EL RVDMO. P. CLEMENTE SERRAT

Recuerdo-homenaje en el centenario de su fallecimiento (Segovia, 14 de enero de 2006)

Cuando un Misionero Claretiano franquea el umbral de esta casa de Segovia, quizá debiera sentir un estremecimiento como el de Moisés en Madián, y quitarse las sandalias, pues también aquí “el lugar en que estás es tierra sagrada” (Ex 3,5). Efectivamente el lugar en que nos encontramos, aunque nada quede de sus primitivos muros y pavimentos, fue habitado, o al menos frecuentado, por el Santo Fundador, por los cofundadores Xifré y Fábregas, por el protomártir Francisco Crusats, por una larga serie de grandes apóstoles como Donato Berenguer, Diego Gavín, y otros muchos; fue casa de formación aproximadamente durante un siglo; y tuvo por Fundador y primer Superior al gigante a quien hoy recordamos, Rvdmo P. Clemente Serrat, quien inesperadamente vino también a exhalar aquí su último aliento un seis de enero de 1906. Si alguna ciudad o ámbito tiene derecho a figurar entre los “lugares claretianos”, a  Segovia y su convento de San Gabriel les corresponde una casilla en primera fila.

Seminarista y sacerdote diocesano (1844?-59)

D. Climent Serrat nació en Gurb, municipio rural limítrofe con el de Vic, el 12 de enero de 1832 y cursó los estudios eclesiásticos en el seminario de Vic. Tuvo como rector del seminario a D. Jaime Soler, como catedrático a D. Benito Vilamitjana, que convivió durante trece años con nuestra comunidad de La Merced, y como compañero de estudios a D. Francisco de Asís Aguilar (más tarde colaborador y primer biógrafo del P. Claret).

Serrat conoció a Claret en sus años de seminarista y asistió a su consagración episcopal, según declaró años más tarde (1902) en el proceso de beatificación; nuestro historiador P. Cristóbal Fernández escribe: “el P. Serrat llevo siempre grabada la imagen y el recuerdo del Fundador, a quien había conocido en los tiempos en que predicaba en la catedral de Vic, cuando se consagró obispo y al partir para Cuba”[1]. Clemente Serrat tenía por entonces 18 años. Posteriormente se preparó a todas las órdenes con ejercicios espirituales realizados en La Merced y dirigidos por nuestros cofundadores; los preparatorios a la ordenación de subdiácono (iniciados el 8 de diciembre de1854) los realizó bajo la dirección del P. Esteban Sala; los de preparación al diaconado (iniciados el 31 de marzo de 1855) se los dirigió el P. Xifré, y los de preparación al presbiterado (iniciados el 10 de septiembre de1856) los hizo bajo la dirección del P. Domingo Fábregas; la ordenación tuvo lugar el día 20 del mismo mes. Por tanto la Congregación le era bien conocida desde su época de seminarista.

Ordenado sacerdote a sus 24 años de edad, su primer destino fue Olost, con el cargo de vicario parroquial, en el que permaneció sólo seis meses; a continuación durante dos años, enseñó latín en Santa María de Corcó. Parece que ninguna de estas ocupaciones resultó de su agrado. Durante este tiempo, concretamente en septiembre de 1858, volvió a hacer ejercicios en La Merced, con un grupo de sacerdotes, bajo la dirección del P. Xifré.

Los trámites para su ingreso en la Congregación comenzaron lo más tarde en la primavera de 1859. En los últimos días de mayo tuvo lugar una Junta de la Congregación, que algunos consideran el primer Capítulo General, a la que asistió el Fundador. Sabemos que éste llegó a Vic en la tarde del 26, y, aunque se hospedó en el palacio episcopal, ya aquella misma noche, y también al día siguiente, visitó a los Misioneros, y el día 28 les presidió la Junta General. En esos días el candidato D. Clemente se hace presente en La Merced: “fui llamado por el P. Xifré para decidir sobre mi admisión en la Congregación, y por resolución del Siervo de Dios fui admitido en la misma”, declarará el propio P. Serrat en el proceso. Según el P. Cristóbal, Claret “examinó y aprobó la vocación del P. Serrat, y fijó los ojos escrutadores del porvenir en un joven sacerdote, modesto y amable, el P. Francisco Crusats…”[2]. En relación con ese encuentro de discernimiento vocacional de Serrat debe situarse la célebre encomienda hecha por Claret a Xifré: “guárdame bien este joven, será un tesoro para el Instituto”. Se podrá discutir si en otros temas gozó Claret del don de profecía; en este caso el tiempo le dio la razón con creces.

Ingreso y primeros pasos en la Congregación (1859-61)

Se incorporó a la comunidad de la Merced el 3 de julio de 1859; al día siguiente comenzó una semana de ejercicios espirituales bajo la dirección del P. Fábregas. El momento de su entrada en la Congregación era de notable euforia y de crecimiento acelerado. Dos años antes el P. Fundador había promulgado oficialmente las que pueden llamarse primeras Constituciones (29 de junio de 1857), aprobadas por el obispo de Vic el 1 de septiembre de 1858, y enseguida propuestas a la aprobación del Gobierno y de la Santa Sede. El Gobierno Español las aprobaría el 9 de julio de 1859 (a la semana del ingreso de Serrat) y la Santa Sede nos daría el Decretum Laudis un año después, el 19 de octubre de 1860. Según el padrón municipal firmado por el P. Xifré el 10 Noviembre de 1859, la comunidad (= la Congregación) constaba de 20 Misioneros Sacerdotes, 1 Diácono y 7 Hermanos Ayudantes. En la lista de admitidos desde la fundación, Serrat ocupa el nº 25.

En 1858 el P. Xifré había iniciado su servicio de Superior General de la Congregación, con incontenibles ansias de expansión y consolidación. En ese mismo año se inicia tímidamente la admisión de Seminaristas. La vida y acción de los Misioneros es por el momento el único reclamo vocacional, hasta que hacia el 1860 el P. Xifré publique propaganda escrita. Ya en 1858 ingresaron cuatro nuevos miembros, entre ellos el seminarista a punto de ordenarse, D. Hilario Brossosa; y en 1859, además de D. Clemente Serrat, llegaron otros quince miembros, con lo que quedaba más que duplicado el número (dieciséis) de los que en 1857 habían firmado su aceptación de las Constituciones. En 1860 ingresaron otros 13; en 1861 y 1862, 11 en cada año; 17 en 1863 y 16 en 1864; y así se continuó hasta el fatídico año 1868[3].

Hacia 1858 comienza a abrirse camino la idea de emitir, tras el año de prueba, el juramento de permanencia en la Congregación, que pronto se completará con la de los votos privados; estos se irán generalizando a partir del Capítulo de 1862. El Instituto crece en número y en estabilidad. Este aumento de Misioneros permite realizar, en 1860, la fundación de la segunda casa del Instituto: Gracia, junto a Barcelona. 

