FEBRERO

11

 

1865. Es un gozo para Claret el hecho de que en este día la Santa Sede haya concedido un rescripto según el cual el Director General de la Congregación podrá extender cartas dimisorias para la ordenación.

1867. Hoy, y casi todos los días siguientes de este mes, pasa por el Ministerio por el asunto de la fundación de la M. París en Reus.

1870. Habla en la reunión de los obispos españoles en Roma sobre el catecismo único y universal.

PRIMERA EXPANSIÓN (1870-1899)

La fundación en Santo Domingo de la Calzada

La iglesia y el Colegio-Universidad de los franciscanos fueron la base de la fundación en Santo Domingo de la Calzada (La Rioja) en 1885. Era el primer gran Colegio de la Congregación en España. El otro gran grupo anteriormente fue el de Francia: Prades y Thuir. Allí pasaron todos los teólogos desde Gracia, trasladándose también el noviciado. En la fundación intervino el P. Isaac Burgos. Su primer Superior fue el P. Clemente Serrat. El P. Pablo Vallier, recién venido de Chile, fue el maestro de novicios. Se había puesto a las autoridades la condición de que arreglaran el edificio. No habiéndose cumplido, el P. Xifré ordenó que la comunidad abandonara Santo Domingo, pero la intervención de D. Felipe Amigo, un sacerdote de la ciudad, consiguió que se arreglaran las cosas y fue revocado el traslado. Pronto se construyeron el Hospital y las escuelas. La comunidad aumentaba y se ocuparon también las nuevas instalaciones. Con el escolasticado se trasladó allá también el Gobierno General. El 1 de septiembre de 1906 se inauguraba el Colegio Menor.

Aprobación de las Constituciones

En esta fecha de 1870, y tras la súplica personalmente llevada a Roma por el P. Claret, nuestras Constituciones fueron aprobadas por el papa Pío IX. A su vez, y como signo de continuidad histórica, el 11 de febrero de 1982 fue también la fecha en que se publicó el Decreto de la Congregación para los Institutos Religiosos y Sociedades de Vida Apostólica por el cual quedaba aprobada la revisión posconciliar de nuestras Constituciones. Ellas son nuestro libro de vida, cuya razón de ser consiste en que lleguemos a traducirlo en vida y experiencia misionera. Como tal, nos facilita ante todo hacer memoria del camino discipular del Padre Fundador y de muchos hermanos: una experiencia que vale la pena compartir a su lado en el seguimiento de Jesús. Este pequeño libro condensa y transmite la misma experiencia evangélica vertida en la Autobiografía. Al hacer agradecida memoria de nuestras Constituciones, festejamos nuestro don mayor, que es la implantación del Jesús del Evangelio en el centro de nuestra existencia.

Palabras que marcan la vida

Cada año en la misma Iglesia del Colegio o Seminario, por la Cuaresma, hacíamos los santos ejercicios espirituales por espacio de ocho días, eso es, de un domingo a otro, y el Señor Obispo asistía a todos los actos de mañana y tarde. Un día me acuerdo que decía en una plática: – Quizá alguno dirá a qué viene ocupar tanto tiempo el Obispo con los estudiantes, y se contestaba: Ya sé lo que hago. ¡Ah! Si yo puedo conseguir que los estudiantes sean buenos, después serán buenos sacerdotes, buenos curas, y ¡qué descanso será para mí entonces!… Mucho conviene que los estudiantes se vayan nutriendo con la piedad mientras van estudiando; o, si no, se crían soberbios, que es lo peor en que pueden incurrir, porque la soberbia es el origen de todo pecado. Es de preferir que sepan un poco menos y que sean piadosos, que no el que sepan mucho, pero sin piedad o con poca, que entonces se hinchan del viento de la vanidad (Aut 92).

PARA LA REFLEXIÓN PERSONAL

 

Claret, después de varias décadas, recuerda todavía las sabias palabras de su obispo.

  • ¿Hay palabras, oídas o leídas, que han marcado tu vida y aún recuerdas con gratitud?
  • ¿Qué lugar ocupan el estudio y la piedad en tu vida misionera aún hoy?

La palabra tiene poder de vida y transformación.

  • Enumera las palabras que más han marcado tu vida y misión.

 

“Para ser fieles al momento actual,
la formación claretiana ha de ser viva, creadora y eficaz
dentro de una estricta fidelidad a nuestra misión”

(Capítulo General XVIII. La Formación, 8).

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