Francisco Sanz

Rvmo. P. Francisco Sanz y Pascual

Tercer Prefecto Apostólico del Chocó.

(1883 – 1961)

21 de Junio de 1.961 – Medellín

– Nació en Veganzomes, Segovia, el 16 de Junio de 1883.

– Profesó en la Congregación Claretiana el 15 de Agosto de 1903, en Segovia.

– Ordenado Sacerdote en Santo Domingo de la Calzada el 16 de Julio de 1911.

– Destinado a la Misión del Chocó en Colombia, llega a Quibdó el 3 de Julio de 1912.

– Visitador General de la Provincia de Colombia en 1930.

– Designado Prefecto Apostólico del Chocó en Febrero 27 de 1931.

– Cesa en su cargo en 1953.

– Muere en Medellín el 21 de Junio de 1961.

La comarca de Segovia, triguera y pastoril, hecha a los rigores extremos del invierno y del verano, curtidora de hombres recios y derecheros, fue la patria chica del misionero y prelado claretiano Francisco Sanz, como lo fuera de otros misioneros famosos: Eusebio Sacristán, Mariano Fernández y Felipe Maroto…

Cuentan que Francisco Sanz, pastorzuelo en su nativa aldea de Veganzomes, se presentó en las puertas del seminario claretiano de Segovia, «llevando su vara de pastor…». Símbolo quizás involuntario pero premonitorio del posterior pastoreo espiritual a que el Señor lo destinaba y que él interpretara con acierto al estampar en su escudo pastoril: «Da mihi animas, cetera tolle…».

Su compañero de estudios, el veterano misionero Benito Prada, lo evoca así:

«Lo conocí en Segovia en los primeros años del siglo, cuando estudiábamos en el Postulantado. Y, en cuanto a su comportamiento, a su vida de ejemplaridad y de observancia, he de decirle que fue algo singular y fuera de lo ordinario: observantísimo en grado superlativo. Nos llamaba la atención por su fervor y piedad, estimado y muy querido de todos por su sencillez y caridad fraterna, y santa alegría que manifestaba en su habitual sonrisa.

Muy estudioso y cumplidor de su deber. En su proceder manifestaba mucha energía y fortaleza, con dominio de sí mismo. En una «palabra, el señor Sanz era tenido por modelo de religiosos y, como antes apuntábamos, por algo fuera de lo ordinario y favorecido de Dios con gracias especiales».

No he querido suprimir ni una sola palabra de ese valioso testimonio…

Puede que «su habitual sonrisa», sea más bien una apreciación indulgente del P. Prada. Por lo que fuera después el P. Sanz, hubiera cuadrado mejor “su habitual seriedad de carácter”.

Hoja de vida en Colombia

Ungido para el santo sacerdocio -16 de Julio de 1911- y cursado el año de pastoral de Aranda de Duero, de Julio de ese mismo año a Mayo de 1912, recibe destino para la misión del Chocó a cuya capital, Quibdó, arriba el 3 de julio.

Viene en la octava expedición que el P. Alsina, Superior General, envía a esa ardua y necesitada comarca: Son tres Franciscos: Gutiérrez, designado segundo Prefecto Apostólico; Sanz, que años adelante lo sería; García que fue un excelente buscador y promotor de las vocaciones colombianas; y Salvador Miró, infatigable predicador; y los hermanos Benet y Magem, de virtuosa fama.

En la travesía del mar todos ellos cantaron unas coplas bonitas que decían:

Yo te saludo, Colombia,

patria de mi vocación:

mañana quizás te bañe

con sangre del corazón.

A las puertas del Chocó

escribió su ángel un día:

Esto daré en posesión

a los hijos de María.

 Dios me enlaza a tus destinos,

uno es nuestro porvenir.

Toma mi vida, Colombia,

si ella te ha de servir…»

Ciertamente tomó esa vida y ciertamente le sirvieron con entrega ejemplar.