Ese es el clima de vitalidad y nuevo brío –tras unos años algo mortecinos-  que Serrat encuentra y respira a su ingreso y en sus primeros años en la Congregación. Es un sacerdote de 27 años que se incorpora inmediatamente a la vida misionera, aunque el primer año –según las Constituciones ya vigentes- tiene un cierto carácter de tiempo de prueba, a pesar de no ser un noviciado formal. Posiblemente no esté D. Clemente Serrat muy versado en predicación y confesionario, tareas fundamentales en la vida misionera;  pero, habiendo ingresado un 3 de julio, tiene por delante el verano, que también los demás Misioneros emplean en “formación permanente”: conferencias de oratoria, moral, rúbricas y ascética y mística, hasta el comienzo de la temporada de misiones, normalmente hacia finales de septiembre. En el Registro de Ejercitantes de La Merced encontramos a Serrat ya el 1 de septiembre iniciando, junto con el P. Xifré, la dirección de una tanda de ejercicios a sacerdotes, y el 11 del mismo mes dirige otra –esta vez con el P. Clotet-  a ordenandos. El 15 de octubre le encontramos predicándolos ya él solo a un grupo de seglares. Esto nos indica que se incorporó rápidamente a la actividad misionera de la comunidad. El P. Postíus, en una apretada nota necrológica, publicada en el Iris de Paz, afirma que el P. Serrat ejerció el ministerio también “en la casa primeramente fundada después de la matriz, colaborando con brío y fervor en las misiones primeras que en 1860 dieron los Padres de Gracia-Barcelona”[4].

Respecto de su compromiso con la Congregación, nos consta que el 9 de julio de 1860 ya tiene el P. Serrat votos privados[5], y el 25 y 26 de agosto de 1862 le vemos, con casi toda la comunidad de Segovia, renovando su Consagración al Corazón de María y sus votos en presencia del P. Fundador y según la fórmula recientemente elaborada por éste[6]. Cuando, en 1870, la Congregación llegue a ser plenamente Instituto Religioso, los miembros de la comunidad de Prades emitirán sus votos públicos el 28 de agosto, comenzando por el P. Xifré (que profesa en manos de Clotet) y a continuación, en manos de Xifré, lo hacen los PP. Clotet y Serrat seguidos de los demás Misioneros[7].

Siete años en Segovia (1861-68)

A los dos años de ingresar en la Congregación y a sus 29 de edad, el P. Clemente Serrat  es enviado por el Superior General a Segovia al frente de la comunidad fundacional; es signo de la personalidad de D. Clemente, pues es bien sabido que Xifré no es chapucero ni se contenta con medianías. Al P. Serrat le toca ahora ser superior del P. Fábregas, cofundador de la Congregación, del P. Crusats, nuestro protomártir, y de otros misioneros de elevada talla, siendo él inicialmente el más joven del grupo. Y le toca liderar un momento delicado de la vida de la Congregación: la salida del estrecho terruño catalán y la primera inculturación en lo que, para aquel grupito de hombres intrépidos, era prácticamente “el extranjero”. Con Serrat y su comunidad de Segovia, la Congregación comienza a hacer suyo el conocido dicho del Fundador “mi espíritu es para todo el mundo”. El P. Xifré les había preparado el terreno, pero pronto regresó a Vic, dejando a Serrat y sus compañeros en la entonces lejana Castilla, como personas adultas y medianamente encarriladas en el nuevo campo de misión.

En palabras del P. Cristóbal, “la fundación se consideró oficialmente establecida el 22 de noviembre (de 1861) con la llegada a ella de los tres primeros individuos, el P. Clemente Serrat, como Superior; el P. Francisco Crusats, y el Hermano Ayudante José Saladich […]. El 29 llegaron dos misioneros más, los PP. Domingo Fábregas y Antonio Vilaseca; y unas semanas después, el 7 de diciembre, los PP. José Maciá y Donato Berenguer y el Hnº Ginés Capdevila completaban por entonces la comunidad”[8].

Las tareas iniciales del P. Serrat serán las comunes del grupo que le toca presidir: la predicación itinerante. Sabemos de varios pueblos de la diócesis de Segovia en los que, formando pareja misionera con el P. Vilaseca, se estrenó, seguramente con dificultades, en su dicción castellana ya desde el invierno 1861-62:  Valseca, Santa María de Nieva, Bernardos, … El Libro de Ministerios de la casa nos informa de que, en el invierno 1862-63, misiona, junto con los PP. Vilaseca y Macía, los pueblo de Nava de la Asunción y Mojados; en diciembre del 1863, en pareja con el P. Crusats, predica misión en Fuentesaúco; y en enero de 1864, con los PP. Crusats y Casanovas, en Campaspero, … Del año predicable 1865-66 nos consta que dio misión, en equipo con los PP. Crusats y Gavín, en una serie de pueblos de Ávila: Olmedo, Ataquines, Martín Muñoz, Codorniz, y en la propia ciudad de Ávila. Era la forma de vida de las comunidades de entonces.

En cuanto a ejercicios espirituales, encontramos al P. Serrat predicándolos a ordenandos en marzo de 1863, a las Monjas de San Vicente y a las Dominicas en mayo, y a los seminaristas en octubre del mismo año. En mayo del 1864 los dirige a las Monjas de Santa Isabel, con ocasión de los cuales el cronista escribe en el margen para observaciones: “gozo espiritual”.

En esos primeros años segovianos tuvo el P. Serrat algunos contratiempos con la salud; en  marzo de 1863 escribía el P. Crusats al P. Xifré: “El Señor Superior, Don Clemente, va siguiendo sin restablecerse del todo”; y en  agosto de 1864 el propio P. Serrat mencionará al Superior General dichos contratiempos[9]. Como superior solícito, le vemos habitualmente preocupado por la salud de sus Hermanos, por el mucho trabajo apostólico que desarrollan, y también por el comportamiento poco satisfactorio de algunos de ellos (PP. Maciá y Vilaseca)[10].

Pero el ser Superior de una comunidad que se está fundando “en tierra extraña” lleva consigo una serie de tareas añadidas:

a.- Acompañar a sus Hermanos en la aclimatación a un ambiente nuevo. Algunas cartas de aquellos primeros meses tienen mucho interés, particularmente cuando se refieren a un país y una patria dejados atrás.

            En diciembre de 1862 publicaba la Revista Católica una carta del P Serrat al P. Xifré en estos términos: “voy a empezar recordando el momento en que el siete de diciembre nos despedimos de Usted algo más allá de la capilla-ermita de San Marcos: momento que de seguro no se le habrá olvidado a Usted tan pronto. Nuestro Padre iba ya a regresar a nuestra patria, y a ponerse de nuevo en compañía de unos hijos suyos y hermanos nuestros, de cuyo cariño y amabilidad habíamos disfrutado hasta entonces. Nosotros, lejos de nuestro país, íbamos a emprender el camino que el Padre de las misericordias se sirviese abrirnos”[11].

