Esteban Sala

 

Sala Masnou, Esteban. San Martín de Sescors (Barcelona), 28.V.1812 – Barcelona), 18.IV.1858. Misionero, Confundador y Superior General de los Misioneros Claretianos.

 

Nació en el seno de una familia patriarcal, profundamente cristiana, que dio a la Iglesia dos sacerdotes de altura y prestigio: un benedictino y un claretiano.

El P. Esteban vivió una infancia feliz en su pueblo natal y allí estudió las primeras letras. Luego cursó latinidad en Manlleu y dos años de retórica con los Padres Escolapios en Moyá. En 1829 ingresó en el seminario de Vic, donde hizo tres cursos de filosofía. En 1831 pasó a Cervera, en cuya universidad hizo una carrera brillante estudiando siete años de teología y graduándose de bachiller a claustro pleno en 1834, y el año siguiente entró a formar parte del claustro universitario como profesor sustituto, cursando luego un año de sagrados cánones. Dotado de cualidades excepcionales, podía soñar con un futuro muy risueño en el campo de la docencia.

En 1836, a los 25 años, regresaba a Vic con las mejores calificaciones escolares. Recibió la ordenación sacerdotal en Solsona el 29 de septiembre de 1839, y el 27 de octubre de 1840 fue destinado a la villa de Vallfogona en calidad de maestro de instrucción primaria y latinidad con título de vicario o coadjutor del deán de San Juan de las Abadesas, y párroco de dicha villa, cargos que ejerció con gran competencia y entrega. En 1842 se le otorgó un beneficio de la catedral de Vic.

De mediana estatura, de rostro hermoso y suavemente expresivo, que parecía bañado en una celestial claridad: austero para sí y amable y de dulce carácter para con los demás, de elocuencia arrebatadora, era sin duda una de las figuras más próceres al lado del P. Claret, el apóstol del siglo XIX.

Siendo maestro de primeras letras y de latinidad en Vallfogona, tuvo la dicha de hacer ejercicios espirituales con otros sacerdotes bajo la dirección del P. Claret en Gombreny (Gerona), en el verano de 1843; y esa experiencia le marcó para siempre. La fuerza de atracción del santo misionero le conquistó para las misiones y salió resuelto a unirse al grupo formado por el Santo. Uno de los ejercitantes, D. Benito Vilamitjana, futuro arzobispo de Tarragona, dio testimonio de ese cambio radical: “En estos ejercicios – decía – he tenido una sensación que nunca podré olvidar: la conversión de Esteban Sala de bueno en mejor. Nunca he visto un cambio tan completo. Tengo para mí que esta ha sido una de las mejores conquistas del Padre Claret”.

Desde noviembre de 1844 colaboró activamente en las misiones populares y en predicar ejercicios espirituales al lado del P. Claret en diversos pueblos de Cataluña. La oratoria de ambos era entusiasmante y arrebatadora.

A los 27 años sintió la llamada definitiva de su vida, al ser fundada por Claret, en una celda del seminario de Vic, la Congregación de Misioneros del Corazón de María con cinco jóvenes sacerdotes confundadores, que tenían el mismo espíritu del que él se sentía animado. Aquellos cinco sacerdotes integraron el núcleo fundacional en la tarde histórica del 16 de julio de 1849. El de mayor prestigio más adicto y el más preparado era sin duda el P. Sala, a quien la gente llamada “l’hereu del Pare Claret” (el heredero del P. Claret). El P. Esteban era el mejor amigo y confidente del fundador: parecían tener un solo corazón y una sola alma. Él fue quien llevó consigo un cuadro de la Madre del Divino Amor para que presidiera el comienzo de la que el fundador llamó “grande obra”. Y él fue también, tres semanas más tarde, el que dio a la pequeña comunidad la noticia de la elección del P. Claret como arzobispo de Santiago de Cuba.