Sólo uno de ellos regresó a España a morir allá, pero extenuado de fuerzas y con una implacable nostalgia: el P. Francisco García. Murió añorando su Chocó. El itinerario del P. Sanz en Colombia fue el siguiente:

Llegado a Quibdó en Julio de 1912, a cosa de un mes emprendió una famosa excursión misionera al Golfo de Urabá. Azotado por el paludismo, en Septiembre de 1913 fue destinado a fundar la comunidad claretiana de Jericó, en donde pasó días felices por el clima geográfico y humano de la ciudad, siempre grata a los misioneros. En 1914, el P. Alsina resuelve que retorne a Quibdó.

Su respuesta fue así: «Yo estoy muy bien en Jericó y prefiero estos ministerios; pero en todo estoy a lo que disponga su Rvma.». Fue siempre un religioso abnegado y disponible. De Quibdó pasó a Carmen de Atrato, otra ciudad amable; y en el segundo semestre de 1916 a Cartagena de Indias. En 1917 recorre toda la extensa región de Pueblorrico -Caldas (hoy Risaralda)- como superior y párroco. Estos mismos cargos ejercerá en Girardot, por espacio de cinco años, de 1918 a 1923.

Por sus virtudes y cualidades es destinado a Bogotá, como consultor y ministro de la Provincia Colombiana y a trechos de la comunidad del Voto Nacional. De 1926 a 1928 reside en Zipaquirá, como Superior y Rector del Colegio Nacional San Luis Gonzaga. Allí más de puertas adentro que de puertas afuera, encuentra dificultades y amarguras. Pero el Gobierno General de la Congregación lo aprecia y valora; y en 1930 lo designa visitador General de la Provincia.

En esas se encuentra cuando lo sorprende el nombramiento de Prefecto Apostólico del Chocó, mediante decreto de la Sda. Congregación de Propaganda Fide, fechado el 27 de Febrero de 1931. En 1937 asiste al Capítulo General de Roma.

Después de 22 años de regir esa difícil Prefectura, ya elevada en 1953 a Vicariato Apostólico, el P. Sanz se reintegra a la Provincia como humilde misionero. Trabaja en Pereira en 1953 a 1954; en Jericó como superior de 1954 a 1957; en Cali como enfermo, y finalmente en Medellín, desde Diciembre de 1957 hasta Junio de 1961, en que santamente fallece. Contaba 78 años y le faltaban unas semanas para celebrar sus 50 años de sacerdocio.

Misionero en Cartagena de Indias y Pueblorrico

En la Crónica local de Cartagena de Indias se apunta: «22 de Enero de 1916. Llega el M.R.P. Provincial con el P. Sanz, le nombra ministro local. 23 de Marzo de 1917: el P. Sanz pasa a Pueblorrico como superior: durante este tiempo se ha ejercitado mucho en predicaciones, tanto en la iglesia de Santo Toribio y en la ciudad, como en distintas poblaciones: La Popa, Magangué, Sabanalarga, La Punta, Lorica, Arenal, Villanueva y otras. Triduos, novenas, ejercicios. Era muy aceptada su predicación y a todos edificó con su buen espíritu, no obstante su terquedad en algunas cosas», apunta el P. Anglés.

Misionar en estas tierras de ardiente temperatura y de reconocida frialdad religiosa exige fuertes dosis de sacrificio y de celo. El P. Sanz lo hizo ya en Cartagena, ya en Pueblo Rico, región selvosa y fluvial, carente de comodidades, pero en la cual los claretianos cumplieron una excelente labor apostólica, cultural y cívica.

Párroco de Girardot y Misionero Itinerante

Desde el 14 de Enero de 1918 hasta el 23 de Julio de 1923 el P. Francisco Sanz fue superior y párroco de Girardot. El cronista de esta comunidad dice que «realizó obras capaces de inmortalizar a cualquier hombre» tanto en lo material como en lo espiritual; y que al despedirse en Julio del 23 para subir a Bogotá a desempeñar la secretaría de la provincia Colombiana, hubo manifestación de caballeros y de damas ante el Señor Arzobispo para que no los privaran del pastoreo del P. Sanz, que se había granjeado el aprecio de la ciudadanía.

Pero claretiano de estirpe, fue también misionero itinerante y compartió las famosas misiones que por esos años se dieron en el Huila.

De una de ellas, predicaba en compañía del P. Francisco Broto, uncioso predicador, nos ha proporcionado éste un valioso testimonio.