            Hemos de contar también con la dificultad del idioma; seguramente que lo que cuenta el P. Crusats escribiendo al P. Xifré en marzo de 1863, es igualmente válido para el P. Serrat: “Me faltan términos del país para el púlpito, pero gracias a Jesucristo, tengo facilidad en expresarme, aunque toscamente”[12]. Si bien es cierto que los Misioneros van constatando sus progresos en este campo, pues ya en julio de 1862, el mismo P. Crusats, escribiendo a un hermano suyo, le dice: “Entiendo muy bien a la gente, y ellos nos entienden bien en la predicación […]. Fácil me sería escribir en castellano, pero así lo entenderás mejor”[13].

b.- Los trámites del traslado al nuevo domicilio. La casa alquilada en C/ Canonjía Nueva resulta cara y pequeña e incómoda para los ocho misioneros que la habitan; al P. Serrat como Superior le toca seguir de cerca las gestiones del Sr. Infante, Secretario del Obispo, ante la familia del Marqués de Quintanar, para la cesión del convento de San Gabriel. Por fin el 14 de julio de 1862 los Misioneros consiguen instalarse en el vetusto convento, cerrado desde hace bastantes años, y el 16 abren al público la pequeña iglesia.

c.- El acondicionamiento del convento de San Gabriel para los usos de la Congregación. Llevaba tiempo sin usarse y no estaba en las mejores condiciones. Lo más urgente era preparar celdas para ejercitantes; se habilitarían 34 habitaciones. Y también al Superior le tocará realizar estas gestiones. El 23 de eneros de 1864 el P. Serrat da por concluidas estas obras, de modo que el días 2 de marzo comienzan una tanda de ejercicios a 23 ordenandos, y en abril dirigirán otra a 39 sacerdotes con el Sr. Obispo al frente[14]. Dado que el P. Serrat, al notificarlo al P. Xifré, no indica el nombre del director, es de suponer que haya sido él mismo.

            Con la apertura de la Iglesia al público y la acomodación del edificio para acoger a ejercitantes, la casa de Segovia tiene ya la forma de las dos de Cataluña: residencia de misioneros itinerantes, iglesia propia para la predicación y demás funciones religiosas (la de la Merced se había adquirido en 1862; hasta entonces estaban a su cargo dos sacerdotes no misioneros), y casa de ejercicios pensada sobre todo para sacerdotes y seminaristas.

d.- El volumen creciente de demanda ministerial. A la vista de la demanda de trabajo misionero, el P. Serrat pide frecuentemente al P. Xifré que le envíe nuevos sujetos para ampliar la comunidad, a lo que el éste, que e fía plenamente de Serrat, accede repetidas veces, complaciéndole en la medida de las posibilidades. Así, ya en octubre de 1862 llegará el P. José Casanovas; en 1863 se incorporarán los HH. Pedro Casadessús y Feliciano Soto; y en el 1864 los PP.Lorenzo Pujol y Diego Gavín, y el H. Jordá. Pero en los años 63 y 64, respectivamente, causan baja en a comunidad dos  miembros del grupo fundacional: el H. Saladich pasa a Madrid para iniciar la pequeña comunidad que se formará en la casa del P. Fundador, y el P. Fábregas es nombrado superior de la nueva fundación de Huesca. El P. Serrat sufre a veces por el excesivo trabajo desempeñado por sus Hermanos de comunidad.

e.- El “acompañamiento vocacional”. La vida y ministerio de los Misioneros se convierte pronto en un reclamo vocacional, y diversos candidatos entran en contacto con la Congregación. El Superior de la comunidad hubo de atender a varias peticiones de ingreso. Parece que ya en agosto de 1864 envió a Vic dos estudiantes. Y, en carta del 18 de septiembre siguiente, consultaba al P. Xifré acerca de dos candidatos a Hermanos Ayudantes y de dos párrocos de León.

Durante los años 63-64 escribe el P. Serrat repetidas veces al P. Xifre acerca de un aspirante impertérrito, al que va realizando lo que hoy llamaríamos un “seguimiento vocacional”; se trata  nada menos que de D. Inocencio Heredero, el cual, por trabas familiares, hubo de posponer su ingreso en la Congregación hasta los tiempos de Thuir, donde lo realizó, ya sacerdote, en 1872. El 17 de enero de 1864 escribía Serrat a Xifré: “hay otros dos o tres estudiantes más, pero todavía son filósofos”[15]. Sin duda los ejercicios a seminaristas impartidos en el convento de San Gabriel iban dando su fruto.

El 6 de julio de 1868, desde La Granja,  escribía el P. Fundador al P. Xifré: “Hoy he tenido la satisfacción de ver en este Real Sitio a D. Clemente y a D. José Casanovas y los dos Estudiantes pretendientes”[16]; se sabe que dichos estudiantes eran Leandro González, vallisoletano, y Nicomedes Blanco, segoviano, que habían ingresado el 21 de junio.

f.- El cultivo de la comunión congregacional. Geográficamente alejados de la sede del Gobierno General, el P. Xifré visitaba casi cada año a los Misioneros de Segovia. Se dio además una relación epistolar constante, especialmente entre Xifré y Serrat. Pero más allá de esto, el P. Serrat y su comunidad se preocuparon de aliviar las penurias económicas de sus Hermanos de Cataluña enviándoles intenciones de misas, pues ellos las recibían abundantes de D. Dionisio González y D. Paladio Curríus, fieles colaboradores del P. Fundador en El Escorial[17].

            Los años de Segovia dejaron al P. Clemente Serrat altamente experimentado no sólo en las tareas apostólicas, sino también de gobierno y organización y de  acompañamiento vocacional y formativo de jóvenes candidatos. Su futuro quedaba decantado.

El P. Serrat con el P. Fundador.

            Ya hemos mencionado el privilegio del P. Serrat de haber podido contar con el P. Fundador en su discernimiento vocacional. Todo comenzó por ahí. Luego, el hecho de ser superior de Segovia le posibilitó múltiples contactos con Claret por la frecuencia con que éste se hacía presente en dicha ciudad. “La casa de Segovia fue verdaderamente privilegiada en disfrutar de la presencia del Santo Fundador, que, desde La Granja, donde pasaba las jornadas veraniegas con la corte, acudía tan a menudo como le era posible a respirar con sus hijos el ambiente de familia. Efectuaba sus viajes indefectiblemente a pie; antes de amanecer aquellos abrasadores soles castellanos ya salía el Arzobispo del Real Sitio, recorría con paso corto y ligero los once o doce kilómetros que lo separaban de la ciudad, visitaba  a sus hijos y ejercía sus ministerios…”[18].  Y no cabe duda de que, en sus visitas a San Gabriel, con el que más conversaba Claret era con “Don Clemente”, como él solía llamarle.