A finales de 1850 el fundador, ya consagrado arzobispo, se embarcaba para la isla de Cuba y el P. Sala quedó al frente del nuevo Instituto como Superior General. En aquella época, a pesar de las numerosas tribulaciones por las que tuvo que atravesar la Congregación, el P. Esteban supo mantener y perfeccionar la herencia recibida, aunque no pudo hacer ninguna fundación nueva. Honró a la naciente Congregación con su prestigio de santo y de sabio. Con su ejemplo y sus exhortaciones fue el alma de esa nueva familia misionera. Su predicación misionera, llena de elocuencia y fervor, conquistó a muchos pecadores.

En febrero de 1851 el obispo de Vic, D. Luciano Casadevall, nombró además al P. Sala Director General de las Hermanas Carmelitas de la Caridad, que Santa Joaquina de Vedruna había fundado en Vic en 1826. El P. Esteban ejerció este cargo de una forma activa y discreta y con gran competencia y acierto. En esa nueva misión se preocupó sobre todo de dos cosas: de la organización del Instituto y del incremento del noviciado, en pleno acuerdo con la Fundadora. Impulsó, además, la expansión de la Congregación abriendo diez nuevas comunidades y otros tantos establecimientos. En su gobierno buscó siempre el bien del Instituto, el bienestar espiritual y material de las Hermanas y la efectividad en el doble ministerio de enseñanza y beneficencia en las comunidades. El mismo P. Esteban asumió en esa etapa el cargo de confesor del noviciado y director espiritual de la casa-madre, así como el de confesor de la santa fundadora, cuando ésta residía en Vic. La actuación del P. Esteban al frente del Instituto de las Hermanas Carmelitas, creemos que debe calificarse de “prudentísima y paternal”. En sus tres años de servicio a las Carmelitas, el P. Esteban les prodigó sus santos consejos y su paternal solicitud en todo momento.

Simultaneando la responsabilidad de dos cargos, el Padre Sala «se dio preferentemente al gobierno de las Carmelitas de la Caridad» con tal entusiasmo y cariño que el P. Xifré le insinuó que esas obligaciones eran incompatibles con las de Superior General de los Misioneros, porque sus fuerzas no podían abarcar tanto trabajo. Y fue sustituido por su hermano Bernardo el 2 de junio de 1854. Por eso el P. Xifré llegó a decir del P. Sala: «Como súbdito era un tesoro; pero como Superior carecía de empresa y valor para las grandes empresas sobrenaturales».

El P. Esteban continuó con todos los apostolados de la Congregación: misiones, ejercicios, instrucción religiosa. Y además se dedicó intensamente al apostolado de la juventud en una forma nueva para aquel tiempo: los coros de San Luis y Santa Filomena. A causa de este nuevo método de acercamiento encontró oposición y crítica, pero no se desanimó y en el folleto Arca de Salvación para la Juventud se defendió diciendo que él pedía a Dios que le diera nuevas ideas como éstas. Así estaba él seguro del valor de su nueva iniciativa.

Cuando el P. Claret regresó de Cuba para ser confesor de la reina Isabel II, en mayo de 1857, el P. Sala le pidió consejo para ver si él podría mejorar la situación de la Congregación. Pero el P. Claret tenía otros planes para él: quería que fuera su sucesor como arzobispo de Santiago de Cuba, «por ser – decía el santo – de un mismo espíritu que yo», y logró que se le diera ese nombramiento.

El 8 de enero de 1858, Claret escribía de D. Antonio Barjau, rector del seminario de Santiago de Cuba: «Su Majestad quiere que continúe en Madrid y que se nombre otro en mi lugar y que yo mismo lo buscase y escogiese; yo he pensado en M. Esteban Sala, mi compañero de la Merced; a Su Majestad y a todos los Ministros les ha parecido muy bien; basta que sea propuesto por mí; ahora falta saber si Sala aceptará, pues que todavía no tiene tiempo de contestarme; a mí me ha parecido el más a propósito ya por sus prendas personales, ya también por ser él de un mismo espíritu que yo, y así podrán seguir y continuar las cosas que yo empecé».