«De la de Dolores recuerdo dos episodios. Fui de Bogotá a Girardot, donde emprendimos juntos el viaje en tren. En Espinal trasbordamos al tren del Huila, que no llegaba entonces sino hasta el Guamo. Aquí tomamos las bestias y empezamos a caminar por una larga llanura, primero íbamos juntos, pero pasado un cuarto de hora me hallé solo. Miré atrás y vi al Padre a unas cuatro cuadras tendido en el suelo junto a la bestia. Claro, un Padre delicado de riñones difícilmente resiste el andar duro de una mula trotona, por un llano inundado de sol, a la una de la tarde en plena tierra caliente. Padre, ¿qué le pasa? ¿Acabamos de montar para Dolores y estamos ya en Dolores?… «Viendo lo adolorido que estaba, me senté a su lado hasta que le fue pasando, y montamos de nuevo ensayando ir despacito, y quiso la Virgen Dolorosa a cuya Parroquia íbamos, darnos arrestos para cabalgar las horas que faltaban para llegar a Prado, donde pernoctaríamos. Casa Cural pobrísima. No había en qué dormir. A mí me tocó una durísima mesa con una sabanita, la del Padre Sanz semejante a la mía, y ambas superiores a la del Padre Claret que no se acostaba…

En fin, amaneció y otra vez a lomo de mula, a devorar rápidamente leguas y leguas todo el día hasta la noche, en que, coronando la inmensa loma en que está la población hubimos de soportar la última prueba: un violento temporal antes de llegar, tanto los Misioneros como los muchos jinetes que hacía una hora nos acompañaban entrábamos bien protegidos de impermeables, aunque sin luz alguna, viendo sólo cohetes y voladores que se elevaban ante nosotros, a cuyo resplandor aparecían las caras de innumerables personas, que el celo del Párroco había congregado. Lo que más me edificó fue el espíritu de sacrificio del Padre Sanz, disimulando su cansancio y sus males, y sonriendo a todos como el hombre más sano del mundo.

De esta misión yo seguí para la del Huila y el Padre Sanz regresó a Girardot, sucediéndole esta peripecia, que él me contó después.

Me figuro ante todo que el buen Padre Sánchez, párroco, le proporcionaría un buen caballo de paso suave, y un buen señor viajaría con él un par de horas como lo hizo después conmigo, para encaminarle a Neiva.

El Padre Sanz, al regresar el compañero, siguió unas horas por parajes solitarios. Le molestaban únicamente los alforjones, que iban llenos de níqueles, de propaganda y limosnitas, pues a última hora no se halló plata mayor.

De pronto, un río que había que atravesar. No era grande, pero los cantos rodados del lecho hicieron tropezar al animal y el Padre cayó también al agua, quedando sin alforjones, sin anteojos, sin sombrero. Afortunadamente había dos lavanderas a media cuadra que corrieron a ayudarle y pudo montar y salir a la orilla. Mas al pedirles le buscaran los alforjones hundidos, las pobres hijas de Eva, sintieron, como su madre en el paraíso, la tentación de lo prohibido y se hacían las desentendidas. Sí, querían buscar, pero cuando se fuera el Padre, el cual se encomendó a la Virgen y prometió gratificarlas. ¡Tentación vencida! Eran buenas: eran colombianas y todo se encontró, y fueron una Providencia, ¡Si llega a verse solo el Padre! Dios velaba por el gran Misionero, futuro Prefecto Apostólico del Chocó».

Quedan también crónicas de unas misiones por los llanos de San Martín, que en 1929 diera en compañía del P. José M. Cervelló que es quien la refiere en el primer número del boletín de la Provincia Colombiana. De Bogotá salieron el 5 de Noviembre para llegar, misionando un total de quince poblaciones, hasta Surimena en el corazón de los Llanos. Desde los páramos ateridos de Chingaza hasta la planicie ilimitada, castigada por el sol violento. Así por dos meses de correría, de predicaciones, de confesiones, de atravesar pastizales y ríos, de dormir en chinchorros.

«De Cumaral a Medina atravesamos en las nueve horas de camino doce grandes ríos y unos veinte caños que son como los ríos de la sabana. De Medina a Acacías, tres días de viaje». Así les amanece en esas lejanías el año de 1930.