Alguna vez Claret llevó a la Familia Real a visitar la casa de los Misioneros. Al P. Serrat, como Superior, incumbía todo lo protocolario en la acogida y atención de los ilustres huéspedes. La Crónica de la casa describe la visita realizada en agosto de 1864, de la que constata expresamente que la Reina, “con mucha afabilidad y confianza, se dignó hablar largo rato con el P. Superior”. De las conversaciones del P. Serrat con Isabel II se conserva el recuerdo de que ella en alguna ocasión le dijo: “no pueden ustedes figurarse lo que me cuesta sostener al P. Claret allí, pues si yo le diera licencia mañana estaría con ustedes”[19].

            El 12 de julio de 1863, encontrándose el P. Xifré en visita a la comunidad segoviana, él y el P. Serrat visitaron a Claret en La Granja[20]. Al terminar el veraneo de la corte en La Granja, el P. Serrat solía  acercarse para despedir al Fundador hasta el próximo encuentro. Repetidas veces lo dice por carta el P. Fundador a Xifré; así: “Hoy [17 de septiembre de1867] el Sr. Clemente Serrat ha venido a despedirme, pues que pasado mañana ya volvemos a Madrid; le he indicado este mismo pensamiento y me ha dicho que a Segovia pueden enviar… [estudiantes que cursen en el seminario diocesano]”[21].

Más de una vez estuvo el P. Serrat en el domicilio madrileño del Fundador; así sucedió a mediados de julio de 1862, cuando los PP. Fábregas y Serrat regresaban con él del Capítulo General de Gracia. El día 20 lo contaba Claret a Xifré: “El jueves día 17 por la mañana llegamos a esta corte sin novedad gracias a Dios. Los dos compañeros D. Clemente Serrat y D. Domingo Fábregas se fueron al Escorial con el Señor Vicepresidente que me vino a ver, y desde allí se irán a Segovia”[22]. También al salir para el capítulo de Gracia de 1864, según la Crónica local de Segovia,  los PP Serrat y Fábregas “uniéronse en Madrid al venerable Fundador, que asistió al mismo capítulo”; en el viaje debían de ir también[23] el capellán y el paje del arzobispo (D.Carmelo Sala e ¿Ignacio Betríu?); llegaron a su destino el día 2 de julio, y el capítulo se celebró del 4 al 6.

 El P.Fábregas no volverá a Segovia, por haber sido nombrado superior de la inminente fundación de Huesca; pero el P. Serrat regresa acompañado de un nuevo y valioso misionero destinado a la comunidad, el P. Diego Gavín, que, poco antes de salir para Segovia, el día 9, en Vic y en manos del P. Fundador, emite el juramento de permanencia; junto con ellos regresa a su comunidad de Segovia el P. Vilaseca, que llevaba un tiempo en Cataluña reponiendo su salud. No sabemos si este viaje de vuelta el P. Serrat y sus dos compañeros lo realizan junto con el P. Fundador y su capellán y paje o cada terna viaja por separado (la Crónica parece excluir la primera posibilidad); sí estamos informados de que Claret viajó vía Lérida y Zaragoza, debido a alguna diligencia que quería realizar en la capital del Segre. El hecho es que el mismo día -13 de julio-  en que llegaba el P. Claret a La Granja, llegaban los PP. Serrat, Gavín y Vilaseca a Segovia[24].

            En 25 de Diciembre de 1866 escribe Claret a Xifré: “En estos días hemos tenido a D. Clemente, que ha venido para practicar algunas diligencias a fin de conseguir la huerta de su casa, y también para obtener la exención de quintas de los jóvenes que entren en la Congregación; él y yo hemos hablado con D. Beltrán de Lis y se le ha entregado una nota. Había ocho días que yo había hablado con SM de eso mismo”[25].            Especialmente significativa del alto concepto en que Claret llegó a tener al P. Serrat es una carta escrita por el Santo a Xifré el 17 de junio de 1867. La Reina estaba programando un viaje a París y Roma (que no llegó a realizarse), en el que, naturalmente, tendría que acompañarla el Confesor junto con su capellán, que en ese momento era el P. Pedro Vilar. A propósito del viaje, Claret hace a Xifré esta sugerencia: “tal vez sería mejor para la Congregación que Usted dispusiera que algún sacerdote de los más principales fuera al viaje, v.gr., D. Clemente, D. Clotet, D. Alibés[26] etc, etc, a fin de visitar en París Nuestra Señora de las Victorias, en donde radica la Congregación, y en Roma al Santo Padre. Esto es una indicación que hago a Usted por si lo mira prudente”[27]. Es evidente: el P. Fundador pone a D. Clemente a la altura de Clotet, le considera “de los sacerdotes más principales”, y le gustaría que visitase el santuario parisino origen de la Archicofradía del Corazón de María que tanto tiene que ver con la Congregación[28].

            A finales de agosto de 1867, como preparación a la próxima campaña misionera, el Fundador dirigió ejercicios a la Comunidad de Segovia; se conservan unas notas del P. Serrat en las que pone de relieve diversos elementos de la “Definición del Misionero”, que ya se va convirtiendo en patrimonio muy querido de la Congregación[29].

No es extraño que, dada esa afinidad de espíritu, Claret y Serrat tengan numerosas confidencias, y se procuren ocasión para ellas. Durante la ya mencionada visita del P. Serrat al arzobispo en La Granja (julio de 1868), realizada con el P. Casanovas y dos estudiantes aspirantes, llegado un momento, éstos, con la anuencia del Fundador, se van a visitar los jardines, mientras él y el P.Serrat se quedan conversando a solas[30].

Es, finalmente, significativo que, cuando el P. Claret escribe a Xifré en el exilio de Prades, al menos dos veces envía “expresiones al Sr. Clotet, al Sr. Clemente Serrat y demás de la casa y de la Congregación”[31].

Por estos y otros muchos datos, vemos muy pertinente estas palabras del P. José Mª Gil escritas hace ya 36 años: “Las relaciones íntimas y personales del Revmo. P. Serrat con  el Santo Fundador es un tema que exige una bien documentada monografía; es incuestionable que entre estas dos grandes almas existieron lazos de afinidad muy fuertes, se comprendieron, se consultaron, se amaron; el confesor de su majestad se aconsejó muchas veces con el P. Serrat, sobre todo en cuestiones difíciles (v.gr., en el caso del reconocimiento del Reino de Italia) y cuando no tenía tiempo para escribir a su director espiritual, el Rvdmo. P. José Xifré. Y no hay duda tampoco de que el P. Serrat se dirigía más frecuentemente con el Santo Fundador, sobre todo cuando encontraba alguna dificultad especial en el gobierno de la comunidad misionera de Segovia”[32].

De Castilla al Rosellón (1868-79)

            En Segovia le sorprende la revolución septembrina. Podemos imaginarnos sus angustias por la comunidad que tiene a su cargo. Por oficio de la Junta Revolucionaria local, fechado el 2 de octubre, a los “Señores Misioneros que ocupan el convento de San Gabriel de esta ciudad” se les da una semana de plazo para abandonar el convento y la ciudad y provincia de Segovia. El P. Serrat se quedó en la casa hasta haber organizado la marcha de los demás; luego se instaló inicialmente en la parroquia de Maello y a continuación se juntó en Ávila con el P. Diego Gavín, que estaba predicando ejercicios a las Carmelitas de la Encarnación. A los pocos días, llamados por el obispo D. Fernando Blanco, bien conocido en la historia claretiana[33], se trasladan al palacio episcopal. Pero poco después, quizá para pasar más inadvertidos, pasan al domicilio particular de una amistad en el pueblo de Pozáldez (Valladolid).

