ENERO

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1844. Probable translocación instantánea de Claret de Olost a Vic para atender a D. Fortián Bres, que había sufrido un accidente debido a una nevada.

1857. Recibió la locución: Ya trabajarás, Antonio; no es hora todavía. (Esperaba reanudar la visita pastoral interrumpida por el atentado de Holguín).

1864. Se desahoga con el P. Xifré por las calumnias de que está siendo objeto. Por estos días se ha propalado que Claret ha cesado como confesor real, quizá sustituido por el arzobispo de Burgos.

CONSTITUCIÓN DEL INSTITUTO (1858-1870)

 

El Fundador con sus Misioneros

 

El P. Claret seguía presente en el Instituto a pesar de sus deberes como Arzobispo y Confesor real. Visitó las casas de Vic y Gracia en 1859, 1862 y 1864, con motivo de la celebración de los tres primeros Capítulos Generales, y la de Segovia durante sus estancias veraniegas con la Reina en La Granja. En estas visitas convivía con los misioneros como uno más. En 1865, con motivo de su separación de la Corte a raíz del reconocimiento del Reino de Italia, llegó a residir durante tres meses con los misioneros de Vic, y les dio los Ejercicios Espirituales en 1867. Lo mismo en la casa de Gracia. En estos Ejercicios fue cuando profetizó que la Congregación tendría un mártir; éste iba a ser el P. Francisco Crusats. Asimismo, procuraba que conviviesen con él en Madrid algunos miembros del Instituto como los PP. Pedro Vilar y Lorenzo Puig y los Hnos. José Saladich y Antonio Calvo. También su comunidad claretiana de Madrid iba a ser mixta.

Eusebio Bofill, CMF

Misionero Estudiante (1881-1904)

Viladrau (Barcelona, España). Su familia había experimentado la bondad de Claret, especialmente cuando se incendió su casa, el Mas Noguer, el 22 de enero de 1841. A Eusebio fue la lectura de la vida de Claret y el conocimiento de los favores que hizo a su familia lo que le impulsaron a entrar en la Congregación. Sus cualidades humanas y espirituales junto con su aplicación hicieron presagiar un valioso elemento para la Congregación. Comenzó sus estudios filosóficos en Cervera, y fue allí donde Dios le llamó a los 23 años. Fue un modelo de caridad fraterna y de piedad. Mostraba una devoción extraordinaria a Jesús Sacramentado y al Corazón de María. Destacó por su gran celo misionero, ya que rogaba incesantemente por las misiones y por los misioneros, desviviéndose por sus compañeros al ver en ellos a futuros misioneros. Al final de su vida algunos quisieron ver manifestaciones extraordinarias, lo que contribuyó grandemente a su fama de santidad.

Primera llamada vocacional

 

Siendo muy niño, cuando estaba en el Silabario, fui preguntado por un grande señor, que vino a visitar la escuela, qué quería ser. Yo le contesté que quería ser Sacerdote. Al efecto, concluidas con perfección las primeras letras, me pusieron en la clase de latinidad, cuyo profesor era un sacerdote muy bueno y muy sabio llamado Dr. D. Juan Riera. Con él aprendí o decoré nombres, verbos, géneros y poco más, y, como se cerró esta clase, no pude estudiar más y me quedé así (Aut 30).

PARA LA REFLEXIÓN PERSONAL

  • ¿Cuál es tu primer recuerdo vocacional?
  • ¿Hubo alguna persona que intervino de manera especial en tu despertar vocacional?
  • ¿Hubo alguien que intentó impedirlo?
  • Vuelve al “amor primero” …. ¿Qué te dice hoy? ¿Cómo ha madurado?
  • Vuelve al texto de la Escritura que iluminó tu vocación. ¿Cómo resuena ahora?

“¡Bendito seáis, Dios mío, ¡que tan bueno y misericordioso habéis sido conmigo!
Haced que os ame, que os sirva con todo fervor
y que os haga amar y servir de todas las criaturas”

(Aut 152).

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