En el cual, a 22 de octubre, el Gobierno General de la Congregación lo designa visitador de todas las comunidades de la Provincia Colombiana, claro indicio del aprecio que le profesaban por su ejemplaridad como religioso y misionero.

Siempre que se lo permitían sus ocupaciones, aprovechando las vacaciones del Colegio San Luis de que fue rector, o combinando sus múltiples ocupaciones de secretario o ecónomo, el P. Sanz sabrá industriarse para salir por los pueblos en tareas de predicador y confesor. Y aun cuando las diferencias entre un predicador y otro sean muy notables y la gente a veces haga sus comentarios menos favorables al Padre Sanz, por otra parte buen doctrinero de timbrada voz, él acepta generoso y por espíritu de servicio alternan sus prédicas en el mismo púlpito con oradores de la talla del P. Villarroya, tan uncioso y majestuoso a la vez, o con el brillante orador y declamador Pablo Desantiago que era entonces el rey de nuestros predicadores en Colombia.

Prefecto Apostólico del Chocó (1931 – 1953)

En el cumplimiento de la visita generalicia que se le encomendara y en medio de sus ministerios de evangelizador le sorprenden desde Roma y con la noticia de que la Sagrada Congregación de Propaganda Fide, por decreto de 27 de Febrero de 1931, lo ha escogido para Prefecto Apostólico del Chocó, oficio en que sucederá al P. Francisco Gutiérrez, su compañero de destino a Colombia, que por enfermedad ha presentado renuncia. Su reacción es de sorpresa y humildad: «¿Qué habrán visto en mí -escribe el P. Villarroya- para que me hayan elegido? No puedo explicármelo. ¡En buena nos hemos metido! Sin casa y con mil dificultades para comenzarla; y con deudas por todas… Dios nos asista».

El 3 de Junio de 1931 entraba en Quibdó y tomaba posesión de la Prefectura, que no le era desconocida sino muy transitada y como hecha para su celo y dinamismo eclesial.

Visión de conjunto

Veintidós años -de jure et de facto- rigió el P. Sanz la Prefectura del Chocó.

Su pastoreo fue de actividad intensa, bien organizada y visiblemente fecunda.

Construyó el magnífico Palacio vicarial, situado a la orilla del anchuroso Atrato, que airea sus amplios salones y corredores; llamó a las Hermanas de la Presentación para el Hospital de Quibdó; a las Siervas del Santísimo para el de Istmina; a las Misioneras de la Madre Laura para los internados indígenas de Purembará y Catrú. Y con ello utilizó congregaciones colombianas que antes, por prejuicios, no habían sido admitidas o buscadas. Hizo la fundación de la comunidad de Bahía Solano, ideada por el P. Vilar y realizada por el intrépido P. Onetti; y finalmente decidió colocar la primera piedra de la grandiosa y bella catedral de Quibdó, que dejó bastante adelantada bajo la dirección del Dr. Oscar Castro Canto. Fue también obra suya la entrada de las misioneras Claretianas, traídas desde Cuba para dirigir el Colegio Claret de Pueblo Rico. La instrucción tuvo en el P. Sanz un gran Apóstol y un eficaz promotor, como lo verificará quien consulte la monografía que sobre este aspecto de su pastoreo escribió el P. Gustavo Rodríguez para el libro «La Misión Claretiana del Chocó».

Las visitas Pastorales del P. Sanz.

Quien conozca la geografía del Chocó, región montañosa y selvática, de ríos intensos y de lluvias frecuentes y prolongadas, en donde los caseríos distan horas y aun jornadas y los caminos suelen ser los ríos únicamente, podrán medir y apreciar lo que para el Prelado del Chocó suponen las visitas, correrías y navegaciones. A poco de llegado a Quibdó, el P. Sanz empezó a recorrer la Prefectura entera con sus famosas visitas pastorales que hicieron época.

No dejó un solo pueblo de alguna importancia que no visitara regularmente cada dos años; los más importantes cada año y muy pocas veces delegó la administración del sacramento de la confirmación. En sólo dos meses de gobierno ya había visitado más de la mitad de su extenso y difícil territorio y las confirmaciones se aproximaban a las cuatro mil.