            En pocos días –a través de peripecias que se nos escapan-  consigue el P. Serrat llegar a Cataluña, pues, según las notas del P. Clotet[34], el 30 de octubre participa en el Consejo General[35] en que toman la decisión de buscar acomodo en Francia. El 4 de enero de1869 encontramos a Serrat con los PP. Xifré y Clotet y el H.Xancó explorando los alrededores de Prades, concretamente el ruinoso y desechable monasterio de San Miguel de Cuxá; y el 26 de enero Xifré encarga a Clotet y Serrat el acondicionamiento de lo que será nuestra histórica casa de Prades. Se alojan en el Seminario menor que hay en la ciudad hasta el día 2 de febrero, fecha en que comienza a funcionar la vida comunitaria en la casa mínimamente acondicionada. En los próximos días y meses van llegando grupos de Misioneros procedentes de la dispersión, entre ellos, el día 17, el P. Pablo Vallier con sus estudiantes y novicios[36].

En toda esta peripecia vemos los niveles de responsabilidad congregacional a que se mueve el P.Serrat, que, sin ser Consultor General[37], actúa como si lo fuese. El panegirista P. Ildefonso Ruiz, hablando de las gestiones del P. Xifré por la supervivencia de la Congregación a pesar de la revuelta, afirma que “no es aventurado pensar que fue éste (el P. Serrat) quien sostuvo y confortó el corazón de aquel (P.Xifré) en riesgo tan inminente”, pues unos 25 años más tarde, en Santo Domingo de la Calzada se oyó decir al P. Xifré: “en aquellos días tan funestos este buen Padre fue todo mi consuelo”[38].

            La estrechez de local obligó a dejar Prades y pasar al viejo convento capuchino de Thuir. El traslado se realizó el 29 de junio de 1872; Thuir será sede del Gobierno General, noviciado y escolasticado. Juntos se trasladaron a allí el P. Xifré, siempre al frente de todo, el P. Clotet como superior local, y el P. Serrat como maestro de novicios y de estudiantes, cargo que venía desempeñando desde que, en diciembre de 1869, el P. Vallier se había embarcado para Chile, y en el que continuará hasta 1878, año en que asumirá además el superiorato de la misma comunidad.

            Sobre su estilo formativo poco podemos decir, pues las informaciones que nos llegan tienen el estilo de Laudatio; siendo realistas, hay que contar con la escasez de medios y con la falta de una preparación específica para desempeñar este servicio; pero ambas carencias debieron de quedar compensadas por la prudencia y el espíritu misionero, ya ampliamente demostrado, y por la experiencia adquirida en Segovia. La necrología de los Anales dice que el P. Serrat “no imponía la virtud, la inspiraba; no era de esos que a todo trance y por cualquier camino pretenden la piedad, el orden, la disciplina; él infundía en los jóvenes un amor profundo a todas esas cosas […]. Es decir, que el método seguido por el Rvdo. P. Serrat fue el de los grandes educadores de la juventud, el que Fraebel llama ‘método maternal’ y Dupanloup ‘educación por el afecto’”[39].           

Por sus manos de formador en los años de Prades-Thuir[40] pasaron santos como el P. M. Avellana o el estudiante I.Buil, y una pléyade de misioneros de talla que se llamaron Ramón Genover, Joaquín Oller, Ramón Fluviá, Francisco Mulleras, Santiago Aubert, Inocencio Heredero, Isaac Burgos, Pedro Vall-llovera, Juan Melé, José Mata,…Como superior de aquel noviciado (1878-79), recibió a quienes serían sabios y hombres de gobierno, como Francisco Naval y Martín Alsina. La Congregación conservó duradera nostalgia de la riqueza humana y misionera que pareciera haberse dado cita en el colegio de Thuir. En su nota necrológica, compuesta una semana después del fallecimiento del P. Serrat, escribía el P. Juan Postíus: “Los que hoy constituyen el nervio de la Congregación fueron casi en su totalidad formados por las hábiles manos del santo P. Serrat, como Maestro desde el 1º de diciembre de 1869, y luego como Superior de los Colegios Noviciados de Thuir y de Vic  (9 de julio de 1878), más tarde de los Colegios Superiores de Gracia (23 de octubre de 1883) y Santo Domingo de la Calzada (4 de julio de 1884), y finalmente en Cervera, hasta que en 1895 le sustituyó el M.Rev. P. Francisco Naval”[41].

Veintitrés años en el Gobierno General (1876-99)

En la mencionada nota necrológica hacía notar el P.Postíus: “el P. Clemente no falta a ninguna de las reuniones importantes ni a ninguno de los Consejos de Gobierno interior y exterior que se tuvieron desde su ingreso en la Congregación. Asiste con el Venerable Padre Fundador a los Capítulos Generales de Gracia de 1862 y 1864, en que se fijaron las bases de la redacción definitiva de las Constituciones y se acercaron cuanto era posible al verdadero estado religioso”[42].

Desde la época de la revolución venía desempeñando, sin elección formal, el oficio de Consultor General, cargo para el que le confirmó el Capítulo General de 1876; y en el de 1888 fue elegido Subdirector General, cometido que desempeñará hasta ser elegido Director General en 1899, tras el fallecimiento del P. Xifré; entre los años 1883 y 1888 desempeña también el cargo de Secretario General.

Sobre esta época no estamos muy documentados; sabemos que el P. Serrat simultanea esos altos cargos con el de Superior Local de las grandes casas de formación: Vic, Gracia, Santo Domingo y Cervera. En estos años el P. Xifré va promulgando una reglamentación minuciosa sobre el gobierno local y sobre los centros formativos, que sólo puede ser complementada por la sensibilidad humana y religiosa del gobernante. Seguramente que ya en esta época, no sólo cuando sea Director General, habrá destacado el P. Serrat por la serie de virtudes que de él enumera la necrología publicada en Anales: hombre de fe y abandono en manos de la providencia, de profunda espiritualidad eucarística y mariana, de caridad, compasión y ternura especialmente hacia los hermanos sufrientes o atribulados, de paciencia heroica en sus frecuentes molestias de esófago, de prudencia verdaderamente exquisita[43].

Como Consultor y Subdirector General, al lado del P. Xifré no era fácil destacar. El hecho de que ya antes de pertenecer al Gobierno General se buscase su consejo, como en lo referente a la ida a Francia en los días de la revolución, nos hablan de un reconocido aplomo en sus orientaciones. Parece que el consejo del P. Serrat fue decisivo a la hora de admitir las misiones de Fernando Poo, y también en la prudente actitud adoptada por el gobierno de la Congregación “en las ruidosas cuestiones del Integrismo”[44]. Y, dada su praxis posterior, es de suponer que D. Clemente se habrá contado también entre los primeros partidarios de dividir la Congregación en Provincias, decisión adoptada finalmente en el Capítulo General Extraordinario de

1895.

