FEBRERO

04

 

1846. Concluye la larga misión de Valls (21 días) y se traslada a Tarragona.

1850. Llega a Vic tras la hospitalización de tres meses en Barcelona a causa de una operación complicada de la rodilla. Pasa por Tarragona y regresa por Barcelona con Caixal, por asuntos de asegurar la Librería Religiosa.

1868. Por estos días tiene que denegar ayuda económica a la M. París porque ha dado todo al P. Xifré para la fundación de la casa de Jaca (Huesca).

PRIMERA EXPANSIÓN (1870-1899)

Primeras fundaciones en España

Se fundó en Alfaro y Alagón (1875), Solsona y Calahorra (1878) y Pamplona (1880). El 3 de septiembre de 1876, el P. Antonio Pueyo, futuro Obispo de Pasto (Colombia), fue enviado a Córdoba a hacer la primera fundación en el sur de España.

El P. Domingo Solá fue el encargado de fundar en 1877 en Madrid, en la calle Toledo nº 42. El interés de fundar en la capital de España era grande por parte del P. General; se trataba de tener facilidad para tramitar asuntos ante el gobierno de la nación. El P. José Mata sucedería al P. Solá y llevaría en 20 años a un gran esplendor las obras de Madrid, la revista Iris de Paz, que duró hasta 2017, y las de la Congregación. Allí trabajaron incansablemente los PP. Juan Postius y José Dueso. Desde allí atendían también a la Colegiata de San Isidro, con la Archicofradía del Corazón de María, y posteriormente al Seminario Diocesano.

Venerable Jaime Clotet, CMF

Confundador (1822-1898)

Manresa (Barcelona, España). Estudió en Barcelona Filosofía y Teología, trasladándose después a Vic donde estudió Moral. Fue a Roma para recibir la ordenación sacerdotal. Vuelto a España, desempeñó diversos cargos pastorales, pero pronto se dio cuenta de que no era su vocación la cura de almas. Aconsejado por el Sr. Passarell, secretario del obispo de Vic, se entrevistó con el P. Claret al que sólo conocía de oídas. Era junio de 1849. En julio se unía al P. Claret para fundar la Congregación. Pronto se encargó de los primeros Hermanos de la Congregación. Fue nombrado en 1858 Subdirector General de la Congregación. En 1870 acompañó en Fontfroide al P. Claret en sus últimos días escribiendo después un Resumen de su Vida. En 1888 dejó de ser Subdirector General y pasó a ser Secretario. Escribió libros sobre la catequesis de los sordomudos y promovió la causa de beatificación del P. Claret. En 1898 fallecía en la casa de Gracia (Barcelona) con fama de santidad. Su causa de beatificación está introducida en Roma.

Biografía

Los valores puestos a prueba

De otro peligro peor me había también librado María Santísima por el estilo del casto José. Hallándome en Barcelona, iba alguna que otra vez a visitar a un compatricio mío. Con nadie de la casa hablaba sino con él, que al llegar me dirigía a su cuarto y con él únicamente me entendía; pero me veían siempre al entrar y salir. Yo entonces era jovencito, y, si bien es verdad que yo mismo me ganaba el vestido, me gustaba vestir, no diré con lujo, pero sí con bastante elegancia, quizá demasiada. ¿Quién sabe si el Señor me pedirá cuenta de esto en el día del juicio? Un día fui a la misma casa y pregunté por el compatricio. La dueña de la casa, que era una señora joven, me dijo que lo esperase, que estaba para llegar. Me esperé un poco, y luego conocí la pasión de aquella Señora, que se manifestó con palabras y acciones, y yo, habiendo invocado a María Santísima y forcejeando con todas mis fuerzas, escapé de entre sus brazos, me salí corriendo de la casa y nunca jamás quise volver, sin decir a nadie lo que me había ocurrido, a fin de no perjudicar su honor (Aut 72).

PARA LA REFLEXIÓN PERSONAL

 

  • ¿Cuál es tu reacción frente a situaciones que puedan poner en peligro tu castidad?
  • ¿Evitas los peligros como por un cierto instinto espiritual sin presumir de tus propias fuerzas? (cf. CC 22).
  • ¿Invocas a María para vivir con el corazón centrado en Dios?

El paso por las pruebas acrisola la vida misionera.

  • ¿Cómo has vivido e integrado tus pruebas? ¿Has pedido ayuda?

 

“El Misionero Hermano es un miembro constitutivo de la Congregación claretiana,
llamado a ella personalmente por Cristo, y que, consagrado en ella plenamente a Dios,
recibe de Cristo el carisma claretiano-laical”

(Capítulo General XVIII. Los Misioneros Hermanos, 12).

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