En el primer semestre de 1933 visitó toda la costa del Pacífico. Era la primera vez al cabo de 22 años, que llevaba la Prefectura, que ésta era recorrida entera por la primera Autoridad. No pudo hacerlo en su breve mandato el P. Gil; no pudo hacerlo por sus quebrantos de salud el P. Gutiérrez.

El P. Sanz la recorrió palmo a palmo durante cinco meses. Tuvo por secretario y cronista magnífico al P. Onetti… Y la fue repitiendo cada dos o tres años.

De la efectuada en 1936 cuenta el P. Canals en su libro «Sendas de apostolado»: «La navegación es siempre para Monseñor Sanz poco menos que un acto heroico.

Se marea de un modo extraordinario. No olvidaré jamás la impresión que me produjo su segunda visita.

Venía solo, misionando por la costa como el último de los misioneros.

Su aspecto daba lástima. Obligado por un mareo tuvo que acostarse, como hace siempre, en el fondo de la embarcación. Venía completamente bañado»

«Se distinguía -atestigua el P. Constancio Pinto- por su espíritu de sacrificio, como lo manifestaba en sus viajes a Purembará. Desde que se fundó el colegio en 1933 hasta el año en que tuvo que entregar la Prefectura en 1953, nos visitaba todos los años. Hacía la entrada generalmente por Anserma, pasando por San Antonio del Chamí, que supone unas catorce horas de recorrido por caminos muy peligrosos. En una ocasión, estando ya cerca de Purembará, se le enterró la bestia en un atolladero, cayendo el Padre por delante del animal e hiriéndose bastante la boca hasta sangrar. Cuando llegó al Internado los cánticos de alegría se convirtieron en lágrimas de tristeza.

En otra ocasión llegó a San Antonio del Chamí como si le hubieran arañado la cara, a consecuencia de una zarza que se le había prendido en ella.

Estas visitas las hacía todos los años y todos los años decía lo mismo: «Este será mi último viaje… yo ya estoy muy viejo para estas andanzas». Pero nunca cumplía ese propósito.

En 1943 volando en hidroavión de Buenaventura a Quibdó, para ahorrarse diez días de camino o de río, el aparato dio en tierra y él, como sus compañeros, por milagro, quedó ileso aunque tuviera que pasar la noche al descampado entre nubes de mosquitos y zancudos.

Fue el Buen Pastor

Para el P. Sanz el amor al Chocó era distintivo de vocación auténtica a la comunidad claretiana, y en una de sus visitas a nuestros seminarios de Bosa y el Cedro decía que él no ordenaría a ninguno que no manifestara entusiasmo por las misiones del Chocó, como cosa propia de la Congregación. En sus cartas abundan las palabras de elogio a cuantos en ellas trabajaron y por un motivo u otro hubieron de abandonarlas. Es visible también que en sus Relaciones Oficiales a la Santa Sede d eja siempre muy en alto la obra de la Congregación en la Prefectura.

Como todo Superior hubo de padecer dificultades, roces, incomprensiones, discrepancias de criterios y acusaciones. «En medio de su tranquilidad exterior -decía el P. Pedro González- sufría mucho interiormente. Castellano de carácter seco y rígido, no era fácil que contentara a todos. En alguna ocasión el P. Nicolás García, superior general y, también castellano y no por cierto suave, aunque muy culto, le insinuaba en carta desde Roma que tuviera más amabilidad en sus expresiones. Monseñor Sanz contestaba agradecido a su Rvma: «Lo tendré en cuenta. Me temo que no pueda corregirme de mi modo de ser. Pero si le parece, yo no tengo ningún inconveniente en renunciar a mi cargo de Prefecto y con mucho gusto me quedaría trabajando aquí como simple misionero. Yo no pierdo nada por eso». Cuando la Santa Sede lo releve de ese cargo, se verá cómo el P. Sanz hablaba en esa ocasión con sinceridad.

De Prefectura a Vicariato

El progreso espiritual experimentado a ojos vistas en la Prefectura y la solicitud de la Santa Sede por intensificar el cultivo de esta misión tan dilatada hizo, que, con fecha y documento del 14 de Noviembre de 1952, la Santa Sede dividiera la Prefectura Apostólica del Chocó en dos vicariatos: el de Quibdó, que seguiría bajo el cuidado de los Hijos del Corazón de María y el de Istmina, entregado al celo de los Misioneros Javieres de Yarumal.

