MARZO

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1858. Lleva ya cerca de un año de confesor real y aún no está seguro de si continuará; escribe a Currius: este destino me tiene bien fastidiado y si lo pudiera dejar hoy no esperaría mañana.

1859. Claret muy preocupado por la salud de D. Dionisio González, gobernador de la diócesis de Santiago, baraja algunos nombres para sustituirle y que se traslade a la Península. Afortunadamente resistirá unos meses.

1868. Claret comienza la misión predicada en la cárcel del Saladero (Madrid).

LA CONSOLIDACIÓN (1899-1906)

Crecimiento de las Visitadurías

Las Visitadurías de América Meridional y Norteamérica continuaron, como tales, un proceso de crecimiento hasta el Capítulo General extraordinario de 1904.

En Chile especialmente hubo una gran actividad fundacional en este período. Se fundó en Andacollo (1900), con su gran tesoro: la Virgen del Rosario, con un santuario de prestancia nacional e internacional; Temuco (1901), impulsada por el P. Dalmau; Coquimbo y Talca (1903), fundaciones un tanto artificiosas; Antofagasta (1903), por iniciativa del P. Claparols. La siembra fue dura, pero los frutos resultaron extraordinarios gracias al incansable trabajo de misioneros como el P. Tomás Sesé, impulsados por el P. Ramón Genover, Visitador dependiente de la Provincia de Castilla, a la que pertenecía la Visitaduría. Es obligado recordar aquí a los PP. Mariano Avellana y Cristóbal Soteras, extraordinarios misioneros, que fallecían el primero en el Hospital de Carrizal Alto en 1904 con fama de santidad, y el segundo en La Serena en 1908. En Brasil se fundaba en Pouso Alegre (1901), también gracias al P. Genover.

Lorenzo Barili

Nuncio Apostólico (1801-1875)

Ancona (Italia). Estudió en Roma en el Colegio Capránica, el Colegio Romano y San Apolinar. Arcipreste de la catedral y rector del seminario de Ancona. Internuncio en Brasil y Nuncio Apostólico en Colombia. Preconizado arzobispo en 1857. Nombrado Nuncio Apostólico en España en octubre de 1857, poco después de llegar Claret de Cuba. Permaneció en este cargo hasta marzo de 1868, año en que fue promovido a cardenal. Recibió el capelo cardenalicio de manos de Isabel II. El P. Claret lo apreció siempre. De él escribió en cierta ocasión: Es hombre instruido, experimentado y piadoso. Murió en Roma el 8 de marzo de 1875. Claret actuó siempre de acuerdo con el Nuncio, quien le trasmitía fielmente las instrucciones recibidas de Roma. Barili dijo de él en una ocasión: Es verdaderamente un apóstol infatigable, lleno de celo y caridad. Es una verdadera bendición para Madrid el que haya venido aquí este egregio arzobispo… los eclesiásticos que desean cumplir su ministerio tienen un guía y un maestro.

Perspicacia pastoral

Otra clase de enfermedad había que me era más molesta y que se me llevaba más tiempo. Y ésta era la de energúmenos, posesos y obsesos. En un principio que misionaba se me presentaban muchísimos que se decía que estaban posesos, y sus parientes me suplicaban que los exorcizara. Y, como me hallaba competentemente autorizado, lo hacía, y de mil, apenas hallaba uno que pudiese estar cierto que era poseso; eran otras causas, ya físicas, ya morales, que aquí no calificaré (Aut 183).

Viendo yo que muchísimos no tenían tales demonios y, por otra parte, al ver que me hacían perder mucho tiempo, que lo necesitaba para oír las confesiones de los que se habían convertido por la predicación, me dije: Más necesario es que saques los demonios de las almas que están en pecado mortal que no de los cuerpos, si es que éstos los tienen. Pensé que aquello podía ser un engaño del mismo demonio, y así me resolví a dejar los exorcismos y tomar otro camino… (Aut 184).

PARA LA REFLEXIÓN PERSONAL

 

Claret no se dejó atrapar por la labor de exorcizar, muy típica de su tiempo; al contrario, supo discernir con agudeza los casos y quedar libre para predicar.

  • ¿Hay actividades que te distraen de tu misión evangelizadora?
  • ¿Disciernes críticamente cómo empleas tu tiempo?

 

“Ponía tal cuidado y trabajaba con al afán
como si todo dependiera de mi industria;
y al mismo tiempo ponía toda mi confianza en Dios,
porque de Él depende todo”

(Aut 274).

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