FEBRERO

07

 

1845. Está predicando la cuaresma en Mataró (Barcelona).

1853. Dirige al capitán general de Cuba una encendida defensa de la acción apostólica del calumniado P. Esteban de Adoain, capuchino, y, de paso, de los demás misioneros.

1867. D. Carmelo Sala, su antiguo capellán y ahora canónigo de Cádiz, le sirve de enlace para la distribución de libros, que en el día es uno de los medios que la divina misericordia pone en juego.

PRIMERA EXPANSIÓN (1870-1899)

El famoso cuadro de Thuir

El año 1871 el Hermano jesuita Sebastiàn Gallés, que había solicitado hospedarse en nuestra casa de Thuir (Francia), pintaba el cuadro del Corazón de María, llamado de Thuir, para la capilla de los novicios y lo donaba a la Congregación. Después de una historia rocambolesca y no del todo clara, el cuadro llegó a Italia, seguramente para ser reproducido. En 1934 el cuadro fue colocado en el altar mayor de la cripta del Templo del Corazón de María de Roma. El año 1952, una vez inaugurado el Templo, el cuadro fue colocado en el altar mayor de la gran basílica. Este cuadro, posteriormente, sería utilizado para las procesiones en torno al templo el día de la fiesta del Corazón de María. En 1955 el cuadro de Thuir fue sustituido por un mosaico inspirado en él y el cuadro fue colocado definitivamente en la capilla de la nueva Curia General, recién inaugurada, en un nicho en forma de arco donde hoy se muestra a la veneración de la comunidad.

Beato Pio IX

Papa (1792-1878)

Senigallia (Italia). Fue elegido Papa en 1846. Tuvo que afrontar la cuestión italiana y años más tarde la cuestión romana. El año 1848 tuvo que refugiarse en Gaeta y en Portici. Pudo regresar a Roma en 1850. Sufrió la caída del poder temporal en 1870. Proclamó el dogma de la Inmaculada Concepción y publicó el Syllabus. Celebró el Concilio Vaticano I (1869-1870), que definió la infalibilidad pontificia. El 7 y el 23 de noviembre de 1865 recibió al P. Fundador en audiencia para recabar información sobre las Constituciones y su relación con la Reina de España después del reconocimiento del Reino de Italia. El 24 de abril de 1869 lo recibió de nuevo. Sintetizó la conducta de Claret de esta manera: Vi a Mons. Claret, y reconocí en él un digno eclesiástico, un hombre todo de Dios, y aunque ajeno a la política, con todo, experimentó bastante las intemperancias de la misma política y la malicia de los hombres que son católicos sólo de nombre.

Importancia del acompañamiento espiritual

Mi hermano mayor, llamado Juan, ya estaba casado con María Casajuana, hija de D. Mauricio Casajuana, que era encargado del Señor Obispo de Vich para cobrar el producto de ciertas propiedades y Señoríos que tenía en Sallent, y por esto era muy apreciado del Señor Obispo, a quien con frecuencia iba a ver, y en una de estas visitas le habló de mi insignificante persona. Qué sé yo qué cosas le diría, que el Señor Obispo entró en deseos de verme (Aut 80).

Me dijeron que pasara a Vich. Yo no quería ir, porque me temía que me estorbarían el que me metiera a cartujo, cosa que yo tanto deseaba. Lo comuniqué a mi Maestro, y él me dijo: – Yo le acompañaré con un Padre de San Felipe Neri, el Padre Cantí, hombre muy sabio, prudente y experimentado, y él dirá lo que se haya de hacer. Nos presentamos, y, después de haber oído todas las razones que alegaba para no ir, me dijo: – Vaya V., y, si el Señor Obispo conoce que es voluntad de Dios el que V. entre cartujo, estará tan lejos de oponerse, que aun le protegerá (Aut 81).

PARA LA REFLEXIÓN PERSONAL

 

  • ¿Tu vida misionera está informada por la búsqueda de la voluntad de Dios?
  • ¿Qué papel ocupa el acompañamiento espiritual a este respecto?
  • ¿Qué confianza tienes en las mediaciones humanas para el discernimiento de la voluntad de Dios?
  • Enumera y agradece las personas que te han orientado en el camino del Señor.
  • ¿Quién camina hoy a tu lado como “director espiritual”?

 

“Nuestra fe nos exige una cierta austeridad en el uso,
y la Iglesia está obligada a vivir y administrar sus propios bienes
de tal manera que el Evangelio sea proclamado a los pobres.
Si, en cambio, la Iglesia parece estar en medio de los ricos
y poderosos de este mundo disminuye su credibilidad”

(Justitia in Mundo, 47).

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