Con motivo de este reajuste territorial, que no fue de su agrado, Mons. Sanz, ya agobiado por los años y por los achaques se retiró humildemente y cedió la prelacía al Excmo. P. Pedro Grau, primer Vicario Apostólico de Quibdó.

Al despedirse de sus campos de ministerios pastorales recibió el homenaje unánime del Chocó y los parabienes de la Santa Sede. En el discurso de despedida, entre mil cosas galanas, el vocero del pueblo chocoano, le dijo:

«Habéis protagonizado en ardua lucha contra la incomprensión y contra el medio, una etapa de efectivas realidades que asocia vuestro nombre en forma perdurable a ellas, habéis creado de la nada económica una serie de cosas benéficas, objetivas, tangibles, que pregonarán la historia de vuestro ejemplo».

Por su parte el Emmo. Cardenal Fumasoni Biondi, entonces Prefecto de Propaganda Fide, le escribía: «Preciosa ha sido en todos los órdenes la labor de Vuestra Paternidad durante los largos años transcurridos en el servicio de vanguardia a través de todos los pueblos del Chocó, primero como simple misionero y después como Prefecto Apostólico, movido siempre y animado de veneración y obediencia a las directivas de la Santa Sede.

Los nuevos Vicariatos Apostólicos de Quibdó e Istmina, recién establecidos en la región todavía bajo el gobierno de V.P., coronan sus múltiples actividades, y al ausentarse por motivos de salud y de edad del campo de la lucha y del trabajo, puede llevarse la satisfacción de estas grandes realidades misioneras».

Pereira, Jericó, Medellín a donde llegó el 7 de Enero de 1958, como humilde misionero, recogieron sus ejemplos de laboriosidad y de observancia religiosa.

El 21 de Junio de 1961, cuando lo llevaban al cercano hospital, falleció en la portería de la casa de Medellín; sus funerales se celebraron el 22 a las 4 p.m. en presencia de Monseñor Medina, obispo auxiliar de Medellín y de Monseñor Grau, Vicario de Quibdó.

¿Qué coeficiente de personalidad le daría a un científico la vida del P. Sanz? Mi respuesta, a nivel humano y sin encasillados científicos, se halla compendiada en aquel dicho famoso entre los de su tierra: «Esta es Castilla, que faze los omes o los gasta, e non en servizio della».

Que fuera el P. Sanz un hombre grande -con cuerpo pequeño- lo atestiguan:

– Su indomable energía de voluntad y carácter para el trabajo; su disponibilidad incondicional para cualquier destino, oficio o ministerio; su fidelidad y exactitud en el cumplimiento de la observancia regular; su sencillez y apacible jovialidad, dentro de una seriedad, a veces exabrupta; su espiritualidad nada común y en la cual según su dignísimo sucesor Monseñor Grau, «alcanzó muy elevada perfección».

Eulogio Sánchez, C.M.F.

Bibliografía

Sánchez, Eulogio, C.M.F. Necrología del Rvmo. P. Francisco Sanz, Tercer Prefecto Apostólico del Chocó. En Boletín claretiano de la Provincia occidental de Colombia. Enero-junio de 1970. N. 21, pp. 281-291.

La Misión Claretiana del Chocó. Madrid, 1960.

Los Misioneros Cordimarianos de Jericó. Enero, 1968. Bogotá.

Martínez, Gabriel, C.M.F. Misioneros en las Acacias del Yuma. 1969.

Izquierdo, Mariano; Mesa, Carlos E., C.M.F. La comunidad claretiana de Medellín. Ed. Granamérica. Medellín, 1976.

Boletín del Vicariato Apostólico de Quibdó. Año VIII, n. 23.

Francisco Onetti «Excursión a la Costa del Pacífico». Primera visita pastoral del Rvmo P. Francisco Sanz… Enero-abril, 1933. En el libro «Bodas de plata misionales…” en el Chocó. Tip. Manizales, 1934, p. 82.

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