ENERO

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1847. Claret está predicando misión en Cornudellas (Tarragona) acompañado de D. Manuel Vilaró y del seglar Miguel Iter. Es un equipo que preludia los de la Congregación de misioneros.

1849. Claret predica en Tunte de Tirajana (Gran Canaria). Informa que en cada pueblo lo van despidiendo como a un héroe, en auténtico cortejo triunfal.

1859. Conocí que era como la tierra… la tierra es pisada y calla, así yo debo ser pisado y callarme.

LA FUNDACIÓN (1849 -1858)

Un año con el Fundador

Poco después de la fundación, el 4 de agosto, llegaba la primera gran prueba: el P. Claret era nombrado Arzobispo de Santiago de Cuba. Trató de oponerse, oró, consultó a varios amigos de confianza, y al final aceptó el 4 de octubre. A pesar de ello, Claret dedicó intensamente el tiempo antes de su consagración, en la medida en que se lo permitían los varios compromisos en vistas a la celebración de su consagración y el viaje, a la formación de los miembros de la primera comunidad misionera. Se podría decir que fue el año de noviciado de la recién nacida Congregación. Según sus palabras: Vivimos en comunidad en este colegio, vida verdaderamente pobre y apostólica. Él quería que sus misioneros fueran itinerantes al estilo de los Apóstoles, ni siquiera quería que se ocuparan del culto público ni de las confesiones en la iglesia de la Merced; para ello contaba con dos sacerdotes amigos: Mariano Aguilar y Benito Casamitjana. Cuando Claret marchó hacia Cuba dejó al P. Esteban Sala como Superior y a los PP. Bernardo Sala y Domingo Fábregas como consultores.

El antiguo seminario de Vic

Clemente Serrat, CMF

IV Superior General (1832-1906)

Gurbs (Barcelona). Ingresó en la Congregación a los diez años de haber sido fundada. El P. Claret, hablando con el P. Xifré, hizo de él este elogioso comentario: Xifré, guárdeme ese joven; será un tesoro para la Congregación. A partir de 1869 pasó a ocupar cargos de formación de los jóvenes novicios y profesos, y de gobierno en los colegios de Thuir, Vic, Gracia, Santo Domingo de la Calzada y Cervera. Estuvo presente en todas las reuniones importantes y Consejos de gobierno. Desempeñó el cargo de Consultor General primero, posteriormente el de Subdirector General y el de Superior General en 1899, sucediendo al P. Xifré. Si aquél había heredado del Fundador las tradiciones y la energía, el P. Serrat heredó de él su delicadeza, prudencia y amor. Dirigió la Congregación durante seis años. Hizo unas veinte fundaciones de casas y colegios, particularmente en tierras de África y en los países hispanoamericanos. Murió en Segovia, de la que había sido fundador y donde actualmente reposan sus restos.

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Primeros recuerdos

Las primeras ideas de que tengo memoria son que cuando tenía unos cinco años, estando en la cama, en lugar de dormir, yo siempre he sido muy poco dormilón, pensaba en la eternidad, pensaba siempre, siempre, siempre; me figuraba unas distancias enormes, a éstas añadía otras y otras, y al ver que no alcanzaba al fin, me estremecía, y pensaba: los que tengan la desgracia de ir a la eternidad de penas, ¿jamás acabarán el penar, siempre tendrán que sufrir? ¡Sí, siempre, siempre tendrán que penar…! (Aut 8).

Esa idea de la eternidad desgraciada que empezó en mí desde los cinco años con muchísima viveza, y que siempre más la he tenido muy presente, y que, Dios mediante, no se me olvidará jamás, es el resorte y aguijón de mi celo para la salvación de las almas (Aut 15).

PARA LA REFLEXIÓN PERSONAL

  • ¿Cuáles son tus primeros recuerdos que tienen que ver con tu vocación apostólica?
  • ¿Tuviste alguna experiencia religiosa que nunca has olvidado?
  • ¿Cuál es la motivación actual de tu servicio misionero?
  • Mirando tu pasado: ¿Dónde arrancan tus primeras llamadas vocacionales?
  • Mirando tu presente: ¿Qué te hace seguir siendo lo que eres?
  • Mirando el futuro: ¿Cómo te sueñas?

“¿Qué más quieres, ¡oh alma!, y qué más buscas fuera de ti, pues dentro de ti tienes tus riquezas, tus deleites, tu satisfacción, tu hartura y tu reino,
que es tu amado, a quien desea y busca tu alma?”
(S. Juan de la Cruz, Cántico Espiritual, I.8).

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