Francisco Besalú

  1. FRANCISCO BESALÚ ROS, colaborador de Claret en Madrid

            Nació en San Vicente de Camos, provincia y diócesis de Gerona, el 13 de octubre de 1826 y falleció en Madrid probablemente en 1909 (1).

            Según propia declaración en el Proceso Informativo para la beatificación de S. Antonio M. Claret, le conoció “en 1845 en una visita que le hice”; por proximidad geográfica, el encuentro pudiera haber sido en Bañolas, Figueras o San Feliú de Guixols, donde el misionero predicó misión en noviembre y diciembre de dicho año. Dada la edad de Besalú en aquel momento, puede haberse tratado de una consulta vocacional, pero nos falta información explícita. Se ordenó sacerdote en Gerona el 1 de abril de 1854; posteriormente consiguió la licenciatura en teología y en derecho canónico.

Al parecer, cuando Claret regresa de Cuba, en 1857, Besalú ya reside en Madrid y entra muy pronto en relación con él, tal vez a través de Sta. Micaela, con la que Besalú mantiene relación frecuente. En estos primeros años de su estancia en la capital es capellán de las Comendadoras de Calatrava, que pertenecen a la jurisdicción castrense, en la cual se ignora cómo se integró. Presta también alguna atención espiritual a las adoratrices.

En 1859, al fundar el P. Claret la Academia de San Miguel, nombra a Besalú secretario de la Junta Superior de la misma y entra a formar parte de la primera jerarquía, en la que figuran los reyes, algunos ministros, varios obispos, el senador D. Santiago Tejada, el catedrático Vicente Lafuente, etc.

En el verano de 1863 pasa unos 20 días de retiro y descanso en El Escorial, y, al enterarse de que está vacante el cargo de director del colegio de segunda enseñanza y alguna cátedra del seminario, se ofrece a Claret para ocupar tales puestos. Claret pasó la solicitud al vicepresidente D. Dionisio González, al cual no debió de parecerle oportuno admitirle (cf. EC II, p. 695 y 699). Sin embargo, Francisco Besalú conservó siempre la amistad con los principales responsables del monasterio: D. Dionisio González, D. Paladio Currius y –algo más tarde- con D. Francisco de Asís Aguilar.

El 21 de julio de 1865, horas antes de abandonar la corte, Claret le entrega el nombramiento de Rector de la Iglesia y Hospital de Montserrat, para cuya buena marcha material y espiritual le otorgará un reglamento fechado el 17 de diciembre de 1866.  Besalú vivirá en el mismo hospital, aunque no en el domicilio de Claret, y tendrá estrecha relación con las Hermanas Vedrunas, establecidas en Montserrat en ese mismo año. En ese mismo verano-otoño de 1865 le encontramos corrigiendo las pruebas del catecismo que Claret edita en la imprenta de Aguado. Años más tarde recordará con nostalgia que varias veces oró en la iglesia de Montserrat al lado de Claret, del que incidentalmente fue confesor, y a cuyo domicilio pasaba para celebrar el santo del arzobispo.

En 1868 la revolución depone a Claret del cargo de Protector del Hospital, “por abandono voluntario” (ECpas III, p. 341) y también Francisco Besalú es destituido del cargo de Rector de la iglesia, por lo que tiene que cambiar de domicilio y establecerse en C/ Infante. El día que estalló la revolución, un grupo de exaltados asaltaron Montserrat e intentaron dar muerte a Besalú, pero logró salir ileso. Junto con las HH. Vedrunas y con los dos Hermanos Claretianos Agapito Gómez y Juan Jordá, procuró, con éxito, que las pertenencias de Claret no fuesen objeto de pillaje. En noviembre de 1868 le encontramos buscando un empleo para el Hnº Agapito; y en diciembre envía a Claret, a París, un paquete de libros (EC II, p. 1336), que quizá no sea el único.

Durante el exilio de Claret en Francia y Roma, Besalú mantiene frecuente correspondencia con él, informándole sobre la situación de “esta desgraciada nación española sumergida hasta la cabeza en un abismo de desgracias” (ECpas III, p. 377), y ofreciéndose siempre a cuanto el arzobispo pueda necesitar: “¿necesita usted alguna cosa? Ya sabe que tengo siempre a su disposición lo que le haga falta” (ECpas III, p. 378). Debía de gozar de buena posición económica. En los años de la restauración parece que D. Francisco Besalú recuperó su cargo de Rector de Montserrat; al menos lo era en 1889, cuando declaró en el Proceso Informativo.

            San Antonio María Claret tuvo a Besalú en gran aprecio; “me dejó encargado de sus asuntos cuando se retiró al extranjero”, declaró en el PIM. En julio de 1869 Claret decía de él que “siempre y singularmente [en] estos meses de expatriación se ha portado como un buen amigo” (EC II, p. 1396); y, un año después, a una antigua dirigida espiritual, se lo recomendaba como su posible sustituto (EC II, p. 1477). En más de una ocasión el arzobispo le pidió consejo, v. gr. con motivo de la crisis por el reconocimiento del Reino de Italia. Es probable que en algunas ausencias de D. Paladio Currius o de D. Carmelo Sala, D. Francisco Besalú haya desempeñado el papel de familiar-capellán de Claret.

No menor fue el aprecio de Besalú por el arzobispo, del que conservó numerosos recuerdos como reliquia, entre ellos varios autógrafos, y, para corroborar su fama de santidad declaró que “fueron varias las personas que me pidieron prendas de su uso para conservarlas como reliquia”. En su ancianidad manifestaba ingenuamente al claretiano Juan Postius que sus tres grandes amores eran: “La Madre, el P. Claret y la Reina Isabel II, a quienes lo debía todo después de Dios”.

En los años 70, tras la restauración, resultó extraño el comportamiento de Besalú con el P. Xifré a la hora de ejecutar el testamento de Claret. Celoso custodio de las cosas de su admirado arzobispo, se resistió a entregar su biblioteca, imágenes, cuadros y otros enseres y algo de dinero del santo, de modo que fue preciso proceder con él por vía judicial. Al parecer, a pesar de este incidente, volvió a tener trato amigable con los Misioneros, que pudieron recabar de él ricas informaciones, y declaró gustosamente en los procesos para la glorificación de Claret..

  1. Francisco Besalú publicó la obra Enseñanza catequística. Apología, método, leyes y catecismos recopilados para fomentar y generalizar la enseñanza de la doctrina cristiana (Madrid 1863).

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(1). Respecto del año de su muerte los datos de que disponemos son contradictorios: que vivió 73 años, que murió en 1903 [EC I, p.1633], que le conoció el P. Postius… El P. Postius no fue a Madrid hasta 1905; y en 1903 los años de Besalú serían 77, no 73… Quizá todo se explica mejor si vivió 83 años (hasta 1909), cuyo “3” influyó en favor del año 1903.

 

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