Director General de la Congregación (1899-1906)

No era fácil asumir ese puesto tras la desaparición del P. Xifré; pero, por otra parte, muchos esperaban alguna variación en el estilo de Gobierno, para la cual seguramente nadie era tan indicado como Clemente Serrat. Sus largos años en el Consejo General atestiguaban experiencia y prudencia en quien había estado en primera

línea en las múltiples decisiones encaminadas a la consolidación de la vida y apostolado de la Congregación; por otra parte, eran muchos en la Congregación los que sabían de su humanidad, comprensión y ternura casi maternal, junto con el buen criterio.

En su calidad de Subdirector General, tocó al P. Serrat convocar el capítulo que le elegiría sucesor del P. Xifré, fallecido inesperadamente el 3 de noviembre de 1899. Lo convocó oficialmente el 29 de noviembre para iniciarlo el 15 de diciembre[45]. Se celebró en Vic, junto a los restos del Fundador, que se habían traído de Fontfroide dos años antes. Los capitulares-electores eran sólo nueve[46]: F. Naval, M.Alsina, R.Fluviá, F.A.Cepeda, I.Burgos, D. Solá, L. Font, J.Mata y el propio P. Serrat. Varios de ellos habían sido  formados por Serrat en los años de Thuir, otros habían compartido con él tareas de gobierno o habían experimentado su cercanía humana y su espíritu misionero en las comunidades que había gobernado; sólo sus 67 años, avanzada edad en aquellos tiempos, podrían ser factor disuasorio. Pero no lo fueron. El 26 de diciembre de 1899, a la primera votación, el P. Clemente Serrat resultaba elegido Superior General (“Director

General” se decía entonces). Y es que a sus cualidades personales se sumaban una serie de elementos objetivos poco comunes: “El P. Serrat, íntimo del Fundador, compañero de todos los Cofundadores –ya desaparecidos-, conocedor y gobernante del Instituto antes de la revolución, forjador de novicios y escolares en Thuir, constantemente desde entonces en el Gobierno General, era genuino representante de la tradición. Bien visto de todos, admirado y respetado de todos, querido de todos”[47].

Esta elección preparaba un cierto cambio de rumbo en la forma de gobierno. Escribe, con buen fundamento, el P.Jesús Álvarez: “con el P. Clemente Serrat se produjo un giro en el modo de gobernar la Congregación; lo comprenderá fácilmente quien sepa leer entre líneas la decisión del Capítulo de 1899 relativa a las Disposiciones Vigentes, que podrían ser consideradas como el punto culminante del gobierno minucioso y autoritario del P. Xifré. Los PP. Capitulares no pudieron menos de reconocer sus méritos en la entrega incondicional a la Congregación, a costa incluso de su salud; pero después dejan carta blanca al nuevo Gobierno General para que dirija la Congregación sin dejarse atar por la tradición anterior […]. ‘Depositando este Capítulo su confianza omnímoda en el Gobierno General presente y futuro, le autoriza para que pueda, en la práctica y en el lugar y tiempo conveniente, modificar las referidas Disposiciones, aun las confirmadas en Capítulos Generales, siempre que, a su juicio, lo reclame el bien de la Congregación […]’. El P. Clemente Serrat, dado su talante personal lleno de mansedumbre y de dulzura, logró en muy pocos años pacificar los ánimos de muchos Misioneros que se habían sentido alborotados por la praxis gubernativa del P. Xifré”[48].

El mandato del P. Serrat no será largo: sólo seis años. Pero sí fecundo en múltiples aspectos de la vida de la Congregación:

a.- Crecimiento numérico.

Podría haberse considerado que a la vertiginosa multiplicación de Misioneros y Casa-Misión en la larga época xifreriana seguiría una ralentización o un cierto agotamiento; pero no fue así. El P. Cristóbal cubre los doce primeros años del siglo XX con el epígrafe “segunda gran expansión del Instituto y su última evolución y constitución orgánica”[49]. En realidad el ritmo de crecimiento se aceleró, pues si el P. Xifré en 51 años fundó 56 casas, el P. Serrat en sólo 6 años fundó 20. Los miembros de la Congregación pasaron en ese sexenio de 1368 a 1486 (diferencia: +118)[50].

b.- Perfeccionamiento institucional.

            La acción organizadora del P. Xifré, con las Constituciones definitivas (1870), Espíritu de la Congregación (1867, 1880, 1892), El Auxiliar de los Misioneros (1892s), Disposiciones Vigentes (1896),  Directorio Espiritual (1890), Reglamentos múltiples,  Circulares sobre todos los temas imaginables, apertura a nuevos apostolados (misiones ad gentes, enseñanza, prensa, parroquia[51]), división de la Congregación en Provincias y Visitadurías (1895), etc, podría dejar la impresión de que institucionalmente al Instituto ya nada le faltaba. 

Pero precisamente en la constitución de las Provincias quedaba mucho por madurar, debido a los recortes que los capítulos de 1895 y 1896, excesivamente dominados por el criterio del P. Xifré, habían impuesto a la autonomía de los Provinciales en cuanto Superiores Mayores. El P. Serrat sufrió mucho en los últimos meses de vida del P. Xifré, al saber que los Provinciales estaban ideando, bajo mano, alguna táctica –incluso pretendieron influir en Roma- para evitar que el anciano Director General pudiese dominar la opinión del capítulo previsto para el año 1900 e incluso salir reelegido.

En esa época, Serrat aparece como el hombre de confianza de los Provinciales y de otros Misioneros influyentes, que le comunican a él lo que a Xifré no se atreverían; se conserva al respecto un rico epistolario del P. Serrat correspondiente a la segunda mitad del año 1899[52]. Temía que la trama llegase a conocimiento del P. Xifré y le acelerase la muerte; veía además algún peligro de desprestigio para la Congregación ante la Curia Romana[53]. Ante algún hecho reaccionó enérgicamente, llegando a escribir al P. Burgos, Provincial de Castilla, que “hubo materia grave de escándalo y hay obligación de repararlo”[54].

En julio de 1901 se celebraron los capítulos de Castilla y Cataluña, ambos presididos por el P. Serrat, en Segovia y Gracia respectivamente. Eran los primeros Capítulos Provinciales de la Congregación. No fueron de muchas resoluciones, pero sí de orientaciones que pronto darían su fruto: en el mismo año, por rescripto de la Santa Sede a petición del Gobierno General, cada provincia tendrá su noviciado, Cataluña en Vic y Castilla en Segovia.

