MARZO

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1846. Concluye la misión en Falcet (Tarragona). Tiene escrito y a punto de aparecer el librito Catecismo de los principales deberes de un militar cristiano.

1853. Publica su gran Carta Pastoral, fruto de la visita recién concluida. La enviará al Papa y a muchos obispos amigos.

1858. D. José Caixal ya ha aceptado que las monjas de Cuba vayan a fundar en su diócesis. Claret le da diversas orientaciones para la formación del expediente para el Gobierno, entre otras las referentes a la dote exigida por el Concordato.

EL AUGE (1906-1922)

XI Capítulo General (1912)

En este año 1912, había 112 casas en toda la Congregación con un total de 1.633 profesos y 120 novicios. Desde la muerte del P. Xifré casi se había duplicado el número de casas, no así el de profesos que en 1899 era de 1.368. Los centros de formación se habían estabilizado y ya se tenía un Plan y Ordenación de Estudios. Finalmente los organismos generalicios y provinciales se habían consolidado.

El 28 de abril de 1912 comenzó el XI Capítulo General en Vic. En él fue nuevamente elegido Superior General el P. Martín Alsina. En este Capítulo se pidió la supresión de los Consultores Generales de Provincia, se constituyeron definitivamente las Vice-Provincias, se trató el régimen de las Provincia, se cambió el escudo de la Congregación y se adoptó el nombre abreviado de “Misioneros”. Al año siguiente, se tradujeron al castellano las Constituciones.

 

El Capítulo General había rogado al nuevo Gobierno General que trasladara la sede de la Curia General de Aranda de Duero a Madrid. El mes de septiembre de 1913 se hizo el traslado a Buen Suceso.

José Antonio Ortiz

Sacerdote guatemalteco (1822-1877).

Guatemala (Guatemala). Hijo de español y de guatemalteca. Licenciado en Derecho y notable abogado. Asistió al Concilio Vaticano I en nombre de su hermano Mariano, obispo de Teya, enfermo. Otro hermano suyo, Isidro, fue cónsul de Costa Rica en Sevilla y Cádiz. Sabemos que trató personalmente a Claret en su visita a Sevilla en 1862. Fue escritor notable y ardiente polemista. En algunas de sus obras alude a Claret. En 1888 comentaba de Claret: Varón apostólico y ejemplar, cuya vida se acaba de escribir llamándolo con razón Siervo de Dios, a quien después de su celo en las misiones, de su desinterés y humildad en el Episcopado, de la integridad de sus costumbres en medio de una corte corrompida, de su amor a la pobreza y de su mortificación continua, si algo le faltase para santificarse y aumentar su gloria, ahí tiene la de haber sido el blanco de la saña, de la calumnia y de la desvergüenza de los impíos. Murió el 19 de marzo.

El medio de los Ejercicios Espirituales

Quinto medio: de los Ejercicios de San Ignacio. Ya he dicho en otro lugar que desde que era estudiante hice cada año los ejercicios espirituales. En Roma, por primera vez, hice los ejercicios espirituales por los escritos por San Ignacio, una vez solo, al llegar a aquella Ciudad, y otra vez en la Compañía, antes de salir por enfermo. Los mismos Padres me los dieron; son los que más impresión me hicieron (Aut 306).

Son un medio muy poderoso de que me he valido para la conversión de los sacerdotes, que es por cierto la empresa más difícil; sin embargo siempre he visto felicísimos resultados de muchísimos sacerdotes que se han convertido de veras, y no pocos han salido muy celosos y fervorosos predicadores… (Aut 308).

 

A los seglares también he dado varías veces, separados los hombres de las mujeres, y en distintas tandas, y he observado que producen un fruto más sólido y duradero que las misiones. Al efecto, di a luz un libro con el título de Ejercicios de San Ignacio, explicados por mí… (Aut 309).

PARA LA REFLEXIÓN PERSONAL

 

  • ¿Practicas cada año, de modo especial y con el debido esmero, los Ejercicios Espirituales? (cf. CC 52).
  • ¿Das Ejercicios Espirituales a diversos tipos de público?

 

“Enamorarse de Dios tendrá lugar simplemente si dejamos que la vida tenga lugar. Cuando cesamos de luchar para encontrar a Dios y, en cambio, nos permitimos experimentar la vida, entonces seremos atraídos a la presencia y esencia de Dios”

(Paul Coutinho, Just as You Are, p. 7; esp. Tal como eres).

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