FEBRERO

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1850. Se queja a Caixal de que algunos libros de la Librería Religiosa del mes anterior han salido mal encuadernados; en esto siempre será muy exigente.

1858. Por fin, tras un largo deseo contenido, comienza la predicación de misiones en Madrid, en la iglesia de San Cayetano.

1868. En carta de hoy aconseja al P. José Xifré, como ya lo ha hecho más veces, fundar una casa en Argel que sirva de refugio en caso de persecución religiosa en España.

PRIMERA EXPANSIÓN (1870-1899)

Muerte del P. José Xifré

Por su parte, los Provinciales, principalmente el P. Isaac Burgos, comenzaron con tiempo a preparar el Capítulo Ordinario de 1900. Se intentaba conseguir en el Instituto la descentralización del gobierno. Pero, el P. Xifré murió el 3 de noviembre de 1899, después de haber gobernado la Congregación durante 41 años. Su obra había sido ingente. Tomó la Congregación con 1 casa (Vic) y 15 miembros, y en el momento de su muerte había 61 casas y 1.368 profesos, 104 Novicios y 249 Postulantes.

En este momento es justo poner de relieve lo mucho que el P. Xifré hizo por la Congregación, a pesar de las críticas por parte de algunos y de sus límites que él mismo reconocía. Puede con verdad ser llamado el segundo fundador del Instituto. Sin él, nuestra Congregación no hubiera alcanzado la expansión que tuvo. El 4 de noviembre de 1899, a las 8 de la mañana, en la Capilla de la Universidad de Cervera, se rezó el Oficio de difuntos, seguido por una Misa solemnísima a voces.

Julián Munárriz, CMF

Consultor General (1871-1962)

Allo (Navarra, España). Miembro de una familia de siete hijos, de los cuales tres misioneros Claretianos: el P. Julián, el mayor, el Beato P. Felipe de Jesús, Superior de la comunidad mártir de Barbastro, y el P. Saturnino, que murió muy joven en la misión de Guinea Ecuatorial. Hizo la profesión en manos del P. Xifré. Apenas ordenado, los superiores lo orientaron hacia la formación. En 1913 fue promovido al cargo de Superior Provincial de Castilla. En 1937 fue nombrado Consultor General y Asistente por Castilla, Bética y Fernando Póo. Asistió a todos los Capítulos Generales desde 1922 a 1949. Padeció los avatares tanto de la guerra civil española como de la Segunda Guerra Mundial. Terminado su período en el Gobierno General, fue destinado a la Provincia italiana pasando a Roma-Via Giulia y después al Claretianum de Via Aurelia en calidad de confesor. Escribió Recuerdos edificantes de la Congregación. Murió en Roma con 91 años. Reposa en el cementerio Verano.

El deseo frustrado de ir a las misiones

Yo, desde luego, empecé a practicar las diligencias, según el objeto que me había propuesto en este viaje. No llevaba más que una carta de recomendación para el llmo. Sr. Vilardell, catalán, obispo del Líbano… y cuando llegué a Roma ya había salido para su destino. Me dirigí al Emmo. Señor Cardenal de Propaganda Fide, y cabalmente en aquellos días había salido al campo y me dijeron que por todo el mes de octubre estaría fuera. Yo me creí que aquello era providencial a fin de que tuviese tiempo para hacer los ejercicios espirituales… (Aut 138).

Al efecto, me dirigí a un Padre de la casa Profesa de la Compañía de Jesús… En los días que él me señaló le daba cuenta de mi espíritu, y a los últimos días me dijo: Ya que Dios Nuestro Señor le llama a las misiones extranjeras, mejor sería que usted se agregara a la Compañía de Jesús; que por medio de ella sería enviado y acompañado; que no así andar solo, que es cosa muy expuesta. Yo le contesté que para mí bien conocía que sería mejor; pero ¿qué hago yo para que la Compañía me admita? (Aut 139).

PARA LA REFLEXIÓN PERSONAL

 

Claret en Roma experimenta tres fracasos: ni pudo ir al Líbano ni ofrecerse a Propaganda Fide ni profesar como jesuita.

  • ¿Cuál es tu actitud frente a las experiencias que juzgas frustrantes en tu vida?
  • ¿Crees que Dios guía tu vida incluso en medio de caminos insospechados?

 

“La pregunta por la verdad es una cuestión de memoria, de memoria profunda,
pues se dirige a algo que nos precede y, de este modo,
puede conseguir unirnos más allá de nuestro « yo » pequeño y limitado.
Es la pregunta sobre el origen de todo, a cuya luz se puede ver la meta
y, con eso, también el sentido del camino común”

(Francisco, Lumen Fidei, 25).

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