FEBRERO

06

 

1848. Desde Vic emprende viaje a Madrid para asistir a la consagración del obispo Codina y marchar con él a Canarias.

1855. Llega a Santiago un sacerdote y un grupo de 12 seminaristas de la Península; Claret traza para ellos un plan de formación hasta su ordenación.

1859. Le comunican el nombramiento de Fr. Félix de Cádiz como sucesor suyo en Santiago; sin embargo, el nombramiento resultó fallido.

PRIMERA EXPANSIÓN (1870-1899)

La expulsión de Francia

En marzo de 1880 un decreto del gobierno de la República Francesa establecía para todas las comunidades religiosas la obligación de regularizar su situación solicitando su reconocimiento legal. No era más que un pretexto. En el mes de octubre el gobierno procedía, mediante un plan premeditado y bien organizado, al cierre de las casas religiosas. La gran queja o el pretexto de los republicanos era que las Congregaciones, hostiles al régimen, debían ser combatidas y aniquiladas. El Secretario General de la Prefectura de los Pirineos Orientales, acompañado de algunos gendarmes, se presentó en casa de los Misioneros el 26 de octubre y les ordenó abandonar la casa en pocas horas. Tras las inútiles protestas del P. Clotet los aproximadamente 80 miembros de la comunidad abandonaron Thuir a pie al día siguiente hasta Elne donde tomaron un tren hacia España. Tres o cuatro Hermanos se quedaron con un Padre para ocuparse de la casa. El escolasticado se instaló en Gracia, mientras que los novicios se unieron al noviciado ya existente en Vic desde 1878.

Antonio M. de Galdácano

Fraile capuchino (1812-1863)

Galdácano, (Vizcaya, España). Fraile capuchino que marchó como misionero a Venezuela, Estados Unidos, Puerto Rico y finalmente a Cuba. En 1853 recibió del P. Claret el nombramiento de misionero y posteriormente el de profesor de Tología del seminario en Santiago de Cuba. En 1860 pasó a regentar la misma cátedra en el seminario de El Escorial (España), recibiendo el título de capellán. Murió el 2 de febrero de 1863 de ictericia. De él escribió Claret: Este Padre se agregó a mi compañía después de dos años que ya me hallaba en Cuba. Dicho religioso, exclaustrado por la revolución, se fue a los Estados Unidos: después estuvo en Puerto Rico de cura párroco; y como allí no le probaba muy bien, se vino a Cuba, donde se halló mejor. Es un religioso muy instruido y muy celoso; me acompañó algunas veces en las misiones y me ayudaba a confesar. Después le puse de catedrático en el seminario de El Escorial.

La atracción de la vida contemplativa

Desengañado, fastidiado y aburrido del mundo, pensé dejarle y huirme a una soledad, meterme cartujo; y a este objeto y fin hacía yo mis estudios. Consideré que habría faltado a mi deber si no lo hubiese participado a mi Padre, y, en efecto, se lo dije en la primera ocasión que tuve, en una de las muchas veces que iba a Barcelona por razón del comercio. Grande fue el sentimiento que tuvo cuando le dije que quería dejar la fabricación. Me hizo ver las esperanzas tan lisonjeras que tenía sobre mí y sobre su misma fabricación, el grande negocio que ambos podíamos hacer, y creció de punto su pena cuando le dije que me quería hacer fraile cartujo (Aut 77).

Como era tan buen cristiano, me dijo: Yo no quiero quitarte la vocación. Dios me libre; piénsalo bien y encomiéndalo a Dios y consúltalo con tu Director espiritual, y, si te dice que es ésta la voluntad de Dios, la acato y la adoro, por más que lo sienta mi corazón; sin embargo, si fuera posible que, en lugar de meterte fraile, fueras sacerdote secular, me gustaría… Con todo, hágase la voluntad de Dios (Aut 78).

PARA LA REFLEXIÓN PERSONAL

 

  • ¿Has experimentado algún fuerte desengaño del “mundo” que haya influido en tu vocación?
  • ¿Hubo propuestas que tuviste que dejar de lado para seguir a Jesús misionero?
  • ¿Cuál fue la reacción de tu familia frente a tu decisión vocacional?

El P. Claret vivió distintas encrucijadas en su vida. Hizo continuas elecciones y renuncias.

  • ¿Cuáles han sido tus encrucijadas?

 

“En la ascética, el cristocentrismo claretiano
se traduce en un ardiente deseo de imitar a Cristo….
La imitación de Cristo era, pues, su gran obsesión”

(Juan M. Lozano, Un místico de la acción).

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