ABRIL

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1856 En este día se entera con gran dolor de que los enemigos han quemado la hacienda de Santo Domingo (en que se albergó al regresar de Holguín tras el atentado); antes habían quemado por error la de Altagracia. Se va convenciendo de que debe marchar, siente que la Virgen le dice Antonio Retírate. Él mismo se dice: Hemos medicinado a Babilonia, y no ha sanado; desamparémosla y vámonos cada uno a su tierra, porque ha llegado hasta el cielo su juicio (Jer 51,9).

TIEMPO MARTIRIAL (1934-1937)

LOS MÁRTIRES CLARETIANOS DE 1936

La Congregación cuenta con 271 mártires de la guerra civil española. De ellos han sido beatificados 183 sucesivamente en tres grupos: El primer grupo integrado por los 51 mártires de Barbastro beatificados en Roma por san Juan Pablo II el 25 de octubre de 1992. El segundo grupo de 23 fueron beatificados en Tarragona el 13 de octubre de 2013 (el P. Cándido Casals con 6 compañeros de Tarragona–La Selva junto con los 16 mártires de Sigüenza–Fernán Caballero -14 estudiantes, un  Hermano y el P. José María Ruiz). Finalmente, los 109 mártires de Cervera–Mas Claret y otras comunidades, beatificados el 21 de octubre de 2017, por mandato del papa Francisco,en la Basílica de Sagrada Familia de Barcelona. Este último grupo fue encabezado por el Padre Mateo Casals, el  Estudiante Teófilo  Casajús y el Hermano Fernando Saperas. Otros 88 claretianos fueron también inmolados en otros lugares de España, como Jaén, Don Benito, Madrid, Úbeda, San Vicente de la Barquera, etc. Fue la congregación con mayor número de mártires durante esa guerra civil.

SANTA CATALINA DE SIENA

Compatrona de la Congregación (1347-1380)

Nació en Siena (Italia) el 25 de marzo de 1347. A pesar de resistencias, a sus diecisiete años ingresa entre lasHermanas de la Penitencia de Santo Domingo. Con ellas desarrolló una extraordinaria actividad espiritual y benéfica al servicio de enfermos y pobres. Movida por su ardiente amor a la Iglesia, Catalina emprendió en 1376 su famoso viaje a la corte pontificia de Aviñón (Francia). Su empeño consiguió que Gregorio XI volviera a Roma el 13 de septiembre de aquel mismo año. Ya desde su juventud, nuestro P. Fundador profesó una profunda devoción a santa Catalina de Siena por su condición de seglar consagrada, por su elevada vida mística, por su amor a la Iglesia y al Papa y por su empeño apostólico en favor de ella y de los pecadores. Aparece citada en varios lugares de la Autobiografía y en la biblioteca personal del P. Claret seconservan varios volúmenes de su vida y obras. La escogió como compatrona de la Congregación.

Un comienzo mariano y misionero

A los quince días de nuestra llegada fuimos a visitar la imagen de la Santísima Virgen de la Caridad en la ciudad del Cobre, a cuatro leguas de la capital, que es tenida en mucha devoción por todos los habitantes de la Isla… (Aut 510).

Vueltos otra vez a la Ciudad de Santiago, capital de la Diócesis, empecé la Misión, que duró hasta el día 25 de marzo, en cuyo día fue la Comunión general,en la que es inexplicable el concurso que hubo, tanto en oír los sermones comoen acercarse a la sagrada Comunión. Mientras que yo hacía la Misión en laCatedral, don Manuel Vilaró la hizo en la iglesia de San Francisco, que es eltemplo más capaz que hay en la Ciudad después de la Catedral… (Aut 511).

También di ejercicios a todo el Clero, canónigos, párrocos,beneficiados, etc., cuyos ejercicios se repitieron en cada año que estuvimos en aquella Isla… (Aut 512).

PARA LA REFLEXIÓN PERSONAL

 

Claret apenas llega a Cuba, visita a la Virgen de la Caridad y la nombra “la Prelada”. De inmediato, comienza una misión en Santiago.

  • ¿Qué lugar ocupa la Virgen María en tu actividad apostólica?
  • ¿En qué ocasiones te acuerdas más de María? ¿Qué sueles hacer? ¿Cómo la nombras?
  • ¿Qué es la primera cosa significativa que haces cuando eres destinado a un nuevo lugar?

“La vivencia del Misterio Eucarístico a lo largo del día, tan característica en nuestro Fundador, alimentará nuestra identificación con Cristo y con su Espíritu, y nos habilitará para hacer frente a la presencia del mal en nuestra historia” (CPR 55). 

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