FEBRERO

12

 

1849. Continúa predicando misión en Tejeda (Gran Canaria).

1850. Está predicando Ejercicios en el beaterio de Santa Catalina (Vic).

1868. Con la bula Singularis Natura, Pío IX comisiona a Claret para entregar a la reina La Rosa de Oro.

PRIMERA EXPANSIÓN (1870-1899)

La fundación en Cervera

Las dificultades iniciales en Santo Domingo y el crecimiento del número de formandos en la Congregación hicieron que se aceptara en 1887 la oferta providencial que se presentó de ocupar el grandioso edificio de la ex Universidad de Cervera (Lérida), todavía mayor que el edificio de Santo Domingo. El P. Pedro Mulleras fue el primer Superior, al que siguió el P. Antonio Naval. Pronto se iniciaron las obras y se abrió el noviciado y el escolasticado para Estudiantes de filosofía.

A pesar de los enormes gastos que supuso habilitar el espacioso edificio, que había sido utilizado como cuarteles de tropas, el P. Xifré siguió adelante fiado en la Providencia y asumiendo dolorosos recortes. Gracias a los Hermanos Coadjutores, pudo habilitarse, trasladándose el personal en agosto de 1888. El mismo P. Xifré trasladó allí su residencia. La comunidad fue creciendo llegando en un año a contarse 322 miembros. La capilla real pasó de tener cuatro altares pequeños a dieciséis altares nuevos. También se construyeron un gabinete de Física y un museo de Historia Natural.

Basilio Gil Bueno

Obispo de Huesca (1811-1870)

Palazuelos (Guadalajara, España). Fue Deán de Barbastro, restauró el Seminario. Posteriormente fue nombrado Vicario capitular y Gobernador eclesiástico “sede vacante”. El año 1861 fue promovido al Obispado de Huesca. Desterrado en 1868 por la junta revolucionaria, pudo regresar a su diócesis después de un año de amarguras y penalidades. Hombre de reconocida virtud y ciencia, se preocupó fundamentalmente de la formación del clero. Marchó a Roma en 1869 al Concilio Vaticano I. Gravemente enfermo en Roma, recibió los últimos sacramentos de manos del arzobispo de Zaragoza, Fray Manuel García Gil. El 12 de febrero de 1870 lo visitaba Claret diez minutos antes de morir en su residencia de Via Giulia 118. Asistió también el 15 de febrero a su funeral en Santa María Vallicella. El secretario del obispo era el Venerable Saturnino López Novoa, confundador de la Congregación de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados junto a Santa Teresa de Jesús Jornet.

Vencer con la fuerza de María

Cuando estudiaba en Vich el segundo año de Filosofía me sucedió lo siguiente: En invierno tuve un resfriado o catarro; me mandaron guardar cama; obedecí. Y un día de aquellos, que me hallaba en cama… experimenté una tentación muy terrible. Acudía a María Santísima, invocaba al Ángel Santo de mi guarda… (Aut 95).

Finalmente, me volví del otro lado de la cama para ver si así se desvanecía la tentación, cuando he aquí que se me presenta María Santísima, hermosísima y graciosísima… y entre sus brazos vi una guirnalda muy grande de rosas hermosísimas… (Aut 96).

Vi, además, un grupo de santos que estaba a mi mano derecha en ademán de orar… Yo creí… que aquellos santos eran mis Patronos, que rogaban e intercedían por mí para que no cayera en la tentación… (Aut 97).

… Lo que me hizo creer que fue una realidad y una especial gracia de María es que en el instante mismo quedé libre de la tentación y por muchos años estuve sin ninguna tentación contra la castidad, y, si después ha venido alguna, ha sido tan insignificante, que ni merece el nombre de tentación. ¡Gloria a María! ¡Victoria de María!… (Aut 98).

PARA LA REFLEXIÓN PERSONAL

 

  • ¿Hubo tentaciones que aún recuerdas porque marcaron tu camino espiritual durante tu proceso formativo?
  • ¿Qué recursos usabas y usas ahora para afrontarlas positivamente?
  • ¿Acudes a María, “la mujer victoriosa”, para vencer las tentaciones?

Para Claret, María es Madre, Maestra y Formadora. La relación con ella es decisiva en momentos críticos.

  • Recuerda los tuyos en la presencia de María y descubre la victoria de la Gracia sobre el pecado.

 

“En nuestros hermanos Mártires contemplamos el paradigma
de lo que estamos llamados a ser, es decir,
hijos del Corazón de María, desde el Magnificat hasta el Calvario”

(Aquilino Bocos Merino, Testamento Misionero de nuestros Mártires).

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