El P. Claret había creado en aquella isla un patrimonio espiritual muy rico y necesitaba un buen sucesor para conservarlo y mejorarlo. Escribía el Santo al Vicario General, D. Dionisio González: «Su Majestad no quiere de ninguna manera que yo me separe de su lado; me dijo que yo mismo escogiese sucesor y yo escogí a D. Esteban Sala, sujeto de prendas, que me parece el más a propósito para conservar y perfeccionar lo que hasta aquí hemos hecho en esa diócesis; a Su Majestad y a todos los Ministros les pareció muy bien». Y en otra carta al P. Xifré le decía el mismo santo: «Allí necesitamos un recio trabajador, un varón apostólico; de otro modo no se hará nada y el mal ambiente lo destruirá todo».

El P. Sala, que había abrazado la vida apostólica y rechazado todas las dignidades, lo rehusó al instante; el Santo estaba deliberando si debería insistir, cuando el Señor intervino para dar a su fiel servidor el premio merecido.

Tres años después, refiriéndose a los confundadores, escribía el P. Claret en su Autobiografía: «Todos han perseverado muy bien. Dos han muerto (Manuel Vilaró y Esteban Sala) y se hallan en la gloria del cielo gozando de Dios y del premio de sus trabajos apostólicos y rogando por sus hermanos».

El P. Xifré, otro de los cinco confundadores y sucesor suyo en el cargo de Superior General, decía del P. Esteban Sala: «Estaba adornado y embellecido de tantas dotes físico-morales que superaban a cualquier elogio».

 

OBRAS ~ Modo practich de visitar ab reverencia a Jesuchrist Senyor Nostre y a Maria Santísima que acostuma ensenyar lo R. Esteva Sala Pbre. Vich, 1848; Set novenas de preparació per las festivitats principals de Maria Santíssima, traduhidas las cinc primeras del italiá, y escritas las dos últimas… Vich, 1856; Memorandum prae oculis semper habendum, quod charissimis in Christo fratribus sacerdotibus offert eorum minimus Stephanus Sala, Presbyter, Vici, 1858; Arca de Salvació, per la juventut, o sia, los Coros e María Inmaculada, baix la protecció de Santa Filomena y Sant Luis Gonzaga. Vich, 1860 (en colaboración con el P. Antonio Picañol – obra póstuma); Meditacions dels Coros de Maria Inmaculada. Anglada, Vich, 1860 (obra póstuma); Origen, institució y defensa dels Coros de Maria Inmaculada baix la protecció de S. Lluis Gonzaga y Sta. Filomena. Vich, 1860 (obra póstuma); Devot Exercici, o triduo en obsequi de Jesús Sacramentat, per desagraviarlo dels ultrages y principalmente en los días dets de Carnestoltes. Vich, 1861 (obra póstuma); Exhortación y avisos a las H. Carmelitas de la Caridad de Vich: en M. Aguilar, Biografía del siervo de Dios P. Esteban Sala. Barcelona, 1907, pp. 72-83;

 

BIBL.: Anónimo, Necrología: Boletín del obispado de Vich 8 [1858] 328; M. Aguilar, Biografía del siervo de Dios P. Esteban Sala. Barcelona, 1907; C. Fernández, El Beato Padre Antonio María Claret. Historia documentada de su vida y empresas. Madrid, 1946, t. I, pp. 166, 534, 1050, y t. II, pp. 255 y ss. y 298 y ss.; M. T. Aspiazu, P. Esteban Sala: Apostolado Claretiano, 1950, n. 4, pp. 7-8; J. M. Viñas, “The Heir of Father Claret…”: Bulletin of the Province of the East – Claretian Missionaries, March-April, 1964, pp. 732-735; A. M. Alonso, Historia documental de la Congregación de Hermanas Carmelitas de la Caridad. Madrid, 1968, vol. 1, pp. 240-245;  J. Álvarez Gómez, Misioneros Claretianos. Volumen II: Transmisión y recepción del carisma claretiano. Madrid, 1997, pp. 169-172; J. Xifré, Crónica de la Congregación: Studia Claretiana 17 (1999) nn. 35-43, pp. 37-39.

 

  1. Bermejo Jiménez

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