En abril de 1904, un Capítulo General Extraordinario, celebrado en la Selva del Camp, concederá que cada provincia tenga también su escolasticado[55], de modo que Santo Domingo pasó a la jurisdicción de Castilla y Cervera a la de Cataluña. En la casa de Aranda de Duero se establecería, con régimen generalicio y a partir de 1905, el Colegio Máximo de la Congregación al igual que la sede del Gobierno General[56].

c.- Erección de nuevos organismos.

            El sentido de la realidad condujo al P. Serrat y su gobierno a  establecer nuevos organismos mayores en la Congregación. De las dos Provincias existentes en la Península Ibérica y Canarias se decidió, en el capítulo de 1904, desgajar las 12 casas que formarían la provincia Bética; no llegó el P. Serrat a verla constituida, pues sólo se hizo realidad en octubre de 1906.

            En dicho capítulo se decidió igualmente la erección de tres viceprovincias en América: Centroamérica, Chile y Argentina-Brasil. Venían a sustituir a las “Visitadurías”, cuyo régimen en relación con las Provincias de que dependían adolecía de mucha oscuridad jurídica.

            En el mismo año 1904, a propuesta del Gobierno General,  la Prefectura Apostólica de Fernando Poo fue elevada a la categoría de Vicariato[57]; en pleno Capítulo General llegó el telegrama de la Congregación de OO y RR en que se accedía a la resolución del Gobierno Español al respecto. El P. Armengol Coll, hasta entonces Prefecto Apostólico, fue nombrado Vicario Apostólico y recibió la consagración episcopal en Roma el 19 de junio de 1904; el P. General, probablemente por razones de salud y edad, no asistió a la consagración del primer obispo claretiano; le saludó, a su regreso de Roma, en Santo Domingo de la Calzada, donde el P. Coll se estreno administrando órdenes sagradas a varios estudiantes[58].

d.- Perfeccionamiento doctrinal.

            La preocupación del P. Serrat en este punto se muestra ante todo en el hecho de que convocó dos veces a todos los Superiores Locales para realizar juntos ejercicios espirituales, que en 1902 dirigió él personalmente. Por otra parte escribió a la Congregación no menos de 14 circulares, varias de las cuales van mucho más allá  de asuntos organizativos puntuales. Tiene una sobre la Inmaculada (en el quincuagésimo aniversario de la definición dogmática), dos sobre la observancia regular, una sobre la vocación religiosa,… Sobre esta última temática, ya en 1871, tradujo del italiano (signo de su buen dominio del castellano), los Avisos sobre la Vocación Religiosa de S. Alfonso de Ligorio, traducción que fue repetidas veces reeditada por la Librería Religiosa y por la editorial Corazón de María.

            Su actitud como gobernante podemos encontrarla sintetizada en unas líneas autobiográficas de su circular-convocatoria del Capítulo General Extraordinario de 1904:  “No hemos podido sustraernos a dos poderosos impulsos que nos urgen  y apremian de continuo: la voz sacratísima del deber que imperiosa repercute en nuestra conciencia […] y otra voz, si se quiere más imperiosa todavía, la del amor que fuerza y estrecha nuestro corazón determinándole a mirar sin tregua ni descanso por el bienestar espiritual y corporal de toda la Congregación. Y en esto bien sabe Dios que desearíamos seguir la huella de nuestro venerable predecesor, cuya vida, como nadie ignora, estaba por entero consagrada al bien de todos y cada uno de los miembros del Instituto”[59].

CONCLUSIÓN

            El 21 de diciembre de 1905, acompañado del P. Francisco Naval, dejaba el P. Serrat su curia generalicia de Aranda de Duero y emprendía viaje a Segovia vía Valladolid. En esta ciudad consultó con un facultativo sobre el estado de su enfermedad esofágica crónica, el cual diagnosticó que no había nada grave y que el Padre podría vivir largos años. Pasó las Navidades en su querida casa de Segovia, su morada en los días de su fundación y objeto de sus atenciones de superior durante siete años, y ahora floreciente noviciado de Castilla. Su proyecto era continuar viaje en enero a Madrid y a Extremadura en lo que hoy llamaríamos “visitas de animación”.          

Pero el 2 de enero se levantó constipado, el día 3 hubo de guardar cama, y al día siguiente se le diagnosticó bronquitis; la alta fiebre del día 5 hizo ya temer por su vida, la cual efectivamente se extinguió hacia las 10 de la mañana del día de la Epifanía[60].

            El día 14 ya publicaba en el Iris de Paz el diligentísimo P. Postíus una nota necrológica de seis columnas, nota a la vez objetiva y llena de admiración por el finado.

Un mes más tarde, en su edición del 10 de febrero, los Anales de la Congregación ofrecían una necrología de doce páginas, firmada por el P. Ildefonso Ruiz cmf. En ésta lo informativo está más envuelto en el panegírico, aun sin faltar datos muy concretos y valiosos.

            El Capítulo General de 1922 consideró que la figura del P. Serrat no era suficientemente conocida en la Congregación, por lo que “recomendó“[61] que se elaborase una verdadera biografía de nuestro tercer Superior General. Esa recomendación, desgraciadamente, no se ha cumplido, y –ojalá nos equivoquemos- ya no es probable que alguien emprenda tal tarea.

            Nosotros, por nuestra parte, no hemos querida dejar pasar el primer centenario del fallecimiento del Rvdmo. P. Serrat sin rendirle este sencillo homenaje y dedicarle este recuerdo agradecido, y precisamente aquí, en la casa que fue objeto de sus primeros desvelos como sabio gobernante y en la que inesperadamente nos dejó sus restos.

El P. Serrat es una figura del todo singular en la historia de la Congregación. No estuvo el 16 de julio de 1849 en la célebre celda del seminario de Vic, pero, habiendo ingresado 10 años más tarde, vivió todos los avatares de su desarrollo numérico e institucional. Conoció a la Congregación en todas sus fases y cooperó intensamente a la definición de su identidad y forma de vida. Él fue testigo del primer afianzamiento tras diez años de existencia más bien lánguida, vivió desde dentro la aprobación civil y eclesiástica, la implantación de la Consagración al Corazón de María, del juramento de permanencia y de los votos privados, el bautismo de fuego que supuso la revolución del 1868 y el destierro francés, y la aprobación definitiva como Instituto Religioso; fue miembro de todos los Capítulos y Juntas Generales que se tuvieron desde su ingreso, confidente y especialmente distinguido por el P. Fundador como uno de los puntales de la Congregación, formador de la generación de Thuir que nos dejó una solera perdurable; fue Consultor, Subdirector y finalmente Director General (30 años en el Gobierno General), y a él le tocó introducir la Congregación en siglo XX y acompañarla en su vida ya adulta, sin la presencia de Fundador ni Cofundadores.

