigiosas de aquel entonces que con tanto entusiasmo promovió Su Santidad Pío XI.

Durante 13 años fue Profesor de Religión del Colegio Internacional de María Inmaculada y, por seis años, Consiliario de la Acción Católica Arquidiocesana, atendiendo a la vez, aunque por un corto período, la secretaría de la Nunciatura Apostólica.

En todo este tiempo, acompañado siempre por el padre Manuel Prada, llevó a su más alto prestigio la Parroquia de Cristo Rey, haciendo de ella el centro de evangelización y espiritualidad más importante de la ciudad Capital. El prestigioso binomio Serrano-Prada se hizo famoso en toda la República.

En 1942 fue nombrado Visitador de Panamá, dependiente de la provincia Claretiana de Estados Unidos y en 1952 fue reiterado su nombramiento de Visitador de Centroamérica, ahora independiente de Estados Unidos. En 1953 se trasladó a Costa Rica con el cargo de primer Superior y Director de la Casa Arquidiocesana de Ejercicios Espirituales en San José. El 29 de abril de 1956 era preconizado Obispo Titular de Hypselis y Vicario Apostólico de Darién y retoraba a Panamá. El 22 de agosto de ese mismo año fue consagrado por el nuncio de Su Santidad, Paul Bernier, en el Santuario Nacional del Corazón de María de Panamá.

El nuevo Vicario Apostólico inició su tarea con mucho entusiasmo pasando revista a todas las comunidades de Colón, Darién y Kuna Yala. Construyó capillas en Ciricito, Los Uveros, Cuipo y Vinotinto en el Lago; Río Indio y Coclé del Norte en el distrito de Donoso; Boca de Cupe y Punta Patiño en Darién; Tikantiki y Tupile en la Comarca de Kuna Yala.

En Ustupu levantó una residencia para los misioneros claretianos, otras para las misioneras franciscanas y una gran iglesia. Igualmente en Mulatupu, erigió sendas residencias para misioneros y misioneras, una hermosa iglesia y el equipo de misioneros fue enriquecido con una comunidad de misioneras Lauritas. Años después Monseñor Serrano inauguraba, en el mismo Mulatupu, un moderno hospital, servido por un doctor y tres enfermeros, todos ellos Claretianos.

El Obispo Serrano tuvo también el honor de ordenar al primer sacerdote indio kuna en la persona del padre Ibelele, misionero claretiano.

Por otro lado, en La Palma, Darién, construyó una residencia para las Misioneras Claretianas quienes durante muchos años combinaron las faenas pastorales con la dirección y formación de niñas indígenas en un internado de especial predilección para Monseñor. En la propia ciudad de Colón, Monseñor Serrano estableció las Religiosas de la Comunicación Social, para la enseñanza del catecismo en el Vicariato. Fundó la Escuela de Catequistas, que durante cuatro años logró graduar cerca de doscientos catequistas. Restauró y decoró la catedral que posteriormente fue consagrada con gran solemnidad por el Cardenal Larraona, el 9 de junio de 1962.

Con grandes ilusiones construyó el Centro Social Claret, frente a la Catedral, que ha servido para muchas cosas, incluso para acoger en diversas ocasiones a los damnificados por el fuego, cosa frecuente en Colón y otros desastres de la naturaleza. En ese edificio estuvo ubicada durante años la Escuela primaria San Vicente de Paul y, posteriormente, la Universidad Santa María la Antigua hasta su definitiva ubicación en Margarita.

El Centro de El Tabor es otro especial recuerdo que nos queda de Monseñor Serrano y, en este caso, de su fe y devoción por los Cursillos de Cristiandad.

Al iniciar Monseñor Serrano su pastoreo espiritual en tierra que le era tan conocida y querida, cifró su preocupación en los siguientes hitos:

–           Aumentar las fuerzas evangelizadoras,

–           Organizar y promover los movimientos de apostolado de toda clase.

–           Preparar dirigentes,

Todo ello para intentar que la iglesia tuviese cada día mayor influencia en la vida del necesitado pueblo colonense y, en general, de todo el Vicariato.

Ciertamente que todas estas actividades no las podría haber realizado un Obispo, por animoso y creativo que fuese, sin la ayuda eficiente del equipo misionero, integrado por claretianos y paulinos y el grupo de religiosos, religiosas y laicos que le rodeaban; sin embargo el Pastor es quien tiene que animar a su equipo y, al fin de cuentas, responsabilizares de todo. Afortunadamente nada le faltó, en este sentido, a Monseñor Serrano.

Pero su principal característica fue su profunda piedad. Monseñor Serrano siempre inspiraba mucha paz y un halo de espiritualidad rodeaba todas sus acciones; de ahí la fama de santo que dejó en el pueblo, y así lo recuerdan frecuentemente: “Monseñor Serrano era un santo”, venerado, incluso, y muy especialmente, por el general Torrijos quien en sus frecuentes correrías por Colón siempre se acercaba a Monseñor para recibir un consejo, o por lo menos, su bendición que, por cierto, harto la necesitaba.

Por parte de este humilde sucesor, no me queda más que emularle en su santidad, en su trato, delicado siempre con todos, y en esa inolvidable paz que sentía en todo momento y perfumaba toda su persona.

Descanse en paz, querido Pastor, porque has llegado a compartir el gozo de tu Señor como servidor fiel y has dejado tu corazón entre los colonenses.

+ Carlos María Ariz, cmf.

Obispo de Colón-Kuna Yala