El P. Clemente Serrat fue un eslabón irrepetible entre la Congregación en estado constituyente y en estado constituido, una figura semejante a la de los Padres Apostólicos en relación con la vida de la Iglesia. Hoy nosotros, cien años después de su desaparición, seguimos apoyados en este hombre-cimiento, y volvemos nuestra mirada hacia su vida y acción para conocer mejor y amar más la herencia carismática que él acumuló, que supo transmitir y que a nosotros nos toca poseer, actualizar y desarrollar.                                                                            

Severiano Blanco, CMF


[1] C.FERNÁNDEZ, La Congregación de los Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María. Noticia e historia general documentada de sus primeros sesenta y tres años de existencia (1849-1912). Ed. Coculsa. Madrid 1967. Vol.I, p.212.

[2] C.FERNÁNDEZ, El Beato Padre Antonio María Claret. Historia documentada da de su vida y empresas. Ed. Coculsa. Madrid 1946. Vol.II, p.364.

[3] Cf. C.FERNÁNDEZ, La Congregación, p.211.

[4] J.POSTÍUS, [nota necrológica sobre el P. Serrat], en Iris de Paz 23 (1906) p.21. Pero en el detallado libro de ministerios de la casa de Gracia de esos años  no hay constancia de tal colaboración.

[5] Cf. Documento de archivo publicado por C.FERNÁNDEZ en La Congregación…,  p. 482.

[6] Cf. JESÚS ÁLVAREZ, Misioneros Claretianos. Vol.I: retorno a los orígenes. PC. Madrid 1993, p.339.

[7] Cf. ÁLVAREZ, o.c., p. 368.

[8] La Congregación…p. 294. No fue “unas semanas” sino “una semana después”.

[9] La Congregación.., p. 298 y 312.

[10] La Congregación.. p. 316ss.

[11] En Cristóbal, La Congregación..p.294.

[12] Ib. p. 298.

[13] Ib p. 300.

[14] La Congregación.. p.302s

[15] En P.Cristóbal, La Congregación… p. 325.

[16] EC II, p.1274.

[17] P.Cristóbal, La Congregación…, p. 345.

[18] P.Cristóbal, El Beato, II, p.338.

[19] P.Cristóbal, El Beato II, p.340.

[20] P.Cristóbal, La Congregación…, p. 342.

[21] EC II, p.1200.

[22] EC II, p. 493.

[23] Cf. EC II, p.785s, texto y nota.

[24] Cf.  Ib.,; y P.Cristóbal,  El Beato II, p. 367; La Congregación… p.306.

[25] EC II, p. 1090.

[26] El P. Pedro Alibés había ingresado en la Congregación el 4 de julio de 1851, era, por tanto, de los de primera hora. Fue fundador y primer superior de la casa de Gracia (1860).

[27] EC II, p.1157.

[28] Se discute si lo que Claret quiere decir que radica allí es la “congregación” o la “archicofradía”, como sobrescribió el P. Clotet en la carta de Claret.

[29] Cf. EC II, 1192 nota.

[30] Cf. EC II, 1274.

[31] EC II, pp. 1357 y 1432.

[32] EC II, p. 493s nota (sólo en “un sentido vago y general” puede hablarse de Xifré como director espiritual de Claret; cf. P.Cristóbal, El Beato II, p.736).

[33] Cf. P.Cristóbal, El Beato… II, p.464-472.

[34] Cf. P.Cristóbal, La Congregación, p. 393s.

[35] Ni  M.Aguilar ni Cristóbal F. nos dicen dónde se celebró; ¿habrá sido en la vicense casa  del Sr.  Rocafiguera, sede provisional del Gobierno General, o en Gurb -¡quizá en casa de familiares del P. Serrat!-,  último refugio de Xifré antes de partir para Francia el 2 de noviembre, según C.FERNÁNDEZ, Compendio Histórico de la Congregación de los Hijos del Inmaculado Corazón de María, I, p. 315?

[36] Cf. P.Cristóbal, La Congregación… pp.691-895.

[37] Ver Gobierno General elegido en el capítulo de 1864 en Cristóbal, La Congregación p.232.

[38] ILDEFONSO RUIZ CMF, El Rvdmo.P.C lement Serrat (datos biográficos), en Anales de la Congregación  10 (1905-06) p.356s.

[39] Ib. p. 358.

[40] Cf. Cristóbal, Compendio Histórico, vol I, p.370-376.

[41] Iris de Paz 23 (1906) p.21s.

[42] Ib.

[43] Cf. ILDEFONSO RUIZ, Art.Cit., p.363-365.

[44] Ib. p.360. Con motivo de la expulsión de un misionero integrista, el P. Serrat escribía al P. Xifré dándole las gracias y añadía que el expulsado “era una culebra en la Congregación”; cf. M. J. SEDANO SIERRA, La Congregación Claretiana ante la división de los católicos (1883-1888), en Claretianum 27 (1987) p.261.

[45] Cf. Anales 7 (1899-1900), p. 311. De hecho la primera sesión fue el 19, cf. P.Cristóbal, Compendio Histórico  II, p.118.

[46] Ver lista en Cristóbal, ib.

[47] P.Cristóbal, Compendio II, p. 130.

[48] J.ÁLVAREZ, Misioneros Claretianos II.  Madrid 1997, p.545s.

[49] Compendio II, p. 121.

[50] Cf. I.RUIZ, Art.Cit., p.362 y Cristóbal F., Compendio II, p.739

[51] Aunque en tiempo del P. Xifré no llegó a regentarse ninguna parroquia, él dejó ya aceptada la de Andacollo (Chile), de la que se tomó posesión poco después de su fallecimiento.

[52] Véanse varias citas y extractos en Antonio Bellella, Orígenes de la división en provincias de los Misioneros Claretianos 1870-1895. Tesina policopiada. Roma 1992; pp. 118-122.

[53] Cf. Álvarez, Misioneros Claretianos II , p. 541s.

[54] En A.BELLELLA, o.cit. , p.122.

[55] Cf. Decreto la S. C. de OO y RR aprobando los acuerdos del Capítulo General, en Anales 9 (1903-04) p.629

[56] Cf. Anales 10 (1905-06) p.240.

[57] Véase la Real Orden en Iris de Paz  21 (1904) p.87, y la notificación  de Roma a la Congregación en Anales 9 (1903-04) p.508 (y 489s).

[58] Anales  9 (1903-04) 536-539 y  546-553.

[59] Ib.,  p.449.

[60] Cf Anales  10 (1905-06) pp. 330-332. Sus restos  fueron exhumados del cementerio de Segovia y trasladados a la iglesia de los Misioneros el día 6 de octubre de 1995, con motivo del centenario de la Provincia de Castilla; cf. INFORMACIÓN. PROVINCIA DE CASTILLA CMF, 1995, nº 271, p.372.

[61] “Recomienda el Capítulo que se escriban y publiquen monografías de los Rmos. PP. José Xifré, Clemente Serrat, Martín Alsina, muy Rdo. P. Isaac Burgos y de otros Padres, Estudiantes  y Hermanos, que por sus virtudes y buenos ejemplos sean modelos de observancia y sirvan para fomentar nuestro amor a la Congregación y a nuestras cosas”  (Anales 18[1921-22] p